FICHA TÉCNICA



Título obra Quebranto

Autoría Dolores Plaza

Dirección Abraham Oceransky

Elenco Tina Romero, Muriel Fouilland, Horacio Salinas, Gerardo Trejoluna

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Bruno Bert, “El quebranto de Oceransky”, en Tiempo Libre, 6 agosto 1992, p. 34.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El quebranto de Oceransky

Bruno Bert

Hemos visto espectáculos magníficos de Abraham Oceransky y otros que casi no son creíble que los haya realizado el mismo director. Hoy nos trae de la Veracruz donde se encuentra asentado desde hace unos años Quebranto con la dramaturgia de Dolores Plaza, un material intermedio entre aquellos trabajos que alguna vez nos deslumbraran y los otros, de cuyos nombres no queremos acordarnos.

La historia se ubica en el puerto colonial, es de piratas mercaderes; nobles fanáticos y esposas esquivas con frecuentes amantes que traen y llevan los galeones cargadora de riquezas. También esclavos negros, venganzas por viejas muertes con filtros de amor y magia, más, naturalmente una lectura de clases dentro de las fantasías de esa sociedad de grandes contrastes. Es decir, se trata de una narración mezcla de las tradiciones populares y de los libros de aventuras al estilo de lo que hace un siglo escribieran escritores como Emilio Salgari. Es en esta tónica sobre la que se instala la puesta de Oceransky, explorando un estilo distinto a los que le he visto usar hasta el presente, aunque hay uno que otro elemento que los rememore.

La escenografía —posiblemente tarea de equipo bajo la supervisión del propio director— adquiere esa vivacidad de color y ese desenfado en la construcción, que nos habla de una intención cercana a la narración infantil, con rocas de hule espuma, palmeras de tela rosada y un mar ondulante pintado sobre manta, al borde del cual se desliza un pequeño barco con la perspectiva ingenua que amerite este tipo de estéticas. También las ropas y los objetos se conjuntan en esta línea, haciendo gala del brillo y de la heterogeneidad, generando un "exotismo" de fácil aprehensión, por debajo del cual corre la vena de una base conceptual que intenta una mayor profundidad en las alas de la ligereza del cuento.

Tal vez el punto más débil se encuentre en la actuación, y en el manejo que de los actores hace Oceransky, que aquí se vuelve deficitario a pesar de la reconocida capacidad que él tiene en este rubro como maestro.

Encabeza el elenco Tina Romero, indudablemente capaz y con amplia experiencia escénica, pero que se vuelve estridente en el afán de un recorte no naturalista, con momentos demasiado cercanos a la "niña mala". Está acompañada en un coprotagónico por Muriel Fouilland, que aparentemente recién se inicia en estas lides, resultando interesante come- presencia, pero poco preparada a niveles técnicos y expresivos, con dificultades para el manejo fluido de texto, que por momentos se vuelve difícil y un tanto monótono. El resto del equipo muestra desniveles bastante notorios, con algunos atisbos de escolaridad en los comportamientos escénicos, aunque por supuesto se trate de un trabajo profesional.

Horacio Salinas y Gerardo Trejoluna son los que asumen los segundos papeles de mayor importancia, pero aquí es el director el que compone con ellos —sobre todo con el último— imágenes que posiblemente hallarán lugar adecuada de otras puestas del mismo Oceransky, pero que aquí resultan como desgajadas y un tanto gratuitas, dentro del contexto formal en las que se proponen.

Compuesto por dos actos, sucede que en el primero se exponen los componentes que resultan más interesantes mientras que en el último —a pesar de echarse mano a recursos renovados— la narración tiende a empantanarse y a perder frescura, deslizándose lentamente hacia momentos muy quebrados que oscilan entre la llamarada y el tedio. Es como si la imaginación hubiera sufrido un agotamiento y las dificultades de manejo de actores aparecieran acentuadas. Digamos que Quebranto se muestra sumamente dispareja, llamando algunos de los recursos expresivos de su director, que nos resultan gratificantes pero que terminan por perderse en los escollos de puesta y en un estilo que no termina de cuajar, a pesar de algunos interesantes atisbos. A mitad de camino, como decíamos al principio, en un balance que finalmente desearíamos más positivo para un creador como Oceransky.