FICHA TÉCNICA



Título obra El Edipo imaginario

Autoría Alberto Castillo

Dirección José Ramón Enríquez

Elenco Margarita Castillo, Germán Corona, Aída López

Espacios teatrales Centro Universitario de Teatro

Referencia Bruno Bert, “El Edipo imaginario”, en Tiempo Libre, núm. 686, 1 julio 1993, p. 38.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El Edipo imaginario

Bruno Bert

En el ámbito del CUT se está presentando una obra de Alberto Castillo, un dramaturgo de nueva generación proveniente de los talleres de Hugo Argüelles y José Antonio Alcaraz. Se trata de El Edipo Imaginario que fue llevada a escena por José Ramón Enríquez luego de haber sido premiada en un certamen literario.

Como lo sugiere el título, encara el tema de la relación incestuosa, claro que en el plano de lo imaginario y en un tono festivo. Por supuesto lo maneja en un doble carril, porque si hay hijos que desearían eternizar su relación de dependencia con la madre, es también porque han encontrado a la mujer que justamente se ha aferrado al cordón umbilical por el otro extremo con igual fervor y perseverancia. Entonces, una inevitable y encantadora relación de dos con un tercero de por medio, que en este caso no es la molesta figura del padre sino una tía medio bruja que campea por los mismos lares. Un tema, tres actores y el reducido espacio del CUT.

El material es simpático y desenfadado, pero hay que tener en cuenta que aborda los lugares comunes sobre la maternidad: el placer con los excrementos del bebé; la mamila y sus implicaciones; el retozo de conclusión erótica; el odio hacia el padre como competidor, etcétera; y también sobre las posturas de antiguo feminismo que en enfocarlo desde un sesgo nuevo para no caer en la obviedad que sólo provoca sonrisas por la redundancia. Algo de esto sucede con El Edipo Imaginario.

Tal vez influya el que el autor está tomando experiencia y entonces es aún un poco indiscriminado en la selección de sus materiales. Tal vez es la etapa en que da pena descartar sobre lo escrito y entra en la misma bolsa lo bueno y lo mediocre. En realidad hay en la obra elementos interesantes, enfoques originales y un cierto humor sarcástico de buena ley; y esto nos dice que seguramente hubiera conseguido una obra mucho más sólida con sólo ser más severo con ella, volviendo tal vez a reelaborarla sobre lo que hoy vemos que —al menos desde mi punto de vista— puede ser una buena base pero no un buen producto terminado... a pesar de las premiaciones.

En lo que hace a la dirección, Enríquez recurre a un juego de ilustraciones, donde el valor del texto está orientado en la misma dirección que las imágenes que él construye. Si se habla de bebés, entonces construirá la sugerencia de una habitación infantil, desproporcionando sólo las dimensiones de los objetos como sería habitual en cualquier programa cómico; pondrá un pañal gigante a un actor en calzones y una cuerda plástica de cintura a cintura simbolizará el cordón bendito mientras la leche salpica realmente y el talco es vertido con generosidad entre las piernas peludas (y por lo tanto cómicas) del berrearte bebote. Se trata de un sistema ingenuo, deliberadamente elegido, que da ciertos resultados y por momentos agrada, pero también se vuelve reiterativo y árido para intentar una cosecha más fértil en lo estético y también en el manejo de lo conceptual.

Tal vez los puntos más interesantes se encuentren en la actuación, que está a cargo de Margarita Castillo, Germán Corona y Aída López. La primera de ellos —que construye el personaje de la fársica tía con frustrados arranques de brujería— es la que indudablemente se lleva las palmas en cuanto a recursos, dinámica y presencia escénica. En cuanto a la pareja que asume los roles principales, realiza su trabajo con soltura, y si falta cierta madurez escénica, debemos recordar que nos encontramos en el CUT y que ambos se hallan en su año de graduación, lo que redimensiona la calidad de su trabajo.

A decir verdad, el poster que anuncia el espectáculo da una pista mucho más elaborada que lo que habremos de encontrar realmente en el escenario, que es un producto por momentos agradable, con algunos hallazgos y toques en la actuación que resultan atractivos, aunque finalmente modesto como proposición final.