FICHA TÉCNICA



Título obra El extraño jinete

Autoría Michel de Ghelderode

Notas de autoría Nina Serratos / adaptación

Dirección Nina Serratos

Elenco Juan Carlos Remolina, Emilio López, Leticia Bonilla, Fidel Monroy, Arturo Reyes, Claudia Ríos, Adriana Rovira, Luis Javier Somoza, Karim Martínez

Escenografía Mónica Kubli

Notas de escenografía Mónica Kubli y Nina Serratos / máscara

Música Laura Serrato

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Bruno Bert, “El Indeseable Jinete”, en Tiempo Libre, núm. 706, 18 noviembre 1993, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El indeseable jinete

Bruno Bert

Hace unos meses comentábamos en una nota que nos provocaba cierta extrañeza el que hiciera años que ningún director de nuestro medio convocara a Michel de Ghelderode a la escena. Escritor sumamente prolífico aunque no muy comprendido en su momento, representa exactamente la irrupción de una visión medievalista al interno del siglo veinte. Flamenco como Brueghel o Bosco, utiliza su mismo sistema de composición abigarrada, donde pululan una serie infinita de pequeños personajes grotescos que dialogan con la eternidad a partir del sexo y la blasfemia.

Obviamente se trata de un dramaturgo de la atipicidad, asombro y rechazo de sus contemporáneos, heredero directo del teatro prerrenacentista, aquel de los grandes escotillones donde el cielo y el infierno dejan ver a sus personajes entre humos y cadenas para goce y terror de los espectadores de la plaza. Su estética se enlaza con la danza macabra y con el directo sentido de la fiesta, aquel fenómeno público y medieval donde se encontraba subsumido el hecho teatral, como un poderoso revulsivo escatológico de vigorosas raíces populares. De ahí lo subversivo de su lenguaje y el valor de los jugos primarios del hombre, donde orines, mierda y semen se mezclan con la sangre y el escupitajo en un desenfrenado festín al que por siempre está invitada la muerte.

Finalmente alguien ha llamado a este verborreico creador de imágenes: se trata de Nina Serrato que acaba de llevar a escena El extraño jinete, una de las obras breves de Michel de Ghelderode, en el espacio circular del teatro El Granero.

La propuesta cuenta con el trabajo escenográfico de Mónica Kubli, que obviamente resulta un factor fundamental en la recreación de ese texto ya que propone un espacio y una texturización del ámbito, a través de una compleja maquinaria escénica, capaz de vincular esos temas primarios tan caros a Ghelderode con una estética contemporánea que me resulta particularmente eficaz y reconocible en su gramática constructiva.

Aquí el tema-excusa para el acoso ético a la miseria humana es un asilo de ancianos desahuciados, mitad humanos y mitad monstruificados por las tareas de la edad y las deformaciones del cuerpo, entendiendo a éste casi como excrecencia visible y denunciadora de todas las transgresiones morales posibles. Esos, a los que ya nada les cabe esperar salvo la tumba se aterran ante la visión —narrada por un vigía— de la muerte que en majestuosa apariencia llega al hospital que alberga el hospicio donde se encuentran. Nadie desea ser el invitado a partir y con una obstinación de gusanos prefieren sus cuerpos lacerados a un descanso final, combinando con la muerte un trueque que es irrisión y enseñanza patética para los espectadores en un didactismo ingenuo y eficaz que seguramente habría llenado de horror a un campesino que hubiera podido asistir a tales representaciones hace seis siglos.

Aquí Nina Serrato y Mónica Kubli combinan elementos para un teatro del cuerpo y la violencia donde el manejo del objeto, la máscara —sea la facial como la que por momentos se adiciona al rostro para la danza de la muerte—el valor de los trajes y la doble vertiente de la voz como portadora de sonoridades desgarradoras e impulsora de conceptos, se entrelazan fuertemente en un discurso de una sensorialidad agresiva, con un ritmo permanentemente sostenido y complementario por la música de Laura Serrato. Naturalmente, aquí el actor es a la vez la clave de la bóveda del espectáculo y el valor anónimo que cobra todo su impacto a partir de lo colectivo. Porque así era la concepción medieval del hombre —pública y colectiva— sobre el que se apoya el concepto que trabaja Ghelderode en sus obras.

Se trata de un equipo muy bien entrenado corporal y vocalmente, al que mencionamos por sus nombres a pesar de la coralización de sus personajes: Juan Carlos Remolina, Emilio López, Leticia Bonilla, Fidel Monroy, Arturo Reyes, Claudia Ríos, Adriana Rovira, Luis Javier Sorroza y Karim Martínez.

El trabajo es muy limpio, y si bien pueden visualizarse algunos pequeños escollos, éstos no llegan a poner en tela de juicio la unidad estructural del espectáculo. Aquí más bien nos acercamos a una cuestión de estéticas, de identidades y de la validez de las mismas en la realidad teatral de nuestro medio. En lo personal comparto estos lineamientos a los que siento vinculados a una concreta corriente estético-conceptual que se desarrollara en la última década. Cabe ahora al público decir con su presencia la última palabra.