FICHA TÉCNICA



Título obra Una curiosa dama

Autoría John Patrick

Dirección Germán Robles

Elenco Ofelia Guilmain, Lucía Guilmain, Ricardo Brust

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Bruno Bert, “Una curiosa Ofelia”, en Tiempo Libre, núm. 665, 4 febrero 1993, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Una curiosa Ofelia

Bruno Bert

Nunca había asistido al pequeño teatro de cámara que alberga la sala Chopin, un espacio alternativo que se incorpora a las posibilidades escénicas que da nuestra ciudad. Me tocó conocerlo ahora, a raíz de una puesta que convoca a cuatro actrices de la familia Guilmain; naturalmente con Ofelia a la cabeza.

Se trata de Una curiosa dama, una comedia de John Patrick. No figura el rol de dirección en el sucinto programa que se entrega, por lo que supongo que también pertenece a la señora Guilmain.

Es un trabajo que va acorde con la sala que lo alberga; modesto y simpático; sin más pretensiones que la de entretener durante dos actos al público asistente, deleintándolo con la habilidad de quien está cumpliendo nada menos que 50 años de relación con los escenarios mexicanos.

Su anécdota es simple: una viuda millonaria y excéntrica es encerrada por sus dos hijos en un manicomio de lujo para poder usufructuar los bienes de la herencia, pero quedan burlados por esta "curiosa dama" que los mantiene en ja- que mientras se establecen toda una serie de relaciones con los enfermos: un grupo de tiernos personajes que constituyen un colorido telón de fondo a las maniobras de los hijos y a los contra- taques de la madre. Por supuesto, como toda buena comedia, las cosas terminan bien y no faltan en el transcurso esos pequeños momentos de triste dulzura capaces de provocar un suspiro entre sonrisas a alguna espectadora ya mayor. La escenografía (también anónima en el programa de mano) reproduce el espacio naturalista de una amplia sala y si bien no contiene ningún elemento que la haga especialmente remarcable, resulta funcional y cumple correctamente su cometido, al igual que el somero juego de iluminación que acompaña el trabajo. Tal vez lo más simpático es la actuación, en la cual se destaca la señora Savage, asumida por Ofelia Guilmain, que maneja el espacio y los ritmos con esa tranquila seguridad de quien sabe contar con la complicidad del público, no sólo por sus alusiones directas en los apartes con él, sino también y sobre todo por el amplio dominio de un oficio que a través de tantos años de trabajo se ha vuelto como una segunda naturaleza en la actriz.

Del grupo que la acompaña emergen dos labores: la de Ricardo Brust en el papel de Aníbal, por la consistencia que da al diseño físico de su personaje, en una continuidad que lo hace cómico e interesante a la vez; y la de Lucía Guilmain, como la aparatosa hija de la señora Savage, sabiendo imponer la presencia de su personaje y maniobrar esa fuerza en equilibrio de la puesta.

El resto de los miembros del equipo desempeñan correctamente su papel dando homogeneidad a la puesta y gracia a cada uno de sus personajes.

En definitiva, un trabajo liviano para comenzar el año y tal vez también para estrechar este nuevo foro capitalino.