FICHA TÉCNICA



Título obra El rehén

Autoría Ronald Harwood

Dirección Luis de Tavira

Elenco Alejandro Tomassi, Juan Felipe Preciado, Fernando Rubio, Joaquín Garrido, Fernando Torre Lapham, Jesús Angulo

Escenografía Gabriel Pascal

Iluminación Gabriel Pascal

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Bruno Bert, “Bocanadas de dios para calmar el miedo”, en Tiempo Libre, núm. 682, 3 junio 1993, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Bocanadas de dios para calmar el miedo

Bruno Bert

Hace ya tiempo, cuando vimos La séptima morada, de Luis de Tavira, comentábamos la sensación de que se trataba de un espectáculo terminal. Que allí concluía claramente una etapa de este director, tanto en el sesgo dado a las temáticas encaradas como en los lenguajes utilizados para hacerlo. A este le siguieron otros trabajos que, al menos a mi parecer, fueron bastante fallidos, confusos, poco aportativos, digamos que de transición.

Ahora ha estrenado en el Foro Shakespeare El Rehén, un material sugerido por un guion cinematográfico a partir de textos originales de Ronald Harwood. La traducción y adaptación local pertenece a Juan Tovar. Siento que aquí —sin abandonar una coherencia de continuidad— se inicia la nueva etapa que intuyéramos, con un sólido producto que puede admitir todas las polémicas —incluso las incentivas— pero que indudablemente se halla asentado sobre una calidad de realización y una seguridad de planteo creativo que reencuentra los motivos por los que de Tavira adquirió prestigio en nuestro medio.

La anécdota nos sitúa en algún punto de la Inglaterra contemporánea, en un albergue que recibe en forma posiblemente transitoria a sacerdotes que se hallan en situación de conflicto en relación con la fe. Es una suspensión de su estado que los mantiene en un "limbo" entre la Iglesia y el mundo. Allí habita un teólogo que ha desandado el camino de la creencia y escrito varios libros al respecto, tildándola de síntoma neurótico. Esta persona en un viaje como conferencista, cae prisionero en Medio Oriente de un grupo terrorista musulmán. Son cinco meses de arduo cautiverio hasta su liberación y regreso al "limbo" que antes lo alojara. Es el lugar donde sucede toda la acción de la obra, en un lapso de un par de semanas, que permiten confrontar la nueva situación del que fuera rehén, con la de sus compañeros. Por supuesto, son muy claros y recordados por todos los hechos referenciales que en la realidad sirven como base a esta historia. En su momento la prensa y la televisión los difundieron ampliamente. Pero lo verdaderamente importante no es ningún apego a lo documental, sino su utilización para crear este espacio reflexivo-emocional que fue primero la película (no la he visto) y es ahora la obra de teatro.

La estructura, posiblemente desde el original pero de seguro consolidada por Juan Tovar en la adaptación, presenta una solidez y una claridad que resulta incluso poco usual en los trabajos de De Tavira que generalmente prefiere dejar un cierto margen para la ambigüedad y la reinterpretación. Y es sobre esto que se inserta, resignificándola, una puesta que aparece asimismo como inusual si la comparamos con el trabajo de los últimos años de este director. En ella es especialmente interesante advertir su capacidad en el manejo de las acciones escénicas, dándoles un doble valor dentro de la dramaturgia que maneja. En esto colabora eficientemente Gabriel Pascal, diseñando a través de la escenografía y la iluminación un uso del espacio que trae reminiscencias de aquellas acciones simultáneas, independientes y entrelazadas que viéramos en puestas como Nadie sabe nada.

El trabajo de los actores es creativo y fuertemente acotado para lograr matices dentro de un prisma común de una concepción unitaria que evidentemente es de dirección. Destaca entre ellos Alejandro Tomassi, en el papel protagónico del reverendo Farr, en una de las interpretaciones más interesantes que en lo personal le haya visto. Resulta, asimismo, evidente el compromiso y la calidad de sus compañeros: Fernando Rubio, Joaquín Garrido, Fernando Torre Lapham, Jesús Angulo y Juan Felipe Preciado, formando un homogéneo equipo, que logra interesarnos casi constantemente a pesar de largos momentos donde prevalece el debate reflexivo o la narración.

Se trata de un regreso al teatro de la palabra desde una perspectiva más enriquecida de aquellas que viéramos últimamente en nuestro medio, anulando espacios y cuerpos en sesiones casi de tipo radiofónico. Una obra que puede ser comienzo de una fértil etapa para de Tavira. Queda compartir o no las posiciones ideológicas que sustenta; con este resucitar de lo divino, acabalgado a los tiempos de crisis y en coincidencia con la posible sublimación de otros afanes y haceres.

Bocanadas de Dios para calmar el miedo, como sugiere un personaje. Pero aquí la palabra la tiene el público en confrontación con un producto maduro y de indudable calidad artística.