FICHA TÉCNICA



Título obra Calígula propablemente

Autoría Francisco Franco e Ignacio Guzmán

Dirección Francisco Franco

Elenco Lilia Aragón, Silvia Caos, Gabriela Roel, Pilar Boliver, Juan Manuel Bernal, Jorge Zárate, Julieta Venegas, Emilio Ebergenyi

Espacios teatrales Teatro Wilberto Cantón

Referencia Bruno Bert, “Divertimento elitista probablemente”, en Tiempo Libre, núm. 773, 2 marzo 1995, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Divertimento elitista probablemente

Bruno Bert

En el teatro Wilberto Cantón acaba de estrenarse un particular espectáculo de Francisco Franco e Ignacio Guzmán, bajo la dirección del primero. Se trata de Caligula, probablemente. El nombre que incluye el título, efectivamente alude al texto homónimo de Camús; aunque el "probablemente", nos abra a cualquier laberinto posible que vuelva a la obra mencionada en un referente más o menos lejano.

La anécdota nos plantea un grupo de teatro que está intentando montar a Camús. No se trata de los actores que estamos viendo, con sus nombres reales; sino un juego de representación en donde una de las actrices funge como directora, y otros asumen diversos roles tanto técnicos como escénicos. La noche del estreno —es decir, la que nos tiene a nosotros como espectadores— la compañía en pleno abandona el teatro antes de la tercera llamada.

La asistente y la directora se adelantan al frente, a telón corrido y deben entonces, explicarse con el público: cuentan-actúan lo sucedido, intercalando en las acciones a los actores ahora fugados que reaparecen como acción narrada. La representación de las intenciones, los conflictos de puesta, fragmentos del mismo Camús, historias personales, etcétera, etcétera, sustituye el supuesto montaje original, constituyéndose "posiblemente" en una obra en sí. Y ésta es en definitiva la que el espectador recibe.

Este producto final parece estar recorrido por unas cuantas intenciones, y tal vez lo más llamativo es la complejidad con que se articulan los planos que las muestran. Dado que la comedia fársica es el camino elegido, uno de los objetivos de la burla —seguramente el principal— son los directores-divos. Aquellos que se sienten "tocados" por el arte y reinventan las obras de un extremo al otro en aras de una supuesta pasión creativa. Aquí la directora se vuelve tan andrógina como podríamos suponer a Calígula (del que se dice encarnación) o a otras posibles directoras locales como referencia más cercana y también más chusca. Y se lanza a una lucha con los actores, productores, sindicalistas y demás, al estilo del enfrentamiento del emperador romano con todos sus contemporáneos según la superficie del texto de Camús.

El resultado planteado por el autor es ambiguo, ya que por un lado la directora rebelde es más o menos sacrificada al final; pero por el otro emerge como triunfadora en cuanto que su delirio se ha vuelto obra al fin, justificando todos sus desplantes. Matizando se encuentran ironías sobre las formas habituales de obtener producciones del FONCA; sobre la realidad nacional; sobre algunas personas del medio, satirizadas además de la misma directora; sobre el mundillo de los actores cercanos a lo comercial... en fin, todo un marco referencia) destinado especialmente, aunque no en exclusiva, al ambiente artístico, que alcanza los sobreentendidos y pone nombre a las ambigüedades. Como sucedía en otras épocas con el género chico en relación a la crítica política.

Paradójicamente, si por un lado de-construye y reconstruye utilizando instrumentos y conceptos del teatro moderno, simultáneamente puede recordarnos ese clima de comedia de enredos que imperaba en el barroco. Y como éstas, es en definitiva un divertimento más o menos habilidoso, sobre todo en su construcción, que juega esencialmente a volvernos mucho más cómplices que críticos, siempre en apelación a nuestra intelligentsia cultural a la que presupone en sala.

Es clara la importancia que el autor se asuma asimismo como director en el manejo de este laberinto, e indudablemente su labor es suficientemente acertada como para sostener nuestra atención y crear interés durante casi todo el transcurso del trabajo. Y esto a pesar de algunos baches y también de algunas obviedades. El plantel de actores cuenta con Lilia Aragón y Silvia Caos, aunque ninguna de las dos resulta protagónica y el rol fundamental recae en Gabriela Roel que asume a Isa, la temperamental directora de Camús. Hay un cierto desperdicio de la capacidad de las dos primeras, sobre todo de Lilia, ya que el papel de la "estrella" exige muy poco de ella. Gabriela Roel se maneja con bastante acierto, pero quien resulta decididamente atractiva en su papel es Pilar Boliver como la atribulada asistente. Los demás —Juan Manuel Bernal, Jorge Zárate, Julieta Venegas y Emilio Ebergenyi— se integran sin estridencias ni demasiada resonancia al trabajo. Se trata más bien de un juego de dos compartido con un grupo.

No queda mucho más. Un rato agradable, algunas habilidades, un par de actuaciones atractivas y tal vez el placer de la pertenencia, "descubriendo" los referentes. Un trabajo discreto, probablemente.