FICHA TÉCNICA



Título obra Lobo

Autoría Jorge Celaya

Dirección Jorge Celaya

Elenco Jorge Celaya, Cynthia Rubio

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, “El que mucho abarca...”, en Tiempo Libre, núm. 728, 21 abril 1994, p. 28.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El que mucho abarca...

Bruno Bert

El teatro comúnmente llamado "de denuncia" tiene su cono de luz pero también un fuerte recuadro de sombra. El primer aspecto está dado posiblemente por la claridad extrema del mensaje, que se vuelve elemento privilegiado dentro del trabajo; el segundo —casi consecuencia inevitable del primero pero en aspecto negativo— es la supeditación de todo lo artístico, que queda como un elemento de vehiculización de lo conceptual, con la natural pérdida de valores que esto implica.

En la Gruta, el pequeño foro del complejo Cultural Helénico, acaba de estrenarse un trabajo que sin ser estrictamente un material de este tipo, se acerca lo suficiente a sus características, como para compartir con él sus virtudes y defectos. Recibe por nombre Lobo y tiene por autor, director y actor a Jorge Celaya.

El tema es el narcotráfico, y la circunstancia anecdótica, las horas finales de un capo en una cueva de la sierra donde se ha ocultado acosado por los mismos narcos (ha asesinado a su jefe inmediato con la intención de tomar el rol de El zar de la cocaína) y la policía tanto nacional como estad unidense. A ese agujero llega una periodista ávida de una nota sobre el caso...

Sobre estos dos personajes, en ese ámbito y viviendo una situación que habrá de ser terminal para ambos, se da todo el arco de la obra, que por cierto, adolece de múltiples problemas dramatürgicos y de realización. En lo que hace al soporte literario (al menos el que podemos apreciar en la puesta), si bien posiblemente basado en hechos reales, se lo advierte constantemente forzado, lleno de inverosimilitudes y concesiones sumamente superficiales: como la que resulta, por ejemplo, de la relación sexual entre los personajes (que además sirve incluso para la cubierta del programa de mano) un desnudo simplista que no viene al caso, pura concesión visual para el espectador. Resulta así una mezcla de folletín —con su villano, sus tiros y momentos de "suspenso"—; novelita romántica y teatro de denuncia social, sin llegar a identificarse plenamente con ninguna de estas posibilidades y los cauces que ellas abren a quien es claro al escogerlas.

Resulta entonces, un híbrido sin lograr cuajar en él una nueva identidad que pueda contrarrestar estas carencias. Sus debilidades resulta difícil saber si las cargamos a cuenta de la autoría o de la realización escénica, que de todas maneras en este caso se haIlan mancomunadas. Al deseo de verismo en la puesta, le contrasta la escenografía de Marco Antonio Hoyo, que por un lado invoca todas las alternativas de un minucioso realismo (caída de agua, hojas secas en el suelo, entrada de luces rasantes desde la supuesta boca de la cueva, etcétera y por el otro las confronta con lo evidente de una lona pintada como terreno o la obviedad de una cámara simulada en manos de la periodista. El espectador se halla a menos de un metro de los objetos utilizados por lo que resulta al menos ingenuo no advertir la necesidad —también aquí— de homologar los elementos de lenguaje para determinar un estilo y mantenerse coherente a él.

Pero esto también se repite en el área de actuación, donde Jorge Celaya, Cynthia Rubio y Bernardo Michel alternan (sobre todo los dos hombres) un formalismo estridente con momentos vivenciales y de encarnación en las quebradas relaciones, que se supone, sostienen a lo largo de la obra. En definitiva, lo que vemos es un problema que se reitera en los tres rubros que Celaya asume en una concentración de roles a todas vistas muy poco aconsejable: fragmentación, poco rigor y exceso de pretensiones.

Hablábamos al principio del teatro de denuncia, y esto porque se supone que Lobo prioritariza un concreto testimonio social sobre el tema: los organismos —tanto nacionales como internacionales y sobre todo los estad unidenses como la DEA y la CIA— que se supone luchan contra las organizaciones de narcotraficantes, son los principales interesados en que éstas continúen existiendo; ya que hasta los mismos hombres suelen operar en ambas. Incluso, el capo narcotraficante al que se apoda Lobo —protagonista del espectáculo— resulta ser exagente de la DEA. No por conocido es menos importante lo que se está expresando, pero la herramienta utilizada para su socialización es de carácter artístico y resulta necesario recordar que la debilidad del vehículo utilizado necesariamente relativiza la eficacia de los conceptos transmitidos. Por lo tanto, resulta poco interesante escuchar, comprender y asimilar algo tan importante como lo que nos expone si, como desgraciadamente es el caso, el espectáculo como tal se halla tan cargado de inconsecuencias artísticas.

Una vez más, las buenas intenciones ideológicas no alcanzan para conformar un mediano producto artístico.