FICHA TÉCNICA



Título obra El coleccionista

Autoría Angel Cerlo

Dirección Angel Cerlo

Elenco Angel Cerlo, Pilar Flores

Espacios teatrales Foro de la Nueva Dramaturgia

Referencia Bruno Bert, “Cazar mariposas nocturnas”, en Tiempo Libre, núm. 718, 10 febrero 1994, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Cazar mariposas nocturnas

Bruno Bert

Hace un par de temporadas me tocó ver, como jurado de la Muestra Provincial de Puebla, un trabajo que resultó elegido entre los finalistas. Se trataba de un espectáculo que creo que llegó a participar en la Muestra Nacional y posteriormente se presentó durante todo el año pasado en el Distrito Federal, en foros de carácter alternativo. Ahora vuelve en temporada entre nosotros, cercana ya a las doscientas cincuenta representaciones. Se trata de El Coleccionista, de John Fowles, presente desde enero en el Foro de la Nueva Dramaturgia.

El material autoral resulta bastante conocido, sobre todo por sus antecedentes cinematográficos y por la amplia difusión que a nivel popular tuvo hace unos años. Es una anécdota bien tramada que aborda básicamente, desde una minuciosa descripción de caracteres, la patológica relación entre un raptor —el simbólico coleccionista de mariposas— y su víctima, una actriz de ínfima calidad que él plagia de la calle en una noche de lluvia.

Los dos actos se estructuran como una detallada serie de acciones que alternativamente nos van dando la doble posibilidad de un asesinato o de una transformación. Según la habilidad de la mujer frente a las actitudes de aparente sometimiento de Charlie, un enfermo fijado en el odio hacia la madre y en la necesidad perenne de vengar la supuesta humillación de su padre. Un complejo de amor-odio que transforma el deseo en rabia e impotencia dentro de un elaborado ritual de muerte. Ubicada la acción en un pequeño sótano donde las emociones y los movimientos saturan el espacio físico y psicológico de los protagonistas, esta especie de thriller se adecua perfectamente a un teatro de cámara, capaz éste de hacer compartir muy cercanamente, casi en complicidad, las alternativas que provoca, teniendo al espectador sentado a escasos metros de la acción.

Para esto se presta perfectamente el lugar elegido por el grupo, ya que se trata de una pequeña sala que conocimos hace algún tiempo, con capacidad para apenas unas cincuenta personas, muy remozada por cierto y de carácter francamente transitorio entre la propuesta amateur con que naciera, hacia una actual intención de clara profesionalización, destinada sobre todo a la muestra de artistas noveles o alternativos.

El trabajo, comparado con la función de sus inicios que me tocó presenciar en Puebla, ha sufrido algunos cambios. Por un lado, la actriz, Pilar Flores, ha ganado en seguridad, en el diseño de su personaje y en el manejo global de la propuesta; pero por otra parte se ha ido cargando de ciertas tensiones que progresivamente fueron sustituyendo las verdaderas emociones que antes ocupaban su cuerpo. Las facetas de ese personaje están ahora como talladas a grandes golpes, perdiéndose los matices con predominio de las actitudes histéricas que no siempre enriquecen la visión de ese ser en última instancia débil, pero con capacidad para elaborar estrategias frente al agresor. Tal vez esto se haya acentuado un poco a raíz de que el actor original ha sido sustituido por el mismo director, Ángel Cello, lo que conlleva una pérdida de visión objetiva de su parte. Y esto no sólo para el trabajo de la mujer, sino también para el suyo propio, que adopta límites similares a los de su pareja: el abocetamiento y la falta de profundidad. Esto quiere decir que tal vez haya llegado la hora de rever ese material, que evidentemente ha sido fértil durante tanto tiempo, al estilo de aquella obra sobre la Guerra de Secesión Americana que nos presenta Carpentier al comienzo de Los pasos perdidos. Sigue mostrándose interesante en varios aspectos, y aún es atractiva para el público que la comparte cada función.

Sin embargo, a nivel de su valor artístico, ya el material les está sugiriendo a sus autores una revisión a fondo o un cambio de programa para que vuelva a primar aquello que resultó interesante hace dos años: el empeño y la seriedad de sus creadores, y no sólo una trama atractiva con algunas imágenes provocadoras.

Indudablemente, hay capacidad artística para este necesario salto, así que sólo se trata de darlo. Mientras tanto, El coleccionista continuará clavando mariposas nocturnas...