FICHA TÉCNICA



Título obra Salomé

Autoría Oscar Wilde

Notas de autoría Tomás Segovia / traducción y adaptación

Dirección Marta Verduzco

Elenco Lorena Glinz

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, “Traición y rescate”, en Tiempo Libre, núm. 746, 25 agosto 1994, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Traición y rescate

Bruno Bert

Nos acercamos ya al centenario de la vertiginosa caída de Oscar Wilde, desde el éxito abrumador al oprobio absoluto de la cárcel de Reading; por lo que es posible que el año que viene éste sea recordado en la reposición de alguna de sus más brillantes comedias. De aquellas que consolidaron su éxito social en la Inglaterra victoriana en alas de un humor más que sarcástico y un cinismo flagrante.

Lo inesperado es que ahora, fuera de las efemérides a los "malditos", se lleve a escena su Salomé, una obra sumamente compleja que —como bien dice Tomás Segovia en el programa de mano— no suele vérsela con frecuencia en los escenarios porque se mueve en el terrena de lo indeciso y lo frágil. De hecho, es primer puesta que me toca ver en México y la segunda en toda mi vida. Aquí, en el espacio de La casa de la Paz y justamente bajo la traducción y adaptación de Tomás Segovia, es Marta Verduzco quien se atrevió con este difícil material.

Salomé, posiblemente deba más sufama a las ilustraciones —ciertamente bellísimas— de Beardsley, que por haber sido dedicado a Sara Berhnart y a su montaje por los Ballets Russes, de Diaghilev, que a cualquier otro motivo propiamente teatral. Se vuelve como una obra particularmente importante del simbolismo, pero es innegable que predomina en ella el estatismo y esencialmente el valor de lo conceptual. En ella, según la máxima del propio Wilde, "se busca siempre lo más trágico" que vendría posiblemente a coincidir con lo que Segovia llama dramaticidad en oposición ateatralidad. Y esta esencia radica en los sentimientos y pensamientos de los personajes, entrelazados por una necesaria expresión poética; decantándose apenas en algunos actos fundamentales en la escena, capaces de capturar el horror y la ambigua pero profunda fascinación que éste ejerce sobre los hombres.

Salomé es un canto oscuro a la transgresión: Herodías se desposa incestuosamente; Herodes Antipas, su esposo, desea —también incestuosamente— a su sobrina; y ésta a su vez se prenda de lokanaan, encarnación de la divinidad al que quiere poseer en el sentido pagano, justamente con el horror pánico de una bacante que asume corporal, sensual y antropofágicamente al dios a través de sus ministros desmembrados a consecuencia del frenesí de una danza erótica.

El predominio absoluto de lo fálico, lo incestuoso y lo sangriento, instalado en medio de una fiesta de la corte con una perfectamente transparente lectura de contemporaneidad con obvias implicaciones sobre el poder, explica más que suficientemente el veto de Lord Chamberlain sobre la obra, que a pesar de haber sido compuesta en 1891 jamás pisó la escena inglesa durante la vida del escritor, a pesar de ese carácter formalmente tan excepcional dentro de la breve y exitosísima producción teatral de Wilde.

Marta Verduzco, a través de Gabriel Macotela y Arturo Nava, escenógrafos e iluminadores del trabajo, nos proponen un espacio que es mezcla de una cierta rudeza, reminiscencia clásica filtrada a través de un concepto casi cinematográfico, con un contradictorio juego de simetrías y líneas curvas que bien pueden tener su origen en un libre recuerdo del modernismo finisecular. Un eclecticismo formal tan ambiguo como la obra, que la enmarca con eficacia y sugestión a pesar de lo arriesgado de la propuesta. Y en este ámbito la dirección crea una puesta que enraiza —sin sumisiones formales— el trabajo a la época de Wilde, por sugestión de vestuario y tipo de composición, haciendo más clara la palabra del autor en el enmarque de su horizonte histórico.

Un trabajo de puesta que, paradójicamente, traiciona y rescata simultáneamente a esta Salomé que de otra manera sería posiblemente insoportable en un decadentismo. Sorprendentemente —y aquí Segovia tiene asimismo importancia por la forma de manejo del texto— el trabajo atrae, interesa y logra fluidamente transmitir sus lineamientos fundamentales. Aún aquellos que Wilde expresara muchos años más tarde, como esa frase de la "Balada" donde dice que el hombre siempre mata aquello que más ama: Salomé a lokanaan y Herodes a la misma Salomé.

El elenco contiene tres figuras fundamentales: Claudio Obregón, en una convincente (casi paródica) composición de Herodes Antipas; Patricia Reyes Spíndola en una breve pero fuerte figura de Herodias y sobre todo Lorena Glinz Ferez (no recuerdo anteriores participaciones suyas) de muy interesante implantación con un protagónico en donde hasta las asperezas de sus gestos a veces envarados cobran significación bajo la conducción acertada de Marta Verduzco.

En definitiva, un Wilde reescrito escénicamente para rescatar de él lo que tiene de más eficaz para nuestro tiempo.