FICHA TÉCNICA



Título obra Asesino personal

Autoría Rocío Carrillo

Dirección Rocío Carrillo

Elenco Edgar Alexen, Damián Delgado, Estela Enríquez, Benjamín Gabarre, Alejandro Juárez Carrejo, Alejandra Montalvo

Música Rosino Serrano

Grupos y compañías La Rendija

Espacios teatrales Claustro de Sor Juana

Referencia Bruno Bert, “Asesino personal, exponente del teatro off”, en Tiempo Libre, núm. 702, 21 octubre 1993, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Asesino personal, exponente del teatro off

Bruno Bert

Un grupo de reciente fundación, parte de cuyos integrantes provienen de una división de La Rendija, acaban de estrenar en el Claustro de Sor Juana un espectáculo que tiene por nombre Asesino personal, bajo la idea y dirección de Rocío Carrillo.

El espacio utilizado para la creación de este trabajo no tiene las características convencionales de un teatro, sino que han acondicionado una amplia sala que estructuralmente ya posee ciertos desniveles y escaleras, generando un intermedio entre la escenografía y la ambientación. Así, jugando con una iluminación de fuertes contrastes y la presencia casi constante del humo como recurso expresivo, logran vincular las distintas partes —que prácticamente incorporan al público— con un concepto de unidad múltiple. El resultado es efectivo, aunque podría mejorarse si lo asumiera un escenógrafo, destinado a crear en cada microespacio unidades expresivas y no meras yuxtaposiciones de elementos naturalistas, pertinentes en sí pero insuficientes en el renglón artístico.

En este medio, con reminiscencias del cine negro de los cuarenta, se desarrolla un thriller, fuertemente sostenido en su estructura climática por la música de Rosino Serrano. Están las mujeres que mueren desangradas por la noche, luego que un misterioso amante las abandona; se encuentra un psicólogo hacia el que convergen las sospechas, ya que todas han sido pacientes suyas; no falta el detective de costumbre con sus conflictos emocionales y, naturalmente, también podemos encontrar el bar nocturno donde canta un travesti frustrado y en el que se establecen las citas fatales.

Sobre esta plataforma, en donde el espectador puede encontrar todas las evocaciones culturales que lo conecten con el género a partir de elementos estereotípicos; el grupo instrumenta su propio lenguaje, según pautas de identidad que ya le viéramos en montajes anteriores (aunque no se llamaran Organización secreta, con fabulación teatral, como ahora); un cierto barroquismo de la imagen; un regusto hacia lo psicológico; el particular valor por los desnudos, sobre todo los femeninos; un natural rozarse con el surrealismo; un cierto placer por el guiñol y su evocación de la sangre, la muerte y el sueño. Y también una innegable habilidad constructiva para la texturización dramatúrgica, una franca imaginación y una cierta aspereza para el logro de los resultados finales: una cierta carencia de pulimento que vuelve basto lo que se apetecería —a mí al menos—tan pulido, brillante y eficaz como la hoja de un cuchillo. Es ese plus el que siento que no termina de cuajar para lanzar a una dimensión más importante a estos interesantes exponentes de nuestro teatro off.

Aquí no podemos hablar del autor en forma independiente a la dirección, no sólo porque ambos roles están reunidos en una misma persona, sino sobre todo, porque es claro que las imágenes constituyen, abundantemente, la mitad del discurso.

Incluso, al parecer, hay un cierto margen para la improvisación cotidiana en los actores, ya que la narración está hilada en una dualidad que contiene simultáneamente la estructura fija del policial, con espacios para la incorporación de las historias personales de los intérpretes, matizando de esta forma la significación global de obra. Es decir, que no solamente nos quedamos con lo que el género nos propone a nivel tradicional, sino que podemos "personalizar" a los personajes y con ellos los "asesinatos" en acepciones que escapan (sin dejarlas de lado) a la linealidad de muertes reales y concretas.

Actúan Edgar Alexen, Damián Delgado, Estela Enríquez, Benjamín Gabarre, Alejandro Juárez Carrejo y Alejandra Montalvo. Se trata de actores jóvenes que no siempre presentan el mismo interés para el espectador, algunos incluso con ciertas necesidades de reforzamiento en los niveles expresivos. Sin embargo, a pesar de esto, logran mantener nuestra atención y compensan con intensidad lo que tal vez flaqueen aún en la experiencia. Por momentos algunos resultan titubeantes, pero intuyo que esto se da en los espacios en que les toca improvisar, por lo que tal vez habría que fluidizar la técnica que utilizan al respecto.

De todas maneras, Asesino personal es un producto que puede ser estimulante a pesar de sus imperfecciones. No intenta el tránsito convencional y se compromete con toda la energía y seriedad creativas con la que el grupo cuenta. Creo que vale la pena apoyarlos con nuestra presencia... e incluso, tal vez darles nuestra opinión personalmente, ya que suelen instrumentarse debates con el público al término del trabajo.