FICHA TÉCNICA



Título obra Un día nublado en la casa del sol

Autoría Antonio Algarra

Dirección Antonio Algarra

Elenco Marco Vinicio, Luis Ibar

Referencia Bruno Bert, “Sendero de una situación límite”, en Tiempo Libre, núm. 748, 8 septiembre 1994, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Sendero de una situación límite

Bruno Bert

De Antonio Algarra teníamos noticias de sus trabajos como director, aunque en lo personal no me haya tocado verlos. Ahora, en una actitud que se vuelve cada vez más frecuente en nuestro medio, se inaugura como autor sin abandonar el rol anterior, por lo que asume la doble dramaturgia de Un día nublado en la casa del sol, un trabajo que acaba de estrenarse en la sala Julián Carrillo de la UNAM.

Es una obra de cámara para sólo tres actores en la que se aborda el tema del amor homosexual y del sida. Binomio frecuentemente asumido, manipulado y exhibido desde visiones superficiales, complacientes o de un di- dactismo ya muy poco atractivo: En esto, el primer acierto del autor es la modestia con que se acerca a la trágica pero posiblemente ya cotidiana situación (según las estadísticas existen 30 millones de ceropositivos en el mundo) de una pareja que se asume como tal a pesar de conocer que uno de ellos es portador del síndrome de inmunodeficiencia. El tercero es la madre del enfermo.

Lo que de inmediato llama la atención en el diseño de estos personajes es su "sanidad". Es decir, la capacidad de asumir una situación tan conflictiva como la suma de la condición de homosexual más una enfermedad mortal como el sida, sin que esto los lleve -a ninguno de los tres a estridentismos de comportamiento. Su sentido de la "normalidad" (las comillas en estos casos no pueden menos que abundar), hace que cada uno viva su circunstancia, con las crisis lógicas a los distintos momentos sin caídas ni en la sordidez ni en el heroísmo.Tal vez en la descripción de los caracteres no se haya profundizado hasta un juego de análisis minucioso, pero lo que Algarra nos entrega, aun sin desarrollar demasiados matices, resulta verosímil eludiendo los simplismos.

Es prácticamente imposible transitar por un camino de este tipo sin acercarse a situaciones que hacen apelación de los sentimientos desde perspectivas peligrosamente cercanas a lo cursi. Claro que hay una notable diferencia entre una actitud de este tipo en un personaje al interior del drama o un manejo de estas características por parte del autor. Aquí, el dramaturgo se muestra ambiguo frente a esta frontera un tanto sutil y entonces recurre a una sabia reducción de estos terrenos, dejando sólo situaciones mínimas de evidente peligro, en las que en general sale airoso.

Siento que su mejor virtud es no intentar un discurso de largo aliento y profundas intenciones, sino manejarse dentro de las pequeñas expresiones cotidianas como una balada nostálgica que evoca otro tiempo y las emociones que entonces se vivieron. No pretende contarnos las supuestas dulzuras de la homosexualidad ni los sacrificios de incomprensión por los que seguramente se ve obligado a pasar un enfermo. Sólo nos dice de lo que fue y sucedió. No alcanza la altura de un gran poeta de lo mínimo, pero a cambio tampoco cae en los efectismos habituales. Traza un sendero y por él, sencillamente, nos da un trabajo que en el doble aspecto de dirección y autoría se muestra digno de atención y capaz de suscitar una empatía sin fáciles apelaciones.

La escenografía e iluminación se halla a cargo de Arturo Nava. Correcto, no se muestra sin embargo —tal vez por limitaciones presupuestarias— en su momento más inspirado, y el suyo parece más bien un trabajo bien hecho pero "de oficio". En cuanto a los actores, nos hallamos con la participación de Dora Monteros, Marco Vinicio Estrello y Luis Ibar. Forman un grupo bien homogeneizado por la dirección donde se advierte la mayor experiencia de la actriz junto con dos elementos jóvenes que muestran no sólo capacidad, sino también una seriedad en los resultados que presagian muy buenas alternativas mara su futuro en el espacio escénico.