FICHA TÉCNICA



Título obra Arcángel

Autoría José Dimuyaga

Dirección Tito Vasconcelos

Elenco Tito Vasconcelos, Mónica Serna

Escenografía Chac

Música José Antonio Alcaraz

Espacios teatrales Foro Rufino Tamayo del Bosque de Chapultepec

Referencia Bruno Bert, “El mensajero Tito”, en Tiempo Libre, núm. 671, 18 marzo 1993, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El mensajero Tito

Bruno Bert

Hacía tiempo que no volvía a ese bello pero elemental foro del Museo Rufino Tamayo; es una pena que no se logre una continuidad de programa y promoción que permita incorporarlo, definitivamente y en las mejores condiciones, al hábito de los que gustan del teatro. Ahora se está presentando allí Arcángel, una obra de José Dimayuga bajo la dirección de Tito Vasconcelos.

Son apenas dos personajes —interpretados por el mismo Vasconcelos y por Mónica Serna— en una historia que no pretende la verosimilitud sino apenas la complicidad frente a la fantasía. Ella, una maestra solterona (o con actitudes de tal), pero con un pensamiento no muy ortodoxo ni dogmático; y él, un travesti que suele prostituirse en cualquier esquina de nuestra ciudad por las noches, con esas inverosímiles mini ropas de lentejuelas y la peluca rubia haciendo juego. Ambas figuras parecen irreductibles, y sin embargo la mano del autor fuerza una relación de opuestos para contarnos una fábula de amistad que incluye algunas pinceladas de mutua y fugaz atracción, en medio de dos soledades cubiertas de distintos prejuicios.

El material dramatúrgico tiene elementos de humor, manejo de un cierto sentido del absurdo y en el fondo también un grado no despreciable de complacencia, destinada seguramente a la comunidad homosexual que se vuelve automáticamente público potencial de la obra. Incluso porque constituye el núcleo de seguidores de Tito Vasconcelos, quien hace un teatro coherente a sí mismo, con temáticas e imágenes que podemos reconocer de puesta en puesta, como un estilo de teatro gay que lo personaliza.

En este sentido tal vez hay una pérdida de objetividad en relación con la extensión y con ciertos puntos del desarrollo temático. La obra es indudablemente simpática, pero excesivamente larga (siento que un acto hubiera hecho más conciso y efectivo el material), con puntos de caída muy notoria de la atención (esto comienza con la narración de películas, al estilo Puig, y forma huecos a lo largo de todo el trabajo). Y también con una cierta falta de contrastes, por la casi carencia de conflictos en todo el arco que va desde poco después del comienzo (desde que lo acepta en la casa como hombre) hasta poco antes del final (cuando desea evitar su partida).

Las situaciones, las vivencias, los deseas, son narrados en forma distanciada y anecdótica y lo que podría constituir un humor muy ácido o un absurdo muy irritante, naturalmente nunca un melodrama se ve como lavado por una "buena voluntad" que vuelve a la obra de un rosado que no es sólo broma ni burla. Como diría seguramente el personaje de Tito, se trata de un humor "muy fino" y la puesta acentúa aún más este rasgo que tiende a limar cualquier aspereza.

En ese sentido, Vasconcelos tiene por un lado una clara idea del manejo de actores, sobre todo en lo que hace al personaje asumido por Mónica Serna, al que dibuja muy bien en sus matices; pero por el otro cotidianiza —aun dentro de una estructura de cuento— lo que pueda haber de subversivo, dejándonos fuera de un posible combate de ideas, imágenes o sensaciones. Todo se da fluidamente y con un cierto grado de intrascendencia.

El nivel de trabajo de los dos intérpretes resulta interesante, creativo y dentro de los cánones a que el director nos tiene acostumbrado en sus habituales personajes de travestis. La escenografía de Chac, al que también pertenece la iluminación, es sucinta, en blancos y negros, casi diríamos tan bidimensional como una "caricatura", a la que nos remiten ciertos momentos de la música de José Antonio Alcaraz.

Tal vez Arcángel tiene un algo de función didáctica, de cuento instructivo en tono menor y sin retórica, que además de distraer y divertir intenta la transmisión concreta de las posiciones ideológicas de Vasconcelos en el plano de la cultura gay.

En definitiva, un trabajo digno, con algunos momentos brillantes y bastante humor que admitiría algunas revisiones.