FICHA TÉCNICA



Título obra Pecatta summa

Autoría Abraham Oceransky

Notas de autoría Basada en la versión de J. de Arteche del texto de Agnes of God, de John Pielmeier

Dirección Abraham Oceransky

Elenco Susana Ugalde, Yoloxóchitl Flores Granados, Josefina Villalobos Santana

Escenografía Abraham Oceransky

Espacios teatrales Centro Universitario de Teatro

Referencia Bruno Bert, “Gran summa”, en Tiempo Libre, núm. 672, 25 marzo 1993 p. 20.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Gran summa

Bruno Bert

Abraham Oceransky siempre ha gustado hacer de sus espectáculos (sobre todo de los mejores) una fuente de reflexión filosófica o, que tal vez sea casi lo mismo, transformar sus inquietudes metafísicas en imágenes teatrales. Esto resulta especialmente interesante porque implica un juego de creatividad casi libre de precondicionamientos externos fuera de los propios sistemas de ideas que se ponen en movimiento a partir de la interacción con los actores.

Ahora está presentando un trabajo de estas características en el CUT, elaborado con alumnos de último año. Se trata de Peccata suma, basada en la versión de J. de Arteche del texto de Agnes of God de John Pielmeier. La obra tiene la característica de reunir en sí dos posibilidades distintas: la de un intrincado laberinto especulativo sobre los valores como el bien, la "gracia" y la duda (sobre todo esta última que constituye justamente el "máximo pecado" al que hace referencia el título), junto con una estructura de soporte que bien podría incluirse en una novela policial.

Anecdóticamente nos enfrenta a una monja que ha tenido un hijo y lo ha asesinado al momento del nacimiento. Parece padecer de una enfermedad mental que podría invalidar un veredicto de culpabilidad criminal, por lo que se le pone en manos de una psicóloga que habrá de dictaminar su grado de conciencia en los acontecimientos y también si efectivamente ha sido ella la autora o si, por el contrario, fue otra hermana del convento, sobre todo la madre superiora, que parece intentar proteger su estado bajo interpretaciones místicas.

El niño no ha tenido padre visible y la hipótesis, un tanto absurda para la médica, pasa por una segunda divina concepción.

Se trata de una estructura sólida manejada con habilidad que permite pasar hábilmente el peso de la atención de la especulación a la vigilancia casi sin advertirlo, para entregarnos de inmediato otro tramo donde cada personaje vuelve a sumergirse en las aguas turbias de los propios esquemas de pensamiento.

Se prescinde casi de escenografía. Más bien se dibujan planos en donde Oceransky propone imágenes que recuerdan otras obras suyas, perfilando estilísticamente la labor de este director. No se trata de su labor más creativa, recordamos otras de mayor caudal expresivo y más logros en el plano del manejo del actor; pero sin embargo es claro que se trata de un trabajo seriamente encarado, que permite a los participantes entrar en el terreno profesional desde una perspectiva de involucramiento con los aspectos medulares de la creación actoral y no sólo con la espuma del oficio.

Un material lógico para el espacio donde se está presentando. Se trata apenas de tres personajes: la madre superiora, interpretada por Yoloxóchitl Flores Granados con corrección, creativamente, pero aún con ciertas naturales limitaciones en su paleta expresiva; Agnes, la monja, asumida por Josefina Villalobos Santana, y la doctora Livingstone (un nombre bastante particular y casi ilustrativo para ese personaje), que le cupo tomar a Susana Ugalde Alcántara.

Es sobre estos dos últimos personajes donde pivotea la mayor responsabilidad del trabajo, y resulta interesante no sólo el empeño que ambas actrices ponen, sino también los resultados de muchos momentos de la propuesta. Tal vez falta consolidar la unidad de rendimiento, pero esto es pecatta minuta, y lo que logran es suficiente para interesar y también para augurar un prometedor desarrollo... si en su carrera continúan trabajando con directores creativos que son asimismo excelentes maestros de sus actores, como en el caso actual de Oceransky.

En definitiva, un trabajo de profesionalización para un grupo de estudiantes con la solvencia necesaria para interesar de buena ley al público.