FICHA TÉCNICA



Título obra La isla de Antígona

Autoría Sófocles

Dirección Aline Menassé

Elenco Aline Menassé

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, “Hiriart en Santa Catarina”, en Tiempo Libre, núm. 688, 15 julio 1993, p. 30.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Hiriart en Santa Catarina

Bruno Bert

En estos días se ha puesto en marcha la nueva programación de Santa Catarina, ese tradicional reducto del teatro universitario en Coyoacán. Esta responde a los lineamientos que Hugo Hiriart, como director del espacio, le imprimiera en un intento de resignificar la función de esa sala.

El primer ciclo recibe por nombre Diez obras, diez directores y comprende un sistema rotativo por medio del cual, de miércoles a domingo, se presentan dos obras breves (y no tanto, porque pueden tener una duración máxima de 70 minutos) al día en una doble tanda que el espectador puede ver por el valor de un solo boleto. Cada uno de los grupos que se presentan lo harán durante cinco semanas, al término de las cuales se renueva toda la programación.

El sistema resulta interesante por diversos motivos: por un lado mantiene al Santa Catrina en constante efervescencia, con casi diez estrenos al mes, que es por lo menos el doble de lo que cualquier sala realiza en un año. Por el otro genera la permanente disponibilidad de ese espacio de cámara para que pasen por él los grupos, elencos y directores que posiblemente tuvieron serias dificultades para encontrar otro lugar de similar prestigio para la presentación de sus trabajos. A esto se agrega el bajo costo del montaje de cada una de estas obras y el incentivo creado —sobre todo en los estratos más jóvenes de la comunidad logra que en estos momentos no menos de una docena de directores estén en una acelerada labor de montaje para las nuevas fechas del Santa Catarina.

De esta manera, posiblemente por un periodo limitado de tiempo, este pequeño teatro se vuelve como un muestrario de las "nuevas" voces del teatro mexicano. Naturalmente nos encontramos con materiales muy disparejos, pero el lanzarnos a la palestra significará no sólo cumplir con una de las funciones básicas del teatro universitario; sino también una posibilidad de confrontación y por ende de crecimiento para los realizadores. Por otra parte seguramente aparecerán algunos materiales de verdadero interés que habrán de ser salvados en otra sala para temporadas más extensas a posteriori de las cinco funciones reglamentarias.

Esta semana he asistido a la jornada del jueves. En ella uno de los grupos se había desarticulado a último momento y Hugo Hiriart decidió suplirlo por una especie de charla pedagógica dada por él mismo sobre La visión del tema de la muerte en el teatro de la antigüedad. Para quien importa de este oficio, es un tópico que resulta interesante e Hiriart, en una forma coloquial, casi de plática informal fue adentrándose en los prolegómenos generando curiosidad e invitando a los espectadores para continuar con esto en un ciclo de cinco semanas con participación en la escena (se hacen pequeñas demostraciones) de los mismos espectadores.

Funcionó y seguramente no le faltarán oyentes en los jueves que sigan.

En la segunda parte del mismo programa, se presentó Aline Menassé en La isla de Antígona, un material que se basa en el conocido personaje mitológico tomado en este caso de la obra de Sófocles. A esta actriz ya la hemos podido ver en dos o tres trabajos anteriores (no ha participado en más en los últimos diez años) y sabemos de su fuerza expresiva y de la calidad con que sabe resolver algunas imágenes, con una peculiar gramática narrativa. Reencontramos esto en La isla de Antígona, pero al funcionar simultáneamente como autora (adaptadora de textos clásicos con interpolaciones personales), actriz y directora, pierde necesariamente capacidad de visión global del espectáculo y se notan una serie de carencias en el área de dirección.

Por un lado se muestra excesivamente preocupada porque el público comprenda la historia de Antígona, lastrando el trabajo con un didactismo innecesario; por el otro, al no poder autoobservarse pierde el ritmo del montaje y cae en reiteraciones formales y conceptuales que habría que eliminar para un mayor disfrute de lo resultante. Y es que a pesar de los inconvenientes mencionados, hay momentos muy rescatables. Incluyendo la concepción escenográfica (¡que también le pertenece!), de fuertes y sugestivas texturas. Un trabajo que merece la incorporación de un observador externo de confianza, una pulida general y posiblemente una temporada más larga en otro espacio una vez logrados estos objetivos.

Al parecer el Santa Catarina se propone como catalizador de nuestra atención en los próximos meses. Estamos entonces atentos a lo que sucede en él.