FICHA TÉCNICA



Título obra Quíntuples

Autoría Luis Rafael Sánchez

Dirección Norberto Bogard

Elenco Zaide Silvia Gutiérrez, Roberto Medina

Espacios teatrales Teatro Estudio Galerías

Referencia Bruno Bert, “Vodevil escénico para mascaras”, en Tiempo Libre, núm. 776, 23 marzo 1995, p. 27.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Vodevil escénico para máscaras

Bruno Bert

En el Teatro Estudio Galerías acaba de estrenarse una comedia del autor puertorriqueño Luis Rafael Sánchez. Es poco habitual para nosotros el acceso a la dramaturgia de ese país, y es doblemente importante en este caso porque se trata del más destacado escritor de la década pasada; un autor muy comprometido con su realidad socio - histórica que ha renovado el panorama literario de su país justamente a través del abandono del panfleto y la incorporación de lo grotesco y de la farsa como herramienta expresiva.

Lo que ahora podemos ver se llama Quintuples; un material del '84 que tuvo gran éxito en su temporada de origen y que aquí fue llevada a escena por el joven director Norberto Bogard.

La estructura anecdótica es casi inexistente: el foro se muestra a sí mismo como espacio de conferencias en un "Congreso de Asuntos de la Familia" Habrá seis disertantes que hablarán de ese tema, entendiendo sin embargo a "la familia" no como algo genérico, sino concretamente de la familia Morrison. Esto se amplía a un área crítica de identificación social dentro del contexto puertorriqueño, pero se pierde casi totalmente fuera de su medio.

Todos "improvisarán" a partir de ese móvil, en sus fijaciones personales, sus miedos sus ambiciones, desplegando una panoplia de personajes absolutamente alejados de cualquier intención de naturalismo escénico. Y ese es el juego y objetivo único de la obra que parece haber sido utilizada por el dramaturgo como una excusa a fin de inventar estos muñecos y moverlos brevemente ante nuestros ojos. El mismo define a su trabajo como un "vodevil escénico para máscaras".

La primera es Dafne, una especie de Marilyn del subdesarrollo, que se nutre de todos los mitos eróticos que ha producido la pantalla gringa, pero que lleva un nombre clásico vinculado al tema del amor físico; le sigue su hermano Baby, cuyo único amigo parece ser un gato con el que suele dialogar y consultar en sus momentos de tribulación. Después aparecerá Bianca, una lesbiana reprimida, enamorada de la princesa china de un circo; obsesionada por una intención siempre frustrada de dejar de fumar. También ella nace de la literatura y nada menos que de Shakespeare. El cuarto es Mandrake (aquí lo que funciona es el referente a la cultura popular), una especie entre pachuco y padrote, el "imaginativo" de la familia, el que es mago porque todo lo resuelve. Posiblemente se teja con otra referencia clásica, tal vez evocando a los "trabajos de Hércules" .La quinta es Carlota, la hipocondriaca que está por dar a luz, quizás en la conferencia misma y sobre nuestras rodillas. Ella acudirá a un teatro participativo con el público que tiene que ver con las preocupaciones del autor en cuestión. El sexto, que habrá de cerrar con su conferencia la velada, es Papá Morrison, el jefe de la troupe, del cual cada partimiento tenga un parecido más inmediato con Dafne volviendo así circular el espectáculo.

Lo destacado es que todos estos personajes están interpretados exclusivamente por Zaide Silvia Gutiérrez y Roberto Medina, y así, toda la obra no es más que una manera de lograr el lucimiento de dos excelentes actores cómicos capaces de representar todos los matices y variaciones. Lo que indefectible- mente perdemos es la relación que esto tiene con lo político y que lo emparenta a un género que en México se homologaría a las tandas y la carpa.

El director logra amalgamar esa pluralidad de personajes y acciones, dándole unidad y variación simultánea; generando ritmo, solidez y aplicándose a la materia actoral como un ojo crítico verdaderamente efectivo. Zaide Silvia es una intérprete altamente conocida, con una gran capacidad actoral y necesitada de una acotada y exigente dirección que aquí parece haber encontrado, a juzgar por los resultados de su trabajo, que son para el gozo del espectador, que elegirá cuál de las tres Morrison prefiere. No se queda atrás Roberto Medina, ya que llega a sorprender la variedad de su caracterización.

La obra esa in aferrable excusa- tiene un cierre insólito por lo anticlimático que reafirma esa inversión a lo habitual: generalmente los personajes nacen y dependen de un contexto de obra. Aquí en cambio es la obra la que se halla casi borrada y absolutamente subordinada a estos personajes relacionados todos con el circo antillano, que es un referente reiterativo y común. Casi como fenómenos -culturales y políticos- escapados por el por un momento, pero que terminarán prontamente reintegrados, junto con el enano "besos de fuego", pasión de Dafne y la princesa china, ensoñación de Bianca. Un espectáculo que se ha lavado de corrosividad por la distancia a las realidades referentes, pero que conserva intacta su capacidad de sorprender y gustar.