FICHA TÉCNICA



Título obra A tu intocable persona

Autoría Gonzalo Valdés Medellín

Dirección Gonzalo Valdés Medellín

Elenco Alfredo Vargas

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Bruno Bert, “Todo en exceso es peligroso”, en Tiempo Libre, núm. 735, 9 junio 1994, p. 30.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Todo en exceso es peligroso

Bruno Bert

Gonzalo Valdés Medellín, como autor y director, estrenó hace unas semanas en El Galeón una obra que tiene por nombre un verso de Pellicer: A tu intocable persona. Su tema es el amor homosexual en los tiempos del sida. Siendo periodista, a la estructura que recurre es a la de escenas que recopila un profesional de la prensa en un amplio reportaje alrededor de una pareja gay, uno de cuyos integrantes sufre el síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

No es muy seguro dónde se encuentra puesto el acento fundamental: si en la enfermedad o en las características del amor entre dos hombres, ya que alternadamente el trabajo va pivoteándose entre uno y otro eje.

La propuesta parece tener como fundamento la dignificación de este tipo de opciones afectivas, una cierta dosis de didactismo, sobre todo en relación con la homosexualidad, y la mostración irónica de los manejos del entorno frente a las situaciones límites que el sida provoca en los seres más cercanos al enfermo y en él mismo.

Como idea y como estructura general de propuesta, es la más coherente de las obras que he visto sobre estos temas en los últimos tiempos. Las dificultades mayores se encuentran más bien en el plano artístico. A niveles dramatúrgicos, el tratamiento de cada escena cae con frecuencia en el exceso, y al autor parece costarle diferenciar lo que narra de la forma en que lo hace.

Así, cierta dosis que debiera ser de burla se vuelve cursilería por indiferenciación de cómo está colocada: lo criticado se incorpora como discurso y deja de ser una visión distanciada (que supongo es la verdadera intención) para leerse lineal y directamente.

Medellín mismo, hace comentar a su personaje periodista que el peligro está en volverse Corín Tellado, pero aún a conciencia de esto no puede evitar redundar por momentos en lo que teme. Naturalmente que en esto tiene incidencia también el director (que en este caso, por supuesto, es la misma persona) ya que el manejo de escena y el tono dado a los actores podrían ser una de las formas para evitar el problema que daña notoriamente al trabajo.

Tal vez una de las escenas que resultan más claras al respecto es las dos "comadritas", conjunto de todos los lugares comunes del tema, del dolor de la madre en clave de melodrama y del comportamiento "cliché" de las dos protagonistas. Es un cuadro larguísimo con que se cierra justamente el primer acto. Pienso que potencialmente podría resultar interesante (tal vez como yo imagino que lo pensó el autor... y aun así está excedido en tiempos); sin embargo, el director no encontró la manera adecuada de transmitirnos sus contenidos y el efecto resulta demoledor para la atención y el interés del público.

Cada vez que se habla del amor —y esto obviamente es frecuente dado que es uno de los ejes del espectáculo— se tiende a una caída por indefinición en el manejo de los actores para tratar lo que suena a una reiteración de lo ya oído mil veces en el plano heterosexual, y que, puesto en la boca de dos hombres, se hace más evidente en sus posibilidades de banalidad. Esto, a pesar de una escenografía e iluminación —a cargo de José Enrique Gorleroque se vuelve una rica proposición de distanciamiento para un mejor y más libre aprovechamiento del texto.

La obra está limpia de ese tono autodenigrante que tanto destruye textos teatrales sobre la homosexualidad, sobre todo aquí en México; pero no puede evitar un cierto grado de autocomplacencia que advertimos tanto en el plano verbal como en el de la puesta. En el primero, porque se recurre a casi una ingenuidad didáctica explicando hasta lo obvio: el monólogo del enfermo (ágil en sí mismo pero redundante en el contexto) y la entrevista al escritor, podrían servir de ejemplo; serían mucho más interesantes si pudieran sintetizarse, evitar tantas reiteraciones que contiene sobre lo bueno que es ser homosexual.

En lo visual, la complacencia está dada en los excesivos desnudos y toqueteos innecesarios, como el del monólogo que recién mencionábamos y la imagen del periodista atendiendo el teléfono en calzones.

Felipe Casilla y Evelio Arias asumen los roles fundamentales junto con un elenco encabezado por Blanca Torres. Las dificultades actorales que resultan evidentes creo que provienen sobre todo de esa indefinición en la marcación del director que mencionábamos antes. Son los protagonistas los que se manejan con mayor soltura, los demás parecen retenidos, casi congelados, sin articular un estilo concreto que obviamente no tiene por qué ser naturalista.

En definitiva, A tu intocable persona, resulta una propuesta con todos los visos de algo encarado con profundidad pero que sobrepasó largamente a su hacedor. Sin embargo, pienso que es su mejor producto hasta el presente.