FICHA TÉCNICA



Título obra La noche de San Juan

Autoría August Strindberg

Dirección Susana Wein

Elenco Mercedes de la Cruz, Roberto Medina, Claudia Ríos

Escenografía Jarmila Maserova

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Bruno Bert, “La tímida noche de San Juan”, en Tiempo Libre, núm. 699, 30 septiembre 1993, p. 28.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La tímida noche de San Juan

Bruno Bert

No todas las obras de Strindberg han soportado el siglo que nos separa de ellas, y aún aquellas que vemos todavía con interés; comenzamos a sentir lo preñadas que están por la circunstancia de su tiempo, al que a veces se adelantaban gracias al genio del escritor. Dentro de estas últimas está La señorita Julia, tal vez el más representado de sus trabajos y ejemplo de ese naturalismo a la francesa derivado de la influencia de los postulados de Zalá.

En el Foro Shakespeare tenemos ahora la oportunidad de ver una nueva versión que bajo el nombre de La noche de San Juan ha montado Susana Wein. Sigue siendo admirable la construcción del dramaturgo y la contradicción que tanto Julia como Juan expresan desgarradoramente a partir del conflicto de clases, el concepto del valor social de los sexos y la función del deseo y la transgresión dentro de la sociedad de su época. Quedan resaltados sin embargo algunos saltos excesivamente bruscos en el desarrollo (característica que también es evidente en otras obras y parecieran hablar de una fuerte presión emocional en el escritor en el momento de componer), las señales de su conflictiva relación con las mujeres (su primera esposa, la hermosa Siri, fue la Julia que estrenó el papel) y toda una cadena de ideas que hacía parte de las vanguardias intelectuales del momento prismadas bajo la visión no siempre serena de Strindberg.

De todas maneras se trata de la primera "tragedia naturalista" sueca, despertadora de escándalos e incomprensiones en los primeros años y, sin duda, la obra más afamada de su autor.

La puesta de Susana Wein rescata la minuciosidad de acciones que el drama propone, poetizando levemente el espacio a través de una escenografía —de Jarmila Masserova— que en realidad aligera la carga de pesadez y asfixia que posiblemente contuviera la cocina del Conde. En realidad, por ese lado hay un leve corrimiento hacia un impresionismo que deja como flotando casi ingrávidamente los elementos básicos de la utilería. Quedan así resaltadas las atmósferas y los condicionantes psicológicos, como disminuido visualmente el determinismo social que encarnan los objetos según las propuestas de aquel naturalismo de fin de siglo.

Se trata de una puesta correcta, aunque un poco temerosa, donde la directora no termina de imprimir un sello personal a su montaje y oscila entre el respeto a lo canónico y la intención de superarlo sin que esto llegue a cuajar como una propuesta modificadora e independiente.

En lo que hace a los actores, tenemos a Mercedes de la Cruz en una Julia un poco dada a la estereotipación de lo gestual y con una imagen débil para un personaje de esa envergadura; pero coherente a la proposición que asume y capaz de transitar toda la partitura emocional a partir de las premisas que se propone o toma por indicación de la puesta. En lo que hace a Juan —a manos de Roberto Medina—está organizado a partir de su compañera de rubro. Y en esto la dirección acierta al no desequilibrar generando para el criado un tono acorde al que utiliza su ama. Pasa con ellos como lo que decíamos antes en relación al montaje: son dos interpretaciones tímidas, aunque no necesariamente incorrectas. Tienen momentos interesantes y atisbos de una creatividad que tal vez hubiera sido conveniente desarrollar en mayor medida para alcanzar de alguna manera la dimensión implícita en ese volcán de contradicciones emocionales e ideológicas que Strindberg nos entrega. Paradójicamente, el personaje más pequeño, el de Cristina, la cocinera, al no ser homologado a los otros dos, se le permitió una mayor independencia y resulta sumamente interesante lo que con ella hace Claudia Ríos, seguramente en complicidad con Susana Wein.

En definitiva, tenemos en La noche de San Juan una nueva incitación para abordar a Strindberg, para ver su actualidad y también las acciones del tiempo sobre su obra, en manos de un equipo que labora seria y honestamente aunque pareciera que un poco amedrentado por la sombra de aquel genio tonante y enloquecido.