FICHA TÉCNICA



Título obra Homicidio calificado

Autoría Víctor Hugo Rascón Banda

Dirección Enrique Pineda

Elenco Alejandro Tomassi

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Bruno Bert, “Para que el olvido no invada la memoria”, en Tiempo Libre, núm. 736, 16 junio 1994, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Para que el olvido no invada la memoria

Bruno Bert

En el teatro Julio Castillo se está presentando la quinta obra que Enrique Pineda dirige de Víctor Hugo Rascón Banda. Se trata de Homicidio calificado (El caso Santos).

Como ya es habitual en este autor, el trabajo se asienta sobre un caso real, sucedido en 1973, en Estados Unidos.

Allí, en una comunidad chicana, una noche son detenidos en su casa dos hermanos de 12 y 14 años acusados de un robo menor en una gasolinera. La policía los esposa, los carga en el patrullero y uno de ellos amenaza al menor apuntándole con una pistola a la cabeza para que confiesen la verdad. Intencional o accidentalmente se dispara una bala y el niño muere en forma instantánea. Se hace un juicio y el responsable es condenado a cinco años de cárcel, de los que purga apenas una parte para quedar luego en libertad.

Veinte años después, Rascón Banda estrena en el Teatro Dallasesta obra (aunque en otra versión) con la presencia de familiares, abogados y testigos de aquel caso. Y al parecer ese trabajo aún continúa en cartelera como un testimonio artístico y social de la peculiar realidad que esa comunidad debe enfrentar en su vida cotidiana. Un teatro para la memoria colectiva. Sin embargo, la dramaturgia de Rascón Banda suele evitar lo plano del realismo testimonial, más bien lo convoca para trascenderlo. Y este también es el caso.

Al presenciar la puesta, advertimos esa particular construcción, que aunque proviene de viejas raíces, es propia de Rascón en varias de sus obras: el trabajar por módulos con un valor casi unitario, que luego son aptos para ser encadenados de distinta forma según la intención y ritmo que se quiera dar con ellos. De esa manera —si el bloque está bien construido— se logra como una saturación de significaciones que mantiene siempre alto el interés del espectador. Los problemas que aquí pueden presentarse son más bien de selección por parte del director para evitar reiteraciones o cortes demasiado bruscos en la estructura narrativa.

Rascón Banda construye Homicidio calificado con reminiscencia de lo que podría ser un filme: la secuencia de un juicio alternada por imágenes de la familia, los abogados, los recuerdos, etcétera.

Dadas las características del texto y el sistema de módulos, las libertades formales para el director son casi totales, permitiendo que él mismo elija la línea que considera más pertinente. Desde un apegado naturalismo hasta una coreografía que bien puede recordarnos aquellas de los setenta, época en que suceden los acontecimientos narrados. Y es claro que de esta manera, el texto resulta influenciado por la imagen, producto de los montajes del director, incluso más de lo habitual en lo que podría ser un teatro convencional. Lo que parece verse aquí por parte del escritor es más bien un apego a lo técnico y un cierto replegarse frente a las exigencias de puesta.

En lo que hace a la labor de Pineda, propone la preeminencia del espacio y un valor de espectacularidad al trabajo; bastante en consonancia con algunas de sus puestas anteriores. Sin embargo, una vez lanzada la estructura del mismo (sobre todo en el primer acto), no la hace crecer, y si bien logra sostener la obra, las imágenes sufren un proceso de empobrecimiento por reiteraciones, manejadas éstas como sistema.

Resulta interesante como propuesta y atrapa como promesa de un desarrollo rico en resoluciones, pero va dejando caer esas posibilidades y los cuadros culminantes nos muestran respuestas formales más bien forzadas, de una originalidad dudosa. Algunas que conservan una cierta eficacia y otras no tanto. De todas maneras, lo sostenido del ritmo y la calidad del equipo de actores hace que las situaciones y el texto se impongan manteniendo el interés del espectador. En los roles fundamentales se encuentran Alejandro Tommassi, como el policía inculpado, con un trabajo solvente que podría aun profundizarse; Luis Rábago como el fiscal, manejando cierto "tipo" que podría provenir de los infinitos seriales gringos con abogados, pero bien Ilamado a escena, y Angelina Peláez como la madre de Santos, el niño asesinado. Su actuación tiene empeño y calidad, como casi todo lo de Angelina, aunque se apetece una mayor presencia del personaje. Interesante también el trabajo de los niños, sobre todo el de Alfredo Gutiérrez, como David.

En definitiva, con Homicidio calificado nos encontramos ante un tema que naturalmente ha de convocar la atención, Ilevado de una manera ágil que siempre se agradece en teatro y con un grupo de profesionales que saben cómo enfrentar un reto escénico. Tal vez no es lo mejor que hemos visto realizado por Rascón Banda y Pineda, pero indudablemente ocupará un lugar de interés en la cartelera de esta temporada.