FICHA TÉCNICA



Título obra La divina garza

Autoría F. Bernarth

Dirección Fernando Luján

Elenco Fernando Luján, Mariana Castro, Carolina Valsaña, Roberto Rafael Banquels Núñez, Carlos Ciangherotti

Espacios teatrales Teatro Rafael Solana

Referencia Bruno Bert, “Papilla intelectual predigerida”, en Tiempo Libre, núm. 761, 8 diciembre 1994, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Papilla intelectual predigerida

Bruno Bert

En el teatro Wilberto Cantón —un bello espacio de la SOGEM que no termina de "calentarse" en cuanto a público—se está presentando La compañía perpetua, una agrupación integrada por Rodrigo Johnson (director) Antonio Armonía, Carlos Cuarón y Flavio González Mello (dramaturgos) Manuel Lino (compositor) María Gelia, Esther Orozco, Aarón Hernández y Rodrigo Murray (actrices y actores), que cuenta con el apoyo no sólo de la SOGEM sino también del FONCA.

Este conjunto artístico tiene un interesante proyecto que incluye la publicación de cada obra que se estrene, desde la perspectiva de registro escénico, útil incluso para otros grupos teatrales que se interesen por ellos. Así, estos cuadernillos (muy bien presentados a juzgar por su primer número), contienen no sólo el soporte dramatúrgico, construido tanto para el goce de su lectura como para su utilización práctica (párrafos numerados, hojas de nota, etcétera), se incluyen también las partituras de la música que se ejecuta en vivo en cada función y que pertenece a los mismos integrantes. Esto último es un verdadero "lujo" que en lo personal siempre agradezco.

Con el arranque de este proyecto se halla el espectáculo que ahora encontramos en temporada en el Wilberto Cantón: El sexo está en otra parte, (paráfrasis obvia del título de una de las obras más conocidas de Kundera) que a su vez contiene dos trabajos cortos: Zapatos y alpargatas y Llantas contra el pavimento, ambos de Carlos Cuarón. Su opera prima como dramaturgo para ser más precisos.

El tema central de las dos piezas es la pareja, sus vinculaciones, miedos y desarreglos en el ámbito que cabe fuera del matrimonio. En el manejo del lenguaje, en más de un punto nos hace pensar en Albee o Pinter, con sus frases cortas, por momentos de un naturalismo cotidiano y en otras asumiendo lo teatral, con un cierto coqueteo con la corriente del absurdo aunque finalmente no termina de asumirla. También nos refiere a esta influencia la carencia casi total de acciones y la anulación del espacio, entendido éste como elemento cinético. Un lugar único, como fragmentación sin integrar en un contexto; en un tiempo impreciso que se vuelve materia subjetiva de los personajes, que lo extienden o restringen según las circunstancias del diálogo. La voz, la idea, el intelecto; lo inasible en contraposición a la carnalidad a que el sexo hace referencia. En esos pequeños microclimas aparece con frecuencia el sentido del humor, la imagen rápida y el placer por una réplica que contenga más agudeza que profundidad. Naturalmente lo sexual (como pulsión) se halla en primer plano; como un juego grato y peligroso, tal vez la expresión directa de una afectividad que no logra comprometerse a largo plazo.

Zapatos y alpargatas nos ubica como observadores-escuchas de un minúsculo sector en alguna playa. Efectivamente, el autor caracteriza a la obra como "breve drama de hamaca". Allí la pareja, que acaba de hacer el amor, busca las maneras de decirse adiós pretendiendo tal vez lo contrario, tratando de salvar una individualidad que no es más que una soledad con muchos miedos maquillados por el psicoanálisis y la clase media a la que obviamente pertenecen. Rodrigo Johnson, como director, maneja con discreción este "primer acto", que queda en un tono asordinado, con puntos de interés pero prevalecientemente menor.

Llantas sobre el pavimento, nos hace encontrar tal vez con la misma pareja u otra que puede ser socialmente intercambiable con la primera. Esta vez en un avión en pleno vuelo. Los actores son los mismos: ella es María Gelia y él, Rodrigo Murray. El libro es más interesante aquí, pero también lo es la tarea conjunta de actores y director que esta vez sí tejen mancomunadamente un diálogo escénico y no sólo verbal con accidentales acciones intercaladas, que vuelve muy atractiva esta segunda parte. Prevalece la,teatratidad, lo que nos salva de un trabajo intimista sin más. El director provoca hábilmente a los personajes para que siempre sean tales a nuestra vista, rompiendo cualquier posibilidad de empatía momentánea y permitiéndonos gozar con la propuesta global que aquí se ve mucho más homogénea. No advertí si había música en vivo en el primer trabajo, pero el segundo se halla puntuado por un dúo que se integra con eficacia a lo que estamos viendo, sin ilustrar, más que cuando aparentemente lo deciden en forma deliberada.

El año termina y el público tiende a desertar de las salas de por sí no muy concurridas. Creo que vale la pena apoyar a los equipos que van surgiendo en este tiempo de recambio. Sea en este fin de temporada o en el comienzo de la siguiente.