FICHA TÉCNICA



Notas Con motivo de la celebración del Año de Manuel Acuña el autor comenta las representaciones de El pasado después de su estreno, citando el programa de mano de la función a beneficio del actor Carlos Neto

Referencia Armando de Maria y Campos, “En el centenario de Acuña. Reposición de El pasado en beneficio del actor Carlos Neto. Se repite para las familias Un domingo en la tarde. Los amigos de Acuña se lo ofrecen al gran actor José Valero. Las ilusiones de Acuña. III.”, en Novedades, 24 agosto 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

En el centenario de Acuña. Reposición de El pasado en el beneficio del actor Carlos Neto. Se repite para las familiasUn domingo en la tarde. Los amigos de Acuña se lo ofrecen al gran actor José Valero. Las ilusiones de Acuña

Armando de Maria y Campos

Al pie del programa de mano del teatro Principal del domingo 9 de junio de 1872, que anunciaba la reposición del drama "original de costumbres", en cuatro actos y en prosa, del autor mexicano José María Díaz, titulado Virtud y libertinaje, que alternaría con la comedia en tres actos de Bretón de los Herreros Don Frutos en Beltiche o segunda parte de El pelo de la Dehesa, se anunció que para el martes 11, tendría lugar "el beneficio del actor don Carlos Neto, con el hermoso drama del poeta mexicano don Manuel Acuña El pasado. Así satisfacía la empresa Macedo, con la cooperación del actor Neto, al gacetillero de El Siglo XIX, que cada tercer día venía pidiendo la reposición del drama de Acuña.

Carlos Neto consideró preciso dirigirse la público con motivo de la reposición de El pasado y dijo en el programa de su función de gracia: "Después de haber luchado lo bastante para disponer una función digna de los ilustrados hijos de este suelo (Neto era de nacionalidad española), la noche en que soy agraciado por la empresa de este teatro, no he encontrado mejor obra que la que hoy, no obstante las dificultades que se me presentaron, he podido conseguir; confiando no en mi talento artístico, pues absolutamente carezco de él, sino en la bondad del generoso público que se ha dignado acoger mis débiles tareas, y al mismo tiempo fiado en el mérito indisputable de la composición del joven poeta mexicano don Manuel Acuña, que es en cuestión la que he escogido. Esperando con esto conseguir el logro de mis deseos, invito para ello a las personas que concurren a este teatro, para que asistan a la mencionada función, por lo que vivirá eternamente agradecido su servidor Carlos Neto".

El actor Neto compuso el programa de su función de beneficio con la representación del drama de Acuña, precedida por una "gran obertura a toda orquesta", y para quitar el mal sabor de boca que todo drama dejaba, incluyó la comedia graciosa en un acto, de Miguel Pastorfido, Sistema homeopático, que interpretaron el propio beneficiado, la señora Ibarzábal, y los actores Cerecero y Muñoz, éste director de la compañía.

Las pagas para esta función fueron las mismas de la noche del estreno de El pasado; plateas y palcos primeros con ocho entradas, cinco pesos; "grillés" con cuatro asientos, dos pesos y cuatro reales; palcos segundos con ocho entradas, tres pesos; asientos en palcos segundos, tres reales; asiento en luneta, cinco reales –el real se formaba con doce centavos–; y en galería y ventilas, dos reales. A los señores abonados se les reservaron sus localidades, según era costumbre cuando se trataba de funciones extraordinarias, hasta las doce del día de la función.

Acuña se encontraba ya metido en la vida del teatro. Su poema, bien sencillo por cierto, En la apoteosis del actor Merced Morales, y sus versos de homenaje a la joven actriz María de Jesús Servín, tan cantada por otros poetas contemporáneos de Acuña, le habían hecho popular entre los cómicos. "Pobre, laborioso, pensador –escribiría Altamirano– dotado de una imaginación vivísima y de una inteligencia elevada, el cultivo de la poesía fue para su alma una necesidad, a la que consagró todos los momentos que le dejaban libres sus difíciles estudios. Un día quiso ensayarse en algo más serio y difícil que el género lírico, que ya tenía dominado, y preparó un drama basado en el terrible problema de la rehabilitación de la mujer manchada por una falta. Cuando lo hubo escrito se lo ofreció a la actriz española Pilar Belaval, que lo aceptó gustosa". Lo cierto es que antes se lo había entregado al actor y director Eduardo González, en cuyo poder estuvo algunas semanas, devolviéndoselo al autor cuando éste le dijo que la Belaval tenía curiosidad por conocerlo. El manuscrito de El pasado, escrito en forma legible, con letra muy menuda, vino a parar en manos del poeta coahuilense Héctor González Morales.

La consagración "familiar" de las obras de teatro llegaba con la representación los domingos por la tarde. A pesar de lo escabroso de tema de El pasado, que lo es el poco limpio de una mujer, redimida por el cariño de un hombre honrado, que escapa del presente por la ventana del suicidio, el drama se puso en función vespertina el domingo 16 de junio, seguido del sainetillo Sistema homeopático. Una nota del programa arroja luz sobre el interés que había despertado la pieza de Acuña: "La empresa, que no omite medio alguno para complacer a sus favorecedores, ha arreglado para poner en la tarde de hoy, la hermosa composición del joven poeta mexicano don Manuel Acuña, complaciendo al mismo tiempo a la prensa de la capital, que ha pedido la repetición de la obra del mencionado joven".

Las severas costumbres de la época, que consideraban como un ultraje a las mujeres honradas la exaltación, en la rima o en la escena, de las rameras o perdidas, limitaba la representación fuera de México del drama de Acuña. Sin embargo, El pasado fue dado a conocer por la Belaval en Puebla y en Toluca. No obstante, que El pasado fue escrito el año de 1870, Acuña no lo tocó ni retocó nunca. Sus amigos recomendaban el drama a las compañías que actuaban en otros teatros, pero la pieza de Acuña no volvió a representarse hasta el 26 de julio del año siguiente, en el Gran Teatro Nacional, la noche del beneficio de la primera actriz de la compañía de don José Valero, Salvadora Cairón, con resultados poco gratos para Acuña, que había cifrado muchas esperanzas en la interpretación de El pasado, por la compañía del eminente Valero y ante el público, exigente a más no poder, del Nacional.

Valero venía a México por segunda vez. La primera lo había hecho en 1868, con un éxito de expectación y resultados enorme. Contaba en 1868 más de sesenta años y gozaba en España del más sólido prestigio; era habilísimo para interesar al público en su trabajo personal y en el de su compañía. De su primer temporada se recordaba la oportunidad que le dio el actor mexicano Merced Morales de trabajar a su lado cediéndole el protagonista del drama Sullivan, y haciendo Valero el segundo papel, el Jenkins, y cómo en la última función de la temporada había contribuido a la revelación de un joven poeta, Javier Santamaría –el íntimo de Acuña, su más leal propagandista– al permitirle leer unas poesías la noche de su despedida de México.

Acuña soñaba con ver representado El pasado por una compañía de la importancia de la de Valero.