FICHA TÉCNICA



Título obra Cabos sueltos

Autoría Harvey Fierstein

Notas de autoría Sofía Alvarez / traducción

Dirección Héctor Bonilla

Elenco Gerardo González  Sofía Alvarez, Fernando Bonillaz,  Marta Resnikoff

Espacios teatrales Teatro Estudio Galerías

Productores Héctor Bonilla

Referencia Bruno Bert, “Fantasías de un gay”, en Tiempo Libre, núm. 772, 23 febrero 1995, p. 27.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Fantasías de un gay

Bruno Bert

En el espacio del teatro Galerías, Héctor Bonilla coproduce y dirige Cabos sueltos, una obra de Harvey Fierstein. De este mismo autor habíamos visto ya otros materiales, como Una canción apasionada, protagonizada por Tito Vasconcelos, hace ya unos años. Se trata de un escritor homosexual que utiliza frecuentemente sus preferencias afectivas como temática de su obra. En este caso se trata anecdóticamente de un individuo bisexual que acaba de morir a consecuencia del sida. Es el ausente referencia) de todo el trabajo. El encuentro es entre la mujer —de la que se había separado cinco años antes al optar por la homosexualidad— y su pareja masculina, que lo atendió hasta el último momento. La división de bienes entre las dos "esposas" justifica ese encuentro y enmarca el trabajo en el que aparecen además en forma esporádica el hijo púber de la primera pareja y la abogada de la misma.

Nadie quita por supuesto, que lo presentado por Fierstein pueda darse en algún lugar del mundo, pero se halla obviamente cargado de las fantasías de un gay, que desearía una mayor aceptación de esta condición. La visión que presenta de la mujer, aún enamorada de quien la dejara, y en una situación de casi inferioridad frente a la "heroicidad" del homosexual sobreviviente, se advierte más bien como producto del escritor que como posible ejemplar humano existente. Aunque casualmente pueda hallárselo. Quiero decir que el trabajo es más bien una ensoñación en clave de pieza melodramática. Allí podemos hallar intentos de dignificación de la homosexualidad, de los afectados por el Síndrome de Inmuno Deficiencia (aunque como telón de fondo) y también unos cuantos lugares comunes bastante discutibles.

Entre estos últimos cabe mencionar por ejemplo el que el sida sea presentado aunque con ironía como "una enfermedad de maricones"; y que al sobreviviente de la pareja, se le pinte con los estereotipos del afeminado tanto en lo verbal como en lo corporal. Esto sin agregar un cúmulo de reacciones de la mujer. En lo que hace a la dirección, Bonilla maneja con soltura la propuesta y si bien no excede las limitaciones del autor con aportaciones personales —en ese sentido parece más bien apoyar plenamente al libreto— imprime agilidad a la situación, caracterizada con efectividad a los personajes, les da solvencia y hasta subraya con frecuencia los elementos emocionales provocando una mayor empatía del público hacia las circunstancias más penosas que la trama va narrando.

Oscar Trejo, el escenógrafo, nos acota el espacio de una manera más o menos tradicional, perfilando de forma absolutamente naturalista el ambiente de un departamento antiguo y cálido que bien podría estar ubicado en La Condesa según marcan los textos en esta adaptación.

El ámbito es efectivo para lo que el autor sugiere. En cuanto a los actores, nos encontramos con Gerardo González asumiendo a la pareja homosexual, con una buena construcción de base para su trabajo, independientemente que la dirección o la autoría hayan elegido para ese papel un sesgo excesivamente convencional. Se le ve con matices y muy bien implantado en la escena. La contraparte femenina se halla en manos de Sofía Álvarez, podríamos decir de ella algo bastante similar a lo anterior, ya que la crítica tendería mucho más a la concepción del personaje que a la realización del mismo. Una vez tomada la línea de la mujercita insegura, más bien lavada, un poco histérica y con tendencias al llanto reprimido, entonces la actriz nos da esta propuesta con bastante seguridad y unidad compositiva.

En lo que hace a los dos restantes personajes, nos encontramos a Marta Resnikoff con la abogada un papel modesto y más bien de comedia ligera que sirve de contraparte ideológica al protagónico femenino y con Fernando Bonilla, en el hijo que tendrá entre diez y doce años. Interesante el trabajo de este último, seguramente bien acotado por la dirección, pero con habilidades propias para el papel.

Desde la elección del espacio, en todo se ve que este montaje de Cabos sueltos es un trabajo de equipo. Hasta en la duplicación de roles: Bonilla como productor y director; Sofía Alvarez, como actriz y traductora, y aún Marta Resnikoff, que se desempeña asimismo como asistente de dirección, amén de su papel en la obra. Un espectáculo evidentemente planteado como una forma de difundir una idea, de compartir una preocupación ética a partir del teatro. Resulta tal vez más honesto que profundo y se inserta en toda una serie de planteamientos alternativos en relación a las minorías que han venido desplegándose en los últimos dos o tres años. Seguramente encontrará su público aunque no necesariamente signifique un hito dentro de la temporada.