FICHA TÉCNICA



Título obra Chin Chun Chán y las musas del país

Autoría José F. Elizondo

Dirección Enrique Alonso

Elenco Angelita Castany

Escenografía David Antón

Notas de escenografía Sergio Mandujano / telones

Vestuario David Antón

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Bruno Bert, “Chin chun chán y las musas de Enrique Alonso”, en Tiempo Libre, núm. 666, 11 febrero 1993, p. 30.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Chin chun chán y las musas de Enrique Alonso

Bruno Bert

En el teatro Julio Castillo se está presentando una obra que se estrenara en la temporada pasada y que tiene a Enrique Alonso como arreglador y director de escena. Se trata de Chin Chun Chan y las musas del país, materiales de la revista mexicana que fueran estrenados a principios de este siglo y que Alonso repone siguiendo su habitual sistema de trabajo.

Resulta sumamente interesante que la Compañía Nacional de Teatro haya asumido esta proposición escénica, y lo haya hecho con una producción de envergadura que pueda llevar a nuestro público lo mejor del pasado inmediato de nuestro teatro ligero con el mayor nivel posible. La dramaturgia que ensambla la adaptación que Enrique Alonso hace de esos dos viejos materiales es de Vicente Leñero, lo que permite que un prestigiosos dramaturgo contemporáneo se sume a lo que viene a ser como un homenaje tanto al teatro popular mexicano como al maestro Alonso, que por supuesto se halla entre sus principales representantes.

Los autores originales, a los que vale la pena recordar a tantos años de distancia de sus éxitos, son R. Medina; J. F.Elizondo y F. J. Navarro. Según documentos de la época, la primera de las dos revistas, es decir Chin Chun Chan —conflicto chino en un acto, que data de 1904—, tuvo un éxito resonante, con Esperanza Iris y María Luisa Labal como figuras rutilantes que enloquecían a nuestros espectadores de la Belle epoque.La segunda corresponde a ese difícil momento de transición en donde Huerta toma el poder, y se trata de un serio intento por sustituir las imágenes típicas de la zarzuela española por temas y tipos propios de la idiosincrasia y cultura mexicana. Aquí, Alonso recrea tanto a los personajes como a los espectadores de la revista de aquellos años, y así se actúan en platea manifestaciones antihuertistas o se comentan insidencias del espectáculo, englobando como escenario la totalidad del espacio teatral.

El montaje que hoy podemos gustar cuenta con el complemento fundamental de la escenografía y vestuarios de David Antón, verdadero desborde de ingenio sobre los modelos en boga a principios de siglo. A éstos, con su profusión de dorados, perlas y lentejuelas, se agregan los telones realizados por Sergio Mandujano, eficaces, como siempre, en su proposición de climas para cada escena.

Con un ritmo tal vez un poco lento en sus primeros cuadros, Chin Chun y las musas del país va cobrando energía en el transcurrir de sus cuadros hasta contagiar al público con las reglas de ese humor de una picardía un tanto ingenua, en un cambiar constante de escenarios y trajes. Algunas de sus creaciones —como la reproducción poética de Xochimilco, por ejemplo— arrancan aplausos desde el inicio por lo original y logrado de la primera imagen, equivalente kitsch de aquellas postales que se coloreaban a mano.

La larga lista de actores, tiples y características (nombres estos últimos que pueden resultar curiosos para un espectador actual) que pueblan el escenario, se lanzan con brío sobre danzas y canciones multiplicando la simpatía de cada uno. Y hasta algunas torpezas reales que podamos ver por allí pueden hacer recordar a aquellas "actrices" que los productores imponían de último momento y que no dejan de ser evocadas con humor dentro del trabajo.

Un lujoso revivir de la época de esplendor de la revista, que se completa con una interesante presentación del programa de mano y la exposición de objetos, fotos y trajes que se encuentra en el lobby del teatro. Seguramente se trata de la puesta más completa y cuidada que he podido ver de Enrique Alonso, un hombre de teatro que merece el homenaje de nuestra comunidad artística y el aplauso de nuestro público por sus muchos y coherentes años de trabajo.