FICHA TÉCNICA



Título obra Las señoras Von Kant

Autoría Rainer Werner Fassbinder

Notas de autoría Hilda Valencia / adaptación

Dirección Hilda Valencia

Elenco María Muro, Mónica Dionne, Irma López Lara, Teresina Bueno, Claudia Gidi, Mary Paz Mata, María Muro

Espacios teatrales Foro Rufino Tamayo del Bosque de Chapultepec

Referencia Bruno Bert, “La quebrada Petra Von Kant”, en Tiempo Libre, núm. 754, 20 octubre 1994, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La quebrada Petra Von Kant

Bruno Bert

Reiner Werner Fassbinder significó dentro de lo que se dio en llamar el "nuevo cine alemán", una reflexión especialmente lúcida y creativa sobre la disfunción de los afectos y la sexualidad al interno de una sociedad altamente industrializada como lo fue la Alemania Occidental de los setenta. Dentro de su obra, el film Las amargas lágrimas de Petra von Kant, ocupa un lugar especialmente valorado por sus admiradores, debido a su calidad y características de estilo. Y es directamente de él, de donde proviene la pieza que se está presentando en el foro del Museo Rufino Tamayo con el nombre de Las señoras von Kant, bajo la dirección de Hilda Valencia Sánchez.

La estructura anecdótica se centra en las relaciones familiares y amorosas de una creadora de alta costura de gran éxito social. Esta mujer, cuyo nombre da pie al título del film, va sufriendo una progresiva depresión al compás de la desvalorización emotiva que erosiona todo su entorno. Naturalmente, como en todo material de valor, las posibilidades de lectura se entrecruzan creando mundos complementarios que finalizan en una visión socio-filosófica de la Alemania de ese momento. Muchos elementos aquí volcados pertenecen a la historia personal del mismo Fassbinder. Sin embargo, nunca se cae en la trivialidad de lo meramente autobiográfico, sino que cada elemento personal se transfigura dentro de esta compleja sinfonía fílmica.

Aquí, Arturo Nava, como escenógrafo e iluminador, ejerce una especie de magia al transformar el minúsculo foro del Tamayo en una sala espaciosa y elegante de la mansión von Kant, dando al espacio no sólo un anclaje de clase, sino permitiéndonos también la posibilidad de adentrarnos por él a las vivencias de los personajes a través de la calidad del ámbito que comparten. Texturas, quiebras, angulaciones, colores... el espacio no ilustra, sino que complementa eficazmente la sicología de Petra von Kant. La luz marcará a su vez el tiempo de los matices.

La obra, en su origen era un discurso muy concreto sobre una sociedad también específica; y nos hablaba de esa angustia existencial, de ese vacío emocional que golpeaba a los triunfadores, ejecutivos y artistas, de aquella Alemania exultante de bienestar material. Era el tiempo de los suicidios y crímenes inexplicables, donde la sensación de fracaso histórico coexistía con el éxito más notorio y descarado. En la puesta, la directora, aún dejando que la acción transcurra en el lugar de origen, rebaja el nivel de lectura coyuntural para permitir un planteo más extendido, más psicologista y menos sociológico. Y, aunque con esto rebasa la profundidad global del original, podría resultar correcto para una mejor apropiación del espectáculo por parte del público mexicano. Lo que en cambio no se entiende muy claramente es por qué divide el personaje central entre tres actrices (Las Sras. von Kant) que a su vez, al menos dos de ellas, asumen otros roles dentro de la obra.

El recurso no parece demasiado aportativo. Por el contrario, resulta interesante su manejo del tema de la homosexualidad, ya que la soledad y la compulsión son mostrados funcionando por igual entre las parejas "normales" y las constituidas en este caso, por dos mujeres. Lo subrayado como importante no es la preferencia sexual (aunque en Fassbinder esto fuera torturante), sino la incapacidad del ser humano, aun en condiciones económicamente envidiables, para dar y recibir afecto de los demás; prevaleciendo permanentemente la tendencia a la manipulación en un juego de poderes que sólo admite dominadores y dominados: No sabemos tomar lo que nos dan ni sabemos dar lo que nos piden, por ende la sensación de angustia es una compañera permanente de la soledad, y la maquinaria social se nutre de ambiciones donde el placer por el uso del poder sustituye la capacidad de amar. El discurso, por supuesto, tiende a conducir al suicidio. Personal o social, guerra por medio.

El trabajo de las actrices resulta disparejo y quebrando aun al interno del desempeño de cada actriz. Tal vez la mejor interpretación podemos hallarla en Mónica Dionne, sobre todo en su primera parte, previa a la domesticación. Irma López Lara, en la muda sombra de la protagonista, es posiblemente la más coherente, con una presencia constante y un buen nivel de energía. Teresina Bueno, se muestra mucho más atractiva y convincente como hija que como Petra von Kant, mientras que Claudia Gidi tiene fragmentos muy interesantes tanto como la hipócrita amiga que como Petra, pero no logra dar unidad y continuidad a ninguno de los dos personajes. Mary Paz Mata está correcta aunque un tanto envarada en un papel en el que no parece sentirse muy cómoda. Nos queda María Muro -la única que no cambia de rol y siempre mantiene el protagónico. Falta allí un trabajo de dirección que homogenice sus mejores momentos, ya que tiende a perderse, sobre todo cuando maneja los estados de crisis.

En definitiva, un trabajo apoyado en un muy interesante soporte de Fassbinder y sostenido sobre todo en lo que hace a lo visual y al ritmo; con algunos problemas de dirección tanto en lo referido a los actores como en ciertas resoluciones escénicas. Un producto disparejo pero que conserva una buena cuota de interés para un especial sector del público.