FICHA TÉCNICA



Título obra Hace tiempo

Autoría Harold Pinter

Notas de autoría Adriana Sandoval / versión libre

Dirección Emoé de la Parra

Elenco Luis Rábago, Carmen Beato, Genoveva Álvarez

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Bruno Bert, “Hace tiempo”, en Tiempo Libre, núm. 685, 24 junio 1993, p. 28.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Hace tiempo

Bruno Bert

Harold Pinter, el autor inglés que tanta importancia tuviera para el teatro, sobre todo en los sesenta, continúa creando y manteniendo interés por sus obras entre los directores de México, quienes además han tenido oportunidad de conocerlo y escuchar sus puntos de vista personalmente no hace mucho tiempo. En menos de un año se han visto tres puestas de sus obras, y ahora en El Granero tenemos oportunidad de encontrar otro material suyo, adaptado en una versión libre por Adriana Sandoval. Se trata de Hace tiempo, basado en Old Times (71), que lleva a escena Emoé de la Parra contando con Luis Rábago, Carmen Beato y Genoveva Alvarez, como actores.

Heredero del teatro del absurdo, Pinter es esencialmente un maestro del lenguaje, que utiliza no sólo para desenmascararlo en sus limitaciones en cuanto instrumento de comunicación, sirio también para tejer con él y a partir sobre todo de las ausencias y vaguedades, un clima de intranquilidad que va maniobrando hábilmente a lo largo de toda la obra. El valor de los sueños, la relatividad de los afectos y la sensación profunda de soledad en un tiempo que se quiebra y empantana, se mezclan entre los componentes de la obra como partes de una bebida en un encuentro social intrascendente.

Cada uno acecha y sonríe sin definir jamás los contornos precisos de su miedo o su vacío. Todo parece claro pero nada lo es. No tengo a mano la posibilidad de cotejo entre el original y la actual adaptación, pero digamos que en todo caso es claro que Adriana Sandoval ha sabido captar lo esencial en Pinter y mantenerlo, recreándolo en un tejido literario sumamente apegado al estilo y al clima del material que le sirve de base. En todo caso, pareciera darse como una acentuación de los lineamientos estilísticos y sus efectos.

Aquí vemos a tres personajes: una pareja burguesa que vive en una villa en las afueras de Londres y una invitada que al parecer viene de Italia para reencontrar a la esposa del anfitrión, con la que ha compartido una brumosa y ambigua relación de amistad y convivencia. Un material escueto que permite dispararlo hacia múltiples vertientes: el policial, el melodrama, la comedia de enredos o la pieza absurda de raíz ionesquiana. Pinter (y su adaptadora) deciden estallarlo hacia todos los puntos simultáneamente, y lo hacen con una seguridad de manejo realmente admirable; aunque en esto incide, naturalmente, la calidad de la puesta de Emoé de la Parra.

Exteriormente nada sucede, sólo es el fluir de las palabras que enraizan sus intenciones en el terreno del pasado, es decir, en ese lugar donde los hechos se reinventan una y otra vez al calor de la mentira, de la necesidad o de la angustia. Como bien cita el programa de mano: "El pasado es otro país. Ahí hacen las cosas de diferente manera".

Y decíamos que en este tejido importaba sustancialmente la labor de dirección, porque ésta es el constante contrapeso para evitar que el material —interesante pero inestable y peligroso como un compuesto químico— se disuelva en lo incomprensible o en lo insustancial. Potencia en cambio —con su concepción de puesta— la habilidad del autor y da lo propio: la labor con los actores, el juego de las intenciones, lo cuidado del ritmo y un trazo escénico muy "suave" pero sólido constituye indudablemente la mitad del discurso escénico y permite que Hace tiempo se transforme en un juego inquietante de partes muy bien entramadas.

Los tres actores manejan en forma muy competente sus papeles, entendiendo aquí la duplicidad que esto conlleva, porque cada personaje es a la vez un consumado histrión en relación con los otros, para los que actúa constantemente en un escamoteo de identidades. Su trabajo es parejo y cada uno tiene momentos en los que asume la conducción o el quiebre de ese espacio colectivo de la insatisfacción recubierta de amenazantes buenos modales. Un trabajo de equipo que potencia individualidades. En definitiva: una sólida propuesta donde el teatro es el verdadero protagonista.