FICHA TÉCNICA



Título obra Entre Villa y una mujer desnuda

Autoría Sabina Berman

Dirección Sabina Berman

Elenco Jesús Ochoa, Juan Carlos Colombo, Dina Bracho, Evelyn Solares, Gabriel Porras

Escenografía Carlos Trejo

Iluminación Abraham Oceransky

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Bruno Bert, “Entre Villa y una mujer desnuda”, en Tiempo Libre, núm. 667, 18 febrero 1993, p. 26.




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Referencia Electrónica


Teatro

Entre Villa y una mujer desnuda

Bruno Bert

En el teatro Helénico se está presentando lo que viene a ser la primera dirección de Sabina Berman, que hasta ahora sólo conociéramos como dramaturga. Se trata de Entre Villa y una mujer desnuda, una comedia sumamente inteligente que halló en su autora a la mano más hábil para su puesta en escena; hecho no muy frecuente, dado que hay abundantes ejemplos en nuestro medio de buenos escritores que insisten en estropear sus propias obras a través de mediocres puestas.

Se trata de una historia de amor entre dos intelectuales de posición acomodada y ya no demasiado jóvenes, con historias de frustradas parejas no muy lejanas en su pasado. Como dice en el programa de mano "los dos saben que vienen de regreso, que ya han fracasado en sus relaciones interpersonales y se defienden leyendo a Milan Kundera, a Carlos Fuentes, asimilando el humor de Woody Allen e inyectando la poesía de los arquetipos del filme Casablanca al oasis de los encuentros furtivos".

Como vemos, seres acomplejados, necesitados de la medición del intelecto para todo y traicionados por éste también durante todo el tiempo. En definitiva, seres que se vuelven entrañables porque se parecen seguramente a más de uno que conocemos (o a nosotros mismos), pero llevados a un nivel de poesía y teatralidad que nos permite asimilar, así sea por el humor, el juego constante de sus contradicciones y los muchos puntos débiles de su carácter.

Pero como toda buena obra, no se detiene en esta primera lectura y nos habla también de la Revolución Mexicana en el ocaso del siglo y en la transformación de las ideologías que le ha tocado vivir con pleno impacto a la generación cuarentona de los protagonistas. De allí que Francisco Villa esté incorporado —en una genial versión local de Humphrey Bogart con reminiscencias de ese manejo "a lo W. Allen" que se mencionaba arriba— a la pareja central. Y para completar el cuadro, la nieta alivianada de Plutarco Elías Calles forma un contrapeso irónico de imágenes y proposiciones, donde confluyen el erotismo, el juego y la historia.

Tal vez lo más importante del espectáculo es haber equilibrado perfectamente los valores del texto con aquellos que provienen de la imagen, de la labor del director, del gesto que se significa en la escena y con el juego de las acciones. No hay predominio de la autoría ni desprecio por la palabra. Existe la confluencia creativa que nos hace gozar por igual el placer de una idea hábilmente expuesta y los muchos gags que cuerpos y objetos van generando en el espacio para completar nuestra comprensión desde el plano estético, totalmente congruente —aun en sus momentos más ingenuos— a la concepción que se manejó desde la autoría.

Sabina Berman juega como directora un ritmo que nos compromete y distancia por oleadas, con una maestría que desmiente su carácter de primeriza en el oficio. Claro que cuenta con un buen equipo: Carlos Trejo en una muy eficaz propuesta escenográfica y Abraham Oceransky diseñando luces que son una provocación muy bien orquestada y acorde con el manejo del montaje. Dina Bracho y Juan Carlos Colombo asumen los protagónicos en un combate parejo donde se mezclan oficio, simpatía y talento. Tal vez Gina logre unos puntos sobre Adrián, pero el gusto es por ambos. Jesús Ochoa es Pancho Villa, histriónico y desbordado como hace falta para reír de lo propio mientras asimilamos, y Evelyn Solares y Gabriel Porras cubren los dos papeles más pequeños completando el elenco de una obra de seguro éxito para esta temporada. Y para bien, porque lo vale. Una ópera prima que seguramente recordaremos con gusto por mucho tiempo.