FICHA TÉCNICA



Título obra La calle del ángel

Notas de Título Gaslight (título en el idioma original)

Autoría Patrick Hamilton

Elenco Pilar Crespo, Rafael Estrada, Víctor Parra

Grupos y compañías Actores del Instituto Cinematográfico de México

Espacios teatrales Teatro Latino

Notas Temporada organizada por el Instituto Cinematográfico de México y la sociedad privada Nueva Generación de Actores

Referencia Armando de Maria y Campos, “Nueva versión escénica de La calle del ángel. De la señora Manningham de Clementina Otero a la de Pilar Crespo, pasando por la extraordinaria de Blanca Estela Pavón”, en Novedades, 15 julio 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Nueva versión escénica de La calle del ángel. De la señora Manningham de Clementina Otero a la de Pilar Crespo, pasando por la extraordinaria de Blanca Estela Pavón

Armando de Maria y Campos

Estrenada el 5 de diciembre de 1938, en el teatro Richmond, de Richmond, con el título original de Gaslight, bajo la dirección de Gardner Davies, Luz de gas –o Luz que agoniza o La calle del ángel– recibió a los dos meses el aplauso del público londinense, que dispensó a esta obra una acogida tan clamorosa, que aquélla hubo de permanecer varios meses en el cartel. Una inolvidable versión cinematográfica –con Ingrid Bergman y Charles Boyer– difundió por todo el mundo el nombre de Patrick Hamilton, a la sazón conocido en Inglaterra. Desde entonces Gaslight –respetemos su título original; en México conocida por La calle del Angel– se ha representado en casi todos los escenarios americanos y europeos, y una segunda versión cinematográfica ha refrendado esta casi inverosímil carrera de éxitos. En la versión "doblada" en español, habló por la Bergman, nuestra compatriota Blanca Estela Pavón.

La razón del éxito extraordinario de La calle del Angel es, desde luego, obvia, porque esa obra, calificada por su autor como "un guiñol victoriano", contiene los elementos necesarios para ser definida como una obra teatral por excelencia; pocos personajes, un clima de emoción tensa y constante, unos caracteres magistralmente delineados y un diálogo que jamás languidece. Contiene, además ese otro elemento difícil de mesurar, que es la fuerza de sugestión necesaria para que el espectador viva en incesante expectación.

No obstante que La calle del Angel ha sido interpretada en México por actrices excelentemente dotadas de calidad dramática, el Instituto Cinematográfico de México la eligió para presentar, durante la temporada en desarrollo en el teatro Latino, a una joven actriz de origen catalán, Pilar Crespo, y a otros jóvenes actores alumnos. La misma bondad de esta obra, exige comediantes de profunda calidad. En Richmond, bajo la dirección de Gardner Davies, el reparto fue como sigue: Señora Manningham, Gwen Fragcon–Davies; Señor Manningham, Denis Arundell; Rough –el Inspector– Milton Rosmer; Elizabeth, Beatrice Rowe y Nancy, Elizabeth Inglis. Ignoro quiénes la representaron en Londres. En Estados Unidos la estrenaron Patricia Marks y John Emery; en el teatro Esperanza Iris, de la ciudad de México, se la vimos representar a Gavin Muir y a nuestra compatriota Margo, hecha gran actriz del teatro de Norteamérica.

En castellano la estrenó la compañía del Teatro de México, durante su última temporada en el de Virginia Fábregas, el año de 1944, según la versión de Xavier Villaurrutia y J. García Ruiz, dirigida por Celestino Gorostiza; su título La calle del Angel. La afortunada pieza de Hamilton fue representada entonces cerca de cien veces, y con ella se definió como gran actriz la que representando precisamente a la señora Manningham había de retirarse definitivamente del teatro, Clementina Otero, y consagráronse como grandes actores Carlos López Moctezuma y Alberto Galán. A la picaresca interpretación de la doncella Nancy debió su fortuna cinematográfica la bella actriz catalana Emilia Guiú. La buena estrella de esta pieza derramó también su excelente "fario" sobre dos actores entonces principiantes ignorados: Rafael Estrada y Víctor Parra, los dos convertidos ya en primeros actores alumnos del Instituto Cinematográfico, con más fortuna Parra, que ya alcanzó el estrellato cinematográfico, y que en la versión presentada por el Instituto Cinematográfico ascendió a interpretar el Inspector Rough, por cierto imprimiéndole al personaje la caracterización de "hombre recién salido de la juventud", que también se le dio para la primera versión escénica que se hizo en México, y que realizó Alberto Galán, lo que desvirtúa la visión del autor y obliga a la acción a partir de un punto falso: la edad que tiene Rough "al volver" a la calle del Angel. Lo dice bien claro el autor:

Sra. Manningham: –¿Qué? ¿Qué es lo que usted lee en mi cara?

Rogh: –Pues, señora, puedo leer los sufrimientos de una persona que ha recorrido un trecho larguísimo en el camino del pesar y de la duda... y temo que tendrá que recorrer todavía otro poco antes de llegar al fin. Pero me imagino que el fin se está acercando ya. Y ahora veamos: ¿tendrá usted confianza en mí y querrá escucharme? ¡Soy lo bastante viejo para ser su abuelo!

En efecto, el Inspector Rough había estado "antes" en la casa del crimen de la calle del Angel; veinte años antes, y ya era "un funcionario relativamente joven entonces", según sus propias palabras en otro momento del diálogo con la señora Manningham. Alberto Galán lo representó al natural de su edad, alrededor de 30 años, y hasta se rejuveneció calzándose un bisoñé bien negro; Gustavo Rojo, en la interpretación que del Inspector le vi este año en Cuernavaca, hizo un Rough de su propia edad, pongámosle 24 años. El joven actor López Portillo, a quien le acabo de ver en Oaxaca otro inspector Rough, lo aventajó un poco, pero no más allá de los cuarenta años, y, finalmente, Víctor Parra, lo hace ahora en muchacho fornido de menos de treinta años. El efecto buscado por el autor para imponerle confianza a la señora Manningham por un hombre que se ha colado en su casa, en ausencia de su marido, no es otro que el de la venerabilidad del imprevisto visitante, que es "lo bastante viejo para ser su abuelo".

La señorita Pilar Crespo tuvo que luchar con el grato recuerdo de la señora Manningham que hizo Clementina Otero. A la señorita Crespo le falta el aliento dramático indispensable para sostener el tono de angustia que desde el principio hasta el fin mantiene en pie a la señora Manningham, y que, en verdad es para poner a prueba a cualquier actriz. De mí sé decir que me revivió la inolvidable emoción que me produjo la magnífica, honda y profunda versión muy humana que le vi a Blanca Estela Pavón el 26 de febrero último (1949), para un reducidísimo público y muy popular por cierto, que ocupaba las primeras filas del ambiciosamente denominado teatro Lírico de Cuernavaca y que no es otra cosa que un corral de paredes encaladas con un forillo precario, sin medios para representar decorosamente ni la comedia más insignificante. El genio dramático de esta excepcional actriz a punto de perderse para el teatro, convirtió aquel jacalón en la auténtica calle del Angel londinesa y victoriana, y revivió para dos docenas de espectadores atónitos, por virtud de su aguda sensibilidad dramática, de su temperamento vibrante y flexible y de su rica voz en que el cerebro y el corazón ponen los más finos y diversos matices, la estrujante tragedia –guiñol victoriano– de Bella Manningham.