FICHA TÉCNICA



Título obra El otro exilio

Autoría Paulino y Rosa Sabugal

Dirección José Acosta

Elenco Arturo Rios, Teresa Rábago, Rodolfo Arias, Moisés Manzano, Néstor Galván, Vanessa Ciangherotti

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Bruno Bert, “La muerte de Dantón”, en Tiempo Libre, 30 julio 1992, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El otro exilio

Bruno Bert

Albert Camus murió en un accidente automovilístico en 1960. Yo tenía 15 años y aún no lo conocía como escritor; sin embargo fue uno de aquellos nombres que nos marcan en la adolescencia por la intensidad de su pensamiento y por la originalidad que impregna su estilo. A tantos años de por medio me toca asistir a una puesta del Taller del Sótano que acaba de estrenar en el teatro Reforma El otro exilio, un declarado homenaje a Camus, y a través de este espectáculo se revivió en mí como una necesidad de relectura de su obra; y esto no por una cuestión de confrontación intelectual entre las imágenes vistas y los libros antaño leídos, sino más bien porque me reinició placenteramente en el frío y torturante clima que imperaba en aquellos volúmenes y que hacía años había quedado adormecido en la memoria.

He visto poco de Camus plasmado en imágenes; una película famosa sobre El extranjero que peca de literalidad; una pésima puesta de Calígula y fragmentos de un fallido pero interesante intento de El malentendido. Casi nada y con poca suerte. Misma que ahora se resarce en este trabajo dirigido por José Acosta bajo autoría de Paulino y Rosa Sabugal.

Y eso que no resulta en absoluto sencillo captar teatralmente el clima imperante en la obra del autor francés, contarnos además las líneas fundamentales de su vida y, por si fuera poco, componer un teatro que no cae ni en la tentación de ilustrarlo ni en la pobreza de supeditar todo el peso del trabajo en el valor de la palabra. Hay verdadera originalidad en la propuesta y excelente capacidad para recrear un lenguaje paralelo al de Camus. Y eso con particular eficacia a juzgar no sólo por los habituales parámetros que puedo usar como crítico, sino también por las sensaciones mucho más viejas que los hábitos de la profesión y que brotaron de inmediato y fluidamente en contacto con este trabajo.

La calidad de los textos es evidente, pero forman verdadera unidad con la concepción de puesta, que se compone a partir de tramar imágenes sobre una sustancia tan leve como puede ser la memoria o la imaginación, atributos absolutamente hermanados, en un último instante frente a la muerte, tema fundamental dentro de los tratados bajo distintas aproximaciones por Camus. Hay un intento de vinculación entre los hechos de su obra y aquellos que en su vida se transforma en motivación directa de personajes y reflexiones. Y así intuimos las raíces que dieron forma a La caída a El extranjero, La peste y algunas de sus obras teatrales más significativas. Otros materiales, sobre todo El mito de Sísifo se hallan como diluidas en el pensamiento general del escritor y en la sustancia misma de la puesta más allá de las imágenes concretas que podría llamarlas a nuestra memoria.

Los actores que componen el trabajo son Arturo Ríos en el papel de Camus, Teresa Rábago, Rodolfo Arias, Moisés Manzano, Néstor Galván y Vanessa Ciangherotti. Salvo el primero, todos interpretan varios papeles, que van naciendo a la vista al conjuro de la necesidad. La calidad de los intérpretes es muy pareja y sostenida, y si existe alguna que otra pequeña caída actoral, es mínima en relación a ese producto homogéneo que se nos entrega. Si dentro de tantos aciertos tuviéramos que marcar algunos puntos a corrección podríamos recortar el fragmento que rememora a Calígula (única parte excedida y un tanto complaciente con el intérprete) y proponer una iluminación más sólida y consecuente con la calidad del resto de la puesta.

En definitiva: un excelente director produciendo con un sólido grupo de actores un espectáculo que vale la pena ver y que vale además como una incitación para conocer o reconocer el pensamiento de Albert Camus.