FICHA TÉCNICA



Título obra Carta al artista adolescente

Notas de autoría Adaptación del libro homónimo de James Joyce

Dirección Martín Acosta

Eventos XV Muestra Nacional de Teatro

Referencia Bruno Bert, “XV Muestra Nacional de Teatro. Imagen estallada, fragmentaria y deformante”, en Tiempo Libre, núm. 758, 17 noviembre 1994, pp. 46-47.




Título obra Amsterdam boulevard

Autoría Jesús González Dávila

Dirección Octavio Trías

Eventos XV Muestra Nacional de Teatro

Referencia Bruno Bert, “XV Muestra Nacional de Teatro. Imagen estallada, fragmentaria y deformante”, en Tiempo Libre, núm. 758, 17 noviembre 1994, pp. 46-47.




Título obra Las juramentaciones

Autoría Óscar Liera

Dirección Rodolfo Arriaga

Eventos XV Muestra Nacional de Teatro

Referencia Bruno Bert, “XV Muestra Nacional de Teatro. Imagen estallada, fragmentaria y deformante”, en Tiempo Libre, núm. 758, 17 noviembre 1994, pp. 46-47.




Título obra La metamorfosis

Autoría Franz Kafka

Notas de autoría Adaptación de la Metamorfosis

Dirección Javier Angel Martí

Eventos XV Muestra Nacional de Teatro

Referencia Bruno Bert, “XV Muestra Nacional de Teatro. Imagen estallada, fragmentaria y deformante”, en Tiempo Libre, núm. 758, 17 noviembre 1994, pp. 46-47.




Título obra Ruta 13, la salida es por atrás

Eventos XV Muestra Nacional de Teatro

Referencia Bruno Bert, “XV Muestra Nacional de Teatro. Imagen estallada, fragmentaria y deformante”, en Tiempo Libre, núm. 758, 17 noviembre 1994, pp. 46-47.




Título obra Llama un inspector

Autoría John Boynton Priestley

Eventos XV Muestra Nacional de Teatro

Referencia Bruno Bert, “XV Muestra Nacional de Teatro. Imagen estallada, fragmentaria y deformante”, en Tiempo Libre, núm. 758, 17 noviembre 1994, pp. 46-47.




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Referencia Electrónica


Teatro

XV Muestra Nacional de Teatro
Imagen estallada, fragmentaria y deformante

Bruno Bert

Los planes, las palabras, los discursos, las mesas redondas, las declaraciones y, en fin, toda la parafernalia de las buenas intenciones que se despliegan alrededor del teatro de sexenio en sexenio quedan validadas o demostrando la invalidez de sus acomodos y compadrazgos en el resultado del teatro al que dicen apoyar en su crecimiento y desarrollo. Y una forma indudable de advertir cómo se encuentra nuestra escena y nuestros artistas son las Muestras Nacionales. Acabamos de ver —en Monterrey, como es habitual desde los últimos años— la que lleva el número XV. Y realmente no resultó rosado baile de cumpleañera. Y no me estoy refiriendo a ella misma en su organización, sino a lo que mostró sobre nuestro teatro.

No digo que me haya asombrado demasiado, ya que me ha tocado ser jurado de muestras provinciales y regionales en los últimos cuatro años, por lo que la reiterada historia de la impotencia, el desconocimiento y la orfandad es el panorama habitual a cada espacio visto y recorrido. Simplemente que resulta penoso reconstatarlo cada año a nivel nacional y con ello volver a preguntarme cuáles son las acciones emprendidas que han resultado realmente provechosas y dónde van los fondos que se suponen se destinan periódicamente por distintas fuentes para lograr la madurez y la excelencia en la producción de nuestros teatristas. Aquí, nada de eso estuvo presente.

En primera instancia podemos decir, a partir de lo visto, que salvo raras excepciones, no existe el teatro profesional en la provincia mexicana. Las dificultades a las que este tipo de teatro se enfrenta son esencialmente formativas y económicas. Las segundas resultan obvias, y en lo que hace al primer rubro, la carencia está tanto en la capacitación de actores, como en la generación de directores que excedan en su trabajo lo meramente empírico. Aunque tampoco nos vemos mucho mejor en los materiales dramatúrgicos elegidos, no tanto por ellos mismos sino por-las dificultades evidentes para su análisis correcto o estructuración, en el taso de directores o grupos que también asumen la autoría o adaptación de textos.

Frágiles en el tripié básico del teatro: actor-autor-director, más vale no observar críticamente los restantes rubros como escenografía, iluminación, musicalización y demás, dando la oportunidad de que las carencias que se advierten aquí se deban, sobre todo, al hecho de encontrarse fuera de su espacio natural con los problemas técnicos consiguientes.

Fueron 17 espectáculos donde desgraciadamente el que destacó no era siquiera un participante neto, sino un grupo invitado y además del Distrito Federal. Me refiero, claro, a Carta al artista adolescente, una adaptación del libro de Joyce dirigida por Martín Acosta.

Pero vamos rememorando algunos trabajos. Chihuahua llevó un Amsterdam boulevard,de Jesús González Dávila, con la dirección de Octavio Trías. Es ejemplo de lo que antes mencionábamos en cuanto a lectura de textos: marginados los dos ejes principales, como son la homosexualidad del protagonista y el terremoto del 85 como correlato de un mundo de valores en derrumbe; nos resta un melodrama bastante insignificante a pesar de la intensidad de los actores.

Sinaloa, con el Tatuas bajo la dirección de Rodolfo Arriaga, acercó Las juramentaciones, un texto de Oscar Liera de carácter costumbrista, con un cierto

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interés y garra, pero muy por debajo de las obras más significativas del mismo autor y con un aire de teatro de los treinta. Además, la dirección abandona completamente a las actrices a un trabajo convencional, siendo que su capacidad daba para mayores alturas de composición. En lugar de matices se manejan volúmenes y los cuerpos quedan apenas como soporte a los textos en lugar de encarnarlos.

Guanajuato aportó, con la dirección Javier Angel Martí, una adaptación de la Metamorfos de Kafka. Hace diez años este artista apuntaba como uno de los directores más sólidos y creativos de nuestra provincia. De aquello quedan algunas imágenes provocativas, el deseo de indagar sobre lo no convencional y una montaña de fragmentos que no logran integrarse en un discurso coherente y ahogan el espacio y los actores en impulsos que no terminan de consolidar el espectáculo.

Nuevo León propuso Ruta 13, la salida es por atrás, un trabajo que se desarrolla en un camión mientras éste hace un recorrido de alrededor de 40 minutos. Una verdadera pena, porque la idea es atractiva, pero el resultado avanza sobre una obviedad apabullante desarticulando cualquier posibilidad creativa. Aquí las dificultades son especialmente amplias (manejo del espacio, concreción de analogías, uso del texto, propuestas de clima, progresión de ritmos...) aunque la intensidad y el calor que el grupo pone en su trabajo nos hace desear que hallen un verdadero espacio de capacitación. También de Nuevo León es la obra que cerró la muestra: Llama un inspector, ese texto de Priestley, recientemente repuesto con éxito en una puesta estadunidense. Así como pudimos verlo en Monterrey, no sólo resulta una antiguedad insoportable sino que adquiere tintes reaccionarios fuertemente marcados: un llamado de Dios a la alta burguesía para que use las caridades cristianas en quienes no han podido tener la fortuna de llegar a su statussocial. A un texto moralista y didáctico hasta la exasperación se le suma una trame que debiera contener suspenso pera sólo teje lo inverosímil en una puesta que no parece una lección de arqueo logia sólo porque carece de rigor histórico.

Rodrigo Vargas y América Escalera en La Tempestad, de William Shakespeare; dirección Martín Acosta, con actores de Oaxaca.

Por supuesto hay más, pero no vale la pena continuar con ello en una nota que más bien intenta una observación global de la XV Muestra Nacional de Teatro. Por supuesto que aquí y allá pueden salvarse momentos; que algunos fragmentos son interesantes y que incluso algunas obras resultan más atractivas que otras, pero es claro que nuestra realidad teatral de provincia es una imagen estallada, fragmentaria y deformarte que una vez más exige el derecho a crecer, a madurar y a expresarse, exigiendo apoyos reales y no las sempiternas manipulaciones económicas, políticas y culturales que sexenio tras sexenio realizan los prebostes de turno de la cultura teatral.