FICHA TÉCNICA



Título obra Ha llegado un inspector

Autoría John Boynton Priestley

Dirección Celestino Gorostiza

Elenco Víctor Velázquez, Perla Aguiar, José Elías Moreno, Adalberto Ramírez, Beatriz Jimeno, Joaquín Cordero

Escenografía Julio Prieto

Grupos y compañías Actores del Instituto Cinematográfico de México

Espacios teatrales Teatro Latino

Notas Temporada organizada por el Instituto Cinematográfico de México y la sociedad privada Nueva Generación de Actores

Referencia Armando de Maria y Campos, “La temporada en el teatro Latino. Excelencias de la técnica de Priestley. Interpretación de Ha llegado un inspector. Consagración de Blanca de Castejón como Julia Lambert de Somerset Maugham”, en Novedades, 1 julio 1949.




Título obra Teatro

Autoría William Somerset Maugham

Notas de autoría William Somerset Maugham / adaptación a su novela homónima

Dirección Fernando Wagner

Elenco Blanca Castejón, Margot Wagner, Alicia Jimeno, Estela Matute, Rafael Estrada, Augusto Benedico, Carlos Navarro

Grupos y compañías Actores del Instituto Cinematográfico de México

Espacios teatrales Teatro Latino

Notas Temporada organizada por el Instituto Cinematográfico de México y la sociedad privada Nueva Generación de Actores

Referencia Armando de Maria y Campos, “La temporada en el teatro Latino. Excelencias de la técnica de Priestley. Interpretación de Ha llegado un inspector. Consagración de Blanca de Castejón como Julia Lambert de Somerset Maugham”, en Novedades, 1 julio 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La temporada en el teatro Latino. Excelencias de la técnica de Priestley. Interpretación de Ha llegado un inspector.Consagración de Blanca de Castejón como Julia Lambert de Somerset Maugham

Armando de Maria y Campos

La insuperable técnica de J.B. Priestley halla un punto de madurez magnífica en su pieza Ha llegado un inspector, con la que el teatro Latino se inauguró oficialmente, acogiendo la primera temporada de verano del Instituto Cinematográfico de México. Este instituto, que prepara actores para el cine haciéndoles representar teatro, y una sociedad privada que se autollama Nueva Generación de Actores, eligieron varias obras de autores de diversos países: Inglaterra, Italia, Alemania y México. De autores ingleses, tres. La primera, ésta de Priestley, que lleva más de año y medio de representaciones en el Booth Theatre, de Nueva York, tejida, tramada sobre la vida y la muerte de una pobre muchacha, Eva Smith, que, como corresponde a la malicia teatral de Priestley, no aparece en escena. Toda una familia de sociedades de beneficencia; la primogénita de éstos, a punto de casarse con el heredero de otro rico industrial e industrial él mismo, y un hijo del matrimonio ha intervenido en la vida difícil y en la muerte trágica de Eva Smith, una pobre muchacha que es como tantas de la primera guerra mundial, conduciéndola después de un espantoso viacrucis, al suicidio. Una maravillosa, habilísima técnica teatral, permitiría que esta pieza se representara como si fuera un solo acto que duraría cerca de dos horas; corta el autor la acción en tres partes, sin interrumpirla en absoluto. El personaje principal es el inspector Goole, elemento sobrenatural en la pieza, que llega, irreal y concreto al mismo tiempo, dos horas antes de aquella en que realmente debe llegar, mismas dos horas que tardará en suicidarse Eva Smith.

En Ha llegado un inspector el autor desarrolla, quizá con un exagerado sentido de la simetría y del esquema, pero con un admirable dominio de la sorpresa y de la emoción como recursos teatrales, un anticipo de sucesos que van a ocurrir; a la mitad del tercer acto se descubre que el inspector no es tal inspector, y es entonces cuando la filosofía del egoísmo, que constituye el nervio de esta admirable pieza, alcanza su punto culminante haciendo brillar en toda su claridad el talento de comediógrafo del gran autor que es Priestley.

Ha llegado un inspector se representó bajo la fría, segura concienzuda dirección de Celestino Gorostiza, que sumó otro triunfo a su larga y experimentada actividad de director y un poco escultor de actores; la simple escenografía fue resuelta con sencillez por Julio Prieto. El ya veterano actor aficionado Víctor Velázquez actuó con dominio sostenido como el inspector Goole. Perlita Aguiar, que tiene aptitudes para hacerse una buena actriz, estuvo segura y graciosa. Secundáronla con vigor y seguridad José Elías Moreno, como el padre, y el debutante Adalberto Ramírez como el hijo, y se mostraron discretos, nada más, Beatriz Jimeno en la madre y Joaquín Cordero en el novio de la deliciosa Silvia Hirling que hizo Perlita Aguiar.

Merece Ha llegado un inspector más de las 4 representaciones que se le dieron en el teatro Latino; merece llegar al gran público.

Qué sorprendente creación logró Blanca de Castejón de la Julia Lambert somersetiana. Yo no recuerdo una interpretación más humana y más teatral a la vez que la que esta gran actriz, tan cruelmente tratada y maltratada por los productores cinematográficos mexicanos, logra con la protagonista de la preciosa comedia inglesa, que estrenó en Inglaterra Gertrude Laurence y que en Estados Unidos han encarnado grandes actrices como Madeleine Carroll e Ina Claire; ni un tan desbordado entusiasmo como el que el reducido público que asistió al teatro Latino, a las representaciones del 24 y 25 de junio, en las que estuvo presente, manifestó al final de la obra.

Sólo una actriz de tan larga, fecunda e inquieta experiencia teatral como Blanca de Castejón es capaz de componer –y descomponer en mil matices– un personaje tan bello y difícil como es la Julia Lambert Maugham. Su sentido del tempo es perfecto. Y esto no han podido enseñárselo ninguno de sus directores –el primero de ellos, Vilchis, hace 3 lustros más o menos–; es una cualidad innata. Posee Blanca de Castejón el sentido y el concepto del ademán; cada ademán quiere decir algo, y ella, como Julia Lambert, dice lo que quiere con exacto ademán, y consigue –privilegio de actrices que nacen para tales y que se hacen después, además, que el espectador la mire antes de que pronuncie la primera palabra de un parlamento, o de un simple bocadillo. Fue como Julia Lambert y como Blanca de Castejón, una actriz perfecta; la que representaba como Blanca de Castejón, y la que actuaba como Julia Lambert. No recuerdo en actriz que haya visto yo actuar en español mayor flexibilidad, más fácil y transparente ductibilidad, ni mayor riqueza en el acento para el matiz. Su Julia Lambert es la creación perfecta de una actriz que ha llegado a un punto de madurez muy difícil de alcanzar, producto, seguramente, del largo y oscuro estudio de todos los días. Blanca de Castejón demuestra con su Julia Lambert que está en el zenit de su carrera. Nacida en Nueva York, de padres españoles, se hizo actriz en México, primero a la sombra de Vilchis, adolescente aún el año 33; después sostenida por su propio esfuerzo. Actúa durante largas temporadas en el cinematógrafo, en Hollywood; hizo giras teatrales por la república; intervino en algunas películas nacionales, y llegó, por fin, su oportunidad de demostrar lo que es con la interpretación insuperable Teatro de Somerset Maugham.

En la novela, que después hizo comedia su propio autor, el hijo de Julia Lambert dice:

–Tú ignoras la diferencia que existe entre la ficción y la verdad. Tú finges siempre. Es como tu segunda naturaleza. Haces teatro si das una fiesta, ante la servidumbre, cuando estás con papá y cuando estás conmigo. Ante mí interpretas el papel de una madre indulgente, cariñosa y, además, célebre. En realidad, tú no existes; sólo eres uno de los muchos personajes que has interpretado a lo largo de tu vida. Algunas veces he llegado a preguntarme si has existido de verdad o si habrás sido sólo la fuerza transmisora de todos los personajes que fingiste ser. Cuando sabía que estabas sola en una habitación, he deseado muchas veces abrir la puerta bruscamente, pero me he contenido ante el miedo de no encontrar a nadie.

Julia le contesta a su hijo, y en su respuesta está toda la filosofía del comediante, que con un sentido que maravilla, entendió y expresó como gran actriz Blanca de Castejón.

–Lo que ocurre es que tú no comprendes que representar no es una cosa natural; es un arte, y el arte hay que crearlo. La auténtica tristeza es fea, y la labor del artista consiste en interpretarla no sólo como una verdad, sino como una bella verdad. ¿O crees tú que si yo estuviese realmente muriéndome, lo mismo que he muerto en tantas comedias, habría de importarme que mis ademanes fuesen los que reclama la situación y que me preocuparía lo más mínimo de pronunciar las palabras de moribunda de una forma que llegasen a emocionar al espectador más alejado del escenario? Si mi arte es una farsa, farsa también es una sonata de Beethoven; así, pues, no soy yo más farsante que el pianista que toca esa sonata.

Al lado de la magnífica interpretación de Blanca de Castejón, sus acompañantes dieron más que nunca la impresión de lo que son, novatos, no importa que algunos sean en razón de tiempo, veteranos. Margot Wagner hizo, sin embargo, una Avis Critchon deliciosa, y Alicia Jimeno estuvo sobria en su vestidora Eva. Estela Matute, muy hermosa en sus vestidos que la desnudaban se reveló discreta, nada más; ignora el lenguaje de los brazos; no conoce el matiz del diálogo. Frío Rafael Estrada en el Miguel, que debió repartírsele a Augusto Benedico en vez del Lord Temperlay, el que, sin embargo, compuso con mucha dignidad. Bien, casi muy bien, Carlos Navarro en el Tom Fenell; hay en él un posible excelente galán. La dirección de Wagner no se hizo notar sino hasta las escenas finales –cuando Julia Lambert atraviesa, innecesariamente por el patio de lunetas– lo que significa que fue la suya una buena dirección, porque el buen director es aquel que no se ve; como para sentir que un corazón late, no es preciso acercarse el oído al pecho que lo guarda...