FICHA TÉCNICA



Título obra Las amargas luces de la aurora

Autoría Eurípides

Notas de autoría Adaptación libre de Las Troyanas de Eurípides

Dirección Angeles Castro Gurría

Escenografía Carmen Rión

Iluminación Carlos Markovich

Música Alejandro Giacomán

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Bruno Bert, “Las amargas luces de la aurora”, en Tiempo Libre, 5 noviembre 1992, p. 35.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Las amargas luces de la aurora

Bruno Bert

Dentro de las obras seleccionadas para su apoyo económico en la Primera Convocatoria Nacional de Teatro del IMSS. ISSSTE y Conaculta, está la que hace poco se estrenara en el teatro Reforma.' Se trata de una adaptación libre de Las Troyanas de Eurípides a cargo de Ángeles Castro Gurría, responsable asimismo de la dirección del espectáculo, al que dio por nombre Las amargas luces de la aurora.

La situación anecdótica es simple: Troya acaba de caer, sus hombres han sido asesinados y su ciudad arrasada, quedan las mujeres que, ahora esclavas e indefensas, esperan la llegada del día para ser repartidas entre sus nuevos amos. Se alternan los lamentos del coro con los monólogos de las grandes protagonistas aún vivas: Hécuba, la reina viuda; Andrómaca, ejemplo de fidelidad conyugal a la que arrebatarán su hijo niño para arrojarlo desde las almenas; Casandra, la virgen loca y profética y, por supuesto, Helena, la excusa causante de la guerra. Los dioses han abandonado a los perdedores, los griegos se muestran implacables y sanguinarios en función de la razón de estado y de los intereses económicos y políticos.

Se trata de un material especialmente rico dentro de las obras clásicas que no ocupan un primer lugar de relevancia literaria. Esto por lo importante del planteo pacifista, lo desgarrador de sus escenas y sobre todo, por el fuerte papel que en él tienen las mujeres, con la variedad de sentimientos que muestran y la profunda dignidad e inteligencia que guía sus actos y parlamentos.

Ángeles Castro Gurría maneja con gran libertad el texto original con la intención de una "puesta al día" del mismo a través de su montaje, pero respetando lo esencial de la estructura creada por Eurípides. Es el lenguaje y la connotación social lo que cambia sin dejar de hablar de Grecia, de Troya y de la función de los dioses. Reencauza al autor griego para que sus discursos coincidan pero esto no molesta si no pretendemos reencontrar el mundo antiguo y en cambio sí, sus motivaciones esenciales, apropiándonos así de lo contemporáneo que Las Troyanas tienen para nosotros a través de esta adaptación.

En este juego de actualización cuenta con la complicidad María del Carmen Rión en el fuertemente texturizado diseño escenográfico; evocación mixta de un edificio de concreto en ruinas y elementos que proponen el mar y las embarcaciones prontas a partir. Y también con la excelente iluminación de Carlos Markovich y la música de Alejandro Giacomán. Todos estos elemento lanzan un puente de sólida factura entre lo que podría haber sido una puesta clásica y este montaje destinado a una sensibilidad y un pensamiento contemporáneo.

La puesta, al manejar esa dualidad resulta atractiva justamente en la conjunción de elementos y la destreza para combinarlos. Lo que tal vez podríamos marcar como puntos débiles son, en el caso del montaje, el no haber usado la libertad de adaptación a un nivel que permitiera una mayor síntesis, sobre todo en la segunda parte, que se hace un poco extensa y discursiva, en relación a la profundidad y agilidad de la primera.

En el área de actuación, son demasiado exigentes los pápeles para actrices que, dúctiles por momentos, necesitan sin embargo un mayor periodo formativo y una mayor experiencia escénica para poder asumirlos plenamente —es de marcar su entrega y también el trabajo de homogeneización por parte de la dirección, pero esto no es suficiente— y, finalmente, en lo que hace al vestuario masculino, si bien la intención es clara, los resultados estéticos son desentonantes y un tanto ingenuos si los cotejamos con el resto de lo que compone el trabajo.

Confieso que fui a ver Las amargas lágrimas de la aurora teniendo en mente la última y libérrima versión que de Las Troyanas se mostrara en México, creo que en el teatro Hidalgo. La de hoy supera ampliamente a aquella en calidad artística y en interés para el público. Es una pena que arrastre las fisuras arriba mencionadas tanto por la seriedad del planteo como por la frecuente creatividad de los trabajos que su autora suele presentarnos.