FICHA TÉCNICA



Título obra Alicia detrás de la pantalla

Autoría Luis Mario Moncada

Dirección Alejandro Ainsile

Elenco Miguel Flores, Concepción Márquez, Erika de la Llave, Luis Artagnan, Luis Mario Moncada, Arturo Larios

Escenografía Philippe Amand

Iluminación Philippe Amand

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, “Alicia y tánatos”, en Tiempo Libre, núm. 778, 6 abril 1995, p. 27.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Alicia y tánatos

Bruno Bert

La técnica nos ha permitido, en los últimos veinte años, que la virtualidad pase de un estado de imaginación a una intangible realidad. Naturalmente, este desarrollo de lo multimedia en las artes y en la vida cotidiana (con toda la despersonalización que suele implicar), ha sensibilizado de particular manera a algunos dramaturgos de la nueva generación. Entre ellos a Luis Mario Moncada. En sus obras es habitual la proliferación de cámaras de video, pantallas de televisión, de monitores, y también la confusión —en la mente de sus personajes— sobre las fronteras entre la necesidad, el deseo y la realidad. Término este último, que se vuelve inasible, aterrador por momentos, absolutamente displacentero.

Las cámaras multiplican los ojos que vigilan y las pantallas las mentes que se fugan hacia el espacio de una fantasía que es, mitad por mitad, producto de los entretenimientos de alienación masiva y la propia patología de quien los consume.

Sobre las vertientes que describimos, este joven dramaturgo de algo más de treinta años, acaba de estrenar en el foro Sor Juana de la UNAM, Alicia detrás de la pantalla, bajo la dirección de Alejandro Ainslie. De él habíamos visto algunos montajes interesantes pero un tanto fallidos sobre materiales de otro escritor de la misma generación. Aquí parece haber logrado un mejor grado de adaptación con el autor, sin abandonar lo esencial de su estética, que justamente también tiene que ver con las formas narrativas de ciertos medios masivos; desde las estructuras del guignol hasta los comics.

A esta mancuerna se une Philippe Amand, en este caso como escenógrafo - iluminador, aunque también se trata un interesante director con los mismos intereses generacionales de sus compañeros y con un breve pero rico background. Siento que este montaje es especialmente producto de los tres, personas con muy buenas capacidades expresivas; porque conociendo sus trabajos anteriores los hallo en la puesta que nos traen, y no solamente como ilustradores de cualquiera de las partes. Esto hace que el producto tenga una impronta particularmente interesante.

Moncada nos plantea, tomando a Carroll como referente, a una Alicia contemporánea. La diferencia esencial con el original es que a aquel lo vemos profundamente inteligente, incisivo, con una gran capacidad para moverse en el mundo de sus fantasías; y sobre todo, se halla cargado de esa enorme libido que es proyección del mismo Carroll. De allí la fascinación que nos produce aún hoy, porque se trata de un ser apoyado en la vida. En cambio, aquí nos hallamos con una Alicia carenciada, que no encuentra la manera de manejar sus instintos tanáticos. Aquí vence la reina de corazones y no hay despertar sino sólo fuga hacia la locura. Y a esto se agrega la presencia del autor al interior del trabajo, así sea brevemente, acentuando la línea de agresión hacia su obra, que aparece así como sepultada por la imposibilidad ya que todos, desde sus padres hasta su autor-dios, pasando por el amor, la familia y los amigos, la condenan en acto perenne a la frustración y el fracaso. Ni siquiera el crimen es útil como manifestación trágica y simbólica de apropiación fálica, ya que el supuesto padre no es tal y Alicia lo sabe. Creo que esta es la visión de la generación intermedia, justo entre los que pertenecemos a los sesenta y su línea discursiva y los más jóvenes aún, que comienzan a rechazar este vacío que Moncada expresa como lo distintivo de su propio tiempo.

Los actores son Miguel Flores, Concepción Márquez, Erika de la Llave, Luis Artagnan y Arturo Larios, sin contar al propio Moncada. La dinámica del montaje los obliga a asumir desde Gatúbela y Robin hasta Los intocables, el Hombre Araña y varios personajes más de las series televisivas, en inverosímiles piruetas, trajes y textos, con explícitos efectos sonoros y en un espacio que bien puede recordar a los que se utilizan en los juegos de realidad virtual. Son intervenciones de distanciamiento que al mismo tiempo dan ritmo y quitan solemnidad a la progresiva destrucción psíquica de la protagonista. Sin embargo, hay espacio para la emoción, sobre todo como un remanente de angustia cubierta por la estridencia de los personajes de la pantalla. La labor de los intérpretes es homogénea y parecen responder a una concepción de puesta que también lo es.

En definitiva, Alicia detrás de la pantalla nos muestra una concepción ideo lógica y formal propia de un momento de transición, muy pertinente a estos años de fin de milenio. Y lo hace con rigor, un cierto grado de humor negro y una especie de pasión invertida, donde la desesperanza y la acusación al entorno y las generaciones anteriores parecen también ellas bidimensionales figuras de historieta, luchando por transformarse y adquirir una tercera y más humana dimensión.