FICHA TÉCNICA



Título obra Bajo Tierra

Autoría David Olguín

Dirección David Olguín

Elenco Juan Carlos Beyer, Lucero Trejo, José Carlos Rodríguez, Erando González, Diego Jáuregui, Moisés Manzano

Escenografía Gabriel Pascal

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, “Para engañar a la muerte”, en Tiempo Libre, 18 junio 1992, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Para engañar a la muerte

Bruno Bert

En el ámbito siempre acogedor del teatro Santa Catarina, David Olguín está presentando un trabajo que lo tiene simultáneamente como autor y director. Me refiero a Bajo tierra, que coloca como figura central a la Muerte y al personaje de José Guadalupe Posada.

Estructurado como un juego de corte fársico y popular, se articula anecdóticamente alrededor de un encuentro de Posada con la Parca que viene en su busca, en un acto de seducción, ofreciéndole retratarla de la forma más favorecedora (la celebérrima imagen de La Catrina)logra un aplazamiento que irá posponiendo el desenlace, bajo la sucesiva ocultación del dibujante en distintos disfraces, encarnadores de individuos correspondientes a los momentos finales del porfiriato y los primeros personajes de la Revolución.

Impregnada de elementos alegóricos y sin embargo perfectamente sujeta a una estructura simple de lectura directa, la obra admite distintos niveles de acercamiento, que van desde la proposición lúdica hasta el discurso filosófico, con la vieja e ilusoria pretensión de matar a la Muerte, bajo la risa de personajes poéticos como Romero... Pérez, o la presencia de un Virgilio, tan atinado para servir de guía en los posibles caminos de ultratumba.

Para esta mascarada de sonrisa trágica, ha sido lógica la elección de Guadalupe Posada como hilo conductor, no sólo por su familiaridad con la imagen de la muerte y la vinculación directa de estas calacas y charadas con la cultura popular pre-revolucionaria; sino también como una forma de desmitificación en el manejo de figuras y nombres incluyendo al mismo Posada, claro- de la historia más o menos cercana de nuestro país, trepadas todos aquí a la danza igualadora que ilustró tantas veces aquellas hojas sueltas en papel de china, con todo el sabor simultáneamente mexicano y universal, con raíces que se pierden en el medioevo.

Y siento que Bajo tierra, tiene el mismo poder y la idéntica efímera consistencia de aquellos folletos publicados por Venegas Arroyo, que hicieran célebres las ilustraciones de Posada. Como ellos abarca la vena cómica, estimula la reflexión, satiriza la realidad, invoca a la muerte y pierde rápidamente valor en la memoria de sus gustadores: Un producto circunstancial, válido y sin pretensiones. Y esto no es nada peyorativo, ya que son varios los aciertos de Olguín y no es para nada igual lo efímero que lo intrascendente.

La escenografía estuvo a cargo de Gabriel Pascal, que aplicó también un concepto ingenuo —algo así como de juguete popular, muy de acuerdo con el manejo de actores, sobre todo en algunos personajes más o menos secundarios—, para la distribución del espacio y la elección del material y el tipo de acabado, dándole un sabor entre precario y pueblerino a la representación.

Las actuaciones estuvieron a cargo de Lucero Trejo como la Catrina, José Carlos Rodríguez en Homero Pérez; Erando González asumiendo a Guadalupe Posada; Diego Jáuregui en su ayudante Josefo, más la participación de Moisés Manzano y Juan Carlos Beyer en los roles del Cátulo Prieto y el embajador de Estados Unidos. Casualmente habíamos apreciado recientemente el trabajo histriónico de los protagónicos masculinos, porque ambos trabajan, asimismo, en una puesta de materiales cortos de Moliere, y parte de los personajes molierescos (donde asumen similares roles de amo y criado) se filtran aquí en cuanto a recursos e incluso manejos vocales. Interesantes y ya elogiados, aunque un tanto repetitivos y con necesidad de variación de esquemas. Sólida la composición del mendigo ciego y atractiva aunque un poco excedida (bueno, después de todo la muerte puede permitírselo y resulta interesante su presencia); la participación de Lucero Trejo, a quien recordaremos en tantas puestas del extinto Centro de Experimentación Teatral. En definitiva, Bajo tierra resulta un trabajo tal vez no sobresaliente pero sí atractivo, que se integra en forma muy correcta en la cartelera universitaria de esta temporada.