FICHA TÉCNICA



Título obra Beau Jest

Autoría James Sherman

Dirección Josefina Félix

Elenco Cecilia Gabriela, Marcelo Buquet

Referencia Bruno Bert, “El novio inexistente”, en Tiempo Libre, núm. 715, 20 enero 1994, p. 30.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El novio inexistente

Bruno Bert

El año se abre aún con los materiales que se mantuvieron en temporada. Los estrenos vendrán en unas pocas semanas y mientras tanto vemos aquello que nos había quedado en el tintero del 93. Por ejemplo, una comedia que se está presentando en el Virginia Fábregas: Beau Jest, algo liviano como para toda la familia (para todas las familias que quieren ver algo liviano, claro) compuesto por James Sherman y dirigido (creo, porque no figura su nombre en el programa de mano) por Josefina Félix.

La anécdota queda centrada en una muchacha judía, de posición acomodada y con una familia sumamente ortodoxa en lo que a religión y costumbres hace. A pesar que ya tiene edad suficiente como para vivir sola en su propio departamento, depende emocionalmente de sus padres para la elección de pareja, ya que éstos ven con muy mala cara el que ella pueda llegar a elegir un esposo fuera de la comunidad judía. Como el caso es que justamente su novio es gay y su familia insiste en que escoja pretendiente, ella inventa uno y para esto contrata a un actor que trabaja como acompañante de damas solitarias (aunque honorables, hay que aclarar). Naturalmente, este hombre tampoco es judío aunque deba hacerse pasar por tal. No es difícil imaginar que lo que nace como un juego termina convirtiendo se en un tierno romance al poco tiempo, complicando aún más la situación, ya que ahora son dos los novios, ninguno de ellos dentro de la "comunidad" y la familia encantada a la espera de un casamiento con un ser que en realidad no existe.

La estructura de sostén es bastante sólida ya que está tejida con habilidad por parte del autor y se apoya además en modelos que son ya clásicos dentro de este género, a partir de la idea de sustitución de identidades, juego de celos, imposiciones de las familias y los enredos que todo esto conlleva, con la aceptación final de los padres, que ceden en un gesto de afecto que bien puede ser el que da motivo de título a la obra.

Casi el mismo modelo podría haber sido utilizado por Moliere hace tres siglos o incluso por Labiche en el diecinueve. Entramada en la estructura y la anécdota, se nos brinda una descripción bastante detallada de algunos rituales judíos en relación con la comida y con ciertas fiestas que le son típicas. No tengo elementos de juicio para apreciar su fidelidad en relación con lo que sucede en la realidad, pero a juzgar por los comentarios de una pareja judía que tenía a mis espaldas y que iba traduciendo las palabras en hebreo que pronunciaban los actores, es de suponer que lo que se ve en escena puede resultar un reflejo de la realidad. A esto se suma la descripción de la típica madre judía y además los comportamientos de las parejas ya otoñales con treinta años de matrimonio. En fin, que evidentemente se trata de un producto sumamente empático para aquel tipo de público al que está dirigido. Sea este judío o no.

Naturalmente la labor de la dirección en este tipo de trabajos es bastante modesta (claro que no debiera serlo al extremo de ser negada en el programa, al igual que la escenografía y la iluminación, ambas "de oficio") y más bien se basa en el acompañamiento al trabajo de los actores. Simplemente un diseño claro de tránsito en escena, el calibrar ritmos y tonos, el crear las atmósferas correctas y dejar que las cosas se sucedan sin brusquedades. Y esto está logrado.

Los intérpretes están encabezados por Cecilia Gabriela en el rol fundamental, con Roberto Blandón y Marcelo Buquet, asumiendo al primer y segundo novios, respectivamente. Tara Parra y Miguel Córcega son los padres, completando el elenco Juan Ignacio Aranda como el hermano psicólogo de la protagonista. Se trata de un elenco bastante compacto, de rendimiento parejo, en donde cada uno tiene su "momento" para el lucimiento personal de sus capacidades histriónicas. Y cada cual lo aprovecha y el público lo festeja sin estridencias pero con una risa que se deja oír. Posiblemente la más entrañable resulte la pareja mayor, y también la que demuestra una mayor soltura y una más estrecha complicidad con el público, que termina esperando sus pequeños gags verbales y gestuales. Pero esto sin deslucir el buen rendimiento general.

No queda mucho que agregar. Un trabajo liviano, como decíamos al principio, que no intenta la crueldad sino sólo la sonrisa, sin concesiones demasiado evidentes ni pretensiones que excedan la de una comedia standard de carácter comercial. Un material profesional que sabe sus objetivos y cómo lograrlos.