FICHA TÉCNICA



Título obra Carta al artista adolescente

Autoría Martín Acosta

Notas de autoría Luis Mario Moncada y Martín Acosta / adaptación

Dirección Martín Acosta

Elenco Arturo Reyes

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “Puente entre Joyce y el exilio interior”, en Tiempo Libre, núm. 743, 4 agosto 1994, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Puente entre Joyce y el exilio interior

Bruno Bert

En 1919, cercano ya a sus cuarenta años, James Joyce publica una novela de marcado acento autobiográfico (como por otra parte lo es casi toda su obra): se trata de Dedalus a la que habitualmente conocemos como Retrato de un artista adolescente. Narra en un estilo que le es característico, las tribulaciones vividas en las distintas escuelas que transitó desde la niñez a la adolescencia, haciendo hincapié en la influencia jesuítica que tan profundamente lo marcara dentro del plano intelectual.

Basado en esta obra, Martín Acosta acaba de estrenar en La Gruta del Centro Cultural Helénico, Carta al artista adolescente. La intención no pasa por la obviedad de dar imágenes a un texto que, de por sí, ni siquiera es teatro (la única obra que Joyce escribiera para la escena es, además, muy poco interesante), sino por encontrar puentes de vinculación entre las ideas y sensaciones planteadas por el irlandés y las circunstancias vivenciales de los que emprenden este montaje: "De golpe el exilio interior nos ha pegado y no hallamos nuestra casa en ningún sitio", expresan en su carta a Joyce que encabeza el programa de mano.

Acotado el foro al máximo, apenas el cruce de dos paredes recortan la realidad escénica, que queda como captada por una lente en un rincón remoto y nocturno de la subjetividad del narrador. Capaz así de desarrollar su monólogo interior con todas las deformantes y la fragmentación que la oniria y el recuerdo implican.

Una de las características básicas de Joyce es su experimentación con el lenguaje. Acosta, a su vez, apuesta a la ex- perimentación formal acabalgado a un franco sentido del humor, como búsqueda paralela, como riesgo teatral en un camino simultáneo al del escritor, aquí adaptado por Luis Mario Moncada y el mismo Acosta. El resultado, en primera instancia, está impregnado de un espíritu juvenil que le permite jugar desenfadadamente con el bagaje tradicional de recursos expresivos, reírse de ellos y reinventarlos.

Justamente como un adolescente puede hacerlo con las palabras en el momento que por vez primera advierte la posibilidad de servirse, entre asombrado y gozoso, de sus potencialidades malabares para poetizar con ellas. Ese encuentro con el texto en un plano de igualdad analógica —lo que Joyce hace con el lenguaje escrito, Acosta lo intenta con el lenguaje escénico— no solamente le otorga ese primer aire de encantador desenfado, sino que también nos dice de un grado apreciable de madurez artística en el director, capaz de jugar la ingenuidad sin pecar él mismo de eso que, en arte, suele volverse una sensible torpeza.

Naturalmente, algún "pecado" arrastra en este juego, y posiblemente el de mayor peso se encuentre también emparentado con las limitaciones del propio Joyce. Me refiero a una cierta pérdida del sentido del límite en el uso de recursos. En el escritor irlandés esta extralimitaciónse vuelve parte de su estilo y adquiere características casi de absoluto —sobre todo en sus dos obras maestras pudiendo ser una barrera muy difícil de superar para el lector. En este montaje, tal vez los límites se hallen apenas excedidos, con reiteración de efectos que debilitan parcialmente los logros, especialmente en el segundo acto. En este aspecto, siento que si de "pecar" se habla, es preferible —como Joyce— hacerlo en abundancia para que no quede duda que voluntariamente lo hemos deseado como parte criticable o no, de nuestro propio sistema de lenguaje.

El plantel de actores está apenas constituido por tres integrantes: Alejandro Reyes, en el rol protagónico, con Mario Oliver y Arturo Reyes como los resonadores de todo ese entorno que lo va marcando en su etapa de crecimiento. Excelente el trabajo de los tres, con un especial acento para el primero, al que ya viéramos en múltiples trabajos de valor y que aquí reafirma su calidad para actuar eficazmente al interno de equipos con propuestas que interesan por su compromiso y solidez. Cierra el elenco José Enrique Gorlero, presente a través de una iluminación juguetona acorde a la intención global del trabajo.

Hay quienes necesitan volverse serios para hablar de cosas importantes. Otros, como en este caso Joyce y sus adaptadores al teatro, piensan acertadamente que el humor paródico aplicado a un elaborado lenguaje corporal y verbal, también es un camino fértil para desentrañar lo que preocupa a los hombres. Estoy de acuerdo, el reír es una forma de homologarse con los dioses.