FICHA TÉCNICA



Título obra Alerta en misa

Autoría Bill C. Davis

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Enrique Álvarez Félix, Alberto Mayagoitia

Escenografía David Antón

Iluminación Benjamín Alayón

Espacios teatrales Teatro Polyforum Cultural Siqueiros

Productores Televisa

Referencia Bruno Bert, “Alerta al público”, en Tiempo Libre, 11 junio 1992, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Alerta al público

Bruno Bert

La sala del Polyforum Cultural Siqueiros toma esta vez la forma de una sacristía neogótica, con el agregado de un púlpito, para ambientarnos de la mano de David Antón como escenógrafo, en la obra Alerta en misa, de Bill Davis que traduce y pone en escena José Luis Ibáñez con la producción de Televisa.

La historia borda las comodidades de un sacerdote católico de una muy rica diócesis de San Francisco, cuyo éxito estriba en decir mediante floridos sermones, lo que justa- mente esperan y desean sus feligreses. Una perfecta combinación entre economía y tranquilizadores espirituales, que le permite sentirse un triunfador, con una abundante provisión de vino del Rin y un Mercedes último modelo en la puerta.

Aparecerá entonces un contestatario seminarista (que en modo alguno pretende profundas transformaciones y proviene de su misma clase social) que comenzará a cuestionar este sistema de relaciones entre un sacerdote y sus feligreses mientras intenta, a su vez, pasar por la aprobación eclesiástica de su obispo para lograr tomar en definitiva, las Ordenes como cura regular. La obra está planteada como comedia, y por lo tanto prevalece lo ligero, lo humorístico, lo que cuestiona pero no irrita. Así, asumiendo la propuesta directa de montaje en donde se nos coloca un poco como los ricos oyentes del padre Farley, se halagan nuestros conceptos liberales y modernos que nos permiten comprender la ligereza de algunos sacerdotes, criticar con suavidad la laxitud de sus principios, admirar la forma en que se contemporiza con la realidad del entorno y hasta matizar con bromas, alguna palabra gruesa y ternas un tanto "escabrosos" como la homosexualidad y los intereses económicos de los' ministros del Señor.

Nada irrita, todo está dicho con altura y al final sucede la necesaria catarsis, en donde los buenos se vuelven más buenos aún, y un pequeño hálito de "tragedia" aleja con su presencia las concesiones que nos habíamos permitido hasta ese momento, en una "rebelión" hacia las jerarquías por demás inocua. En definitiva, está perfectamente claro que la obra es como el sacerdote de marras y los espectadores venimos a cubrir la función de los feligreses, por lo que se nos concede la necesidad de una apariencia de cambio para que nos vayamos tranquilos de la sala. Lo que llamaríamos un trabajo complaciente destinado a no irritar a los que sostienen con su dinero las colectas de las misas y las boleterías de los teatros comerciales.

Naturalmente que los únicos dos intérpretes son perfectamente conocidos: Enrique Alvarez Félix como el padre Farley y Alberto Mayagoitia en el rol de Marcos Dotson, el seminarista cuestionador. El trabajo de ambos se encuentra en los límites normales a los que nos tiene acostumbrados Televisa: acartonamiento, superficialidad, alguna gracia por momentos y un conocimiento profesional del manejo del público al que vende un personaje que nunca habrá de tapar las maneras y personalidad del actor que sea y al que el espectador justamente a venido a ver y aplaude aun antes de cualquier acción.

El trabajo de la dirección se haya también en lo que habitualmente significa un montaje de este tipo: está presente sobre todo en un discreto manejo de los actores y en una propuesta de clima y ritmo que sostenga el espectáculo. Por lo demás no parece haber otras posibilidades creativas para él. David Antón, del que comentábamos al principio, pertenece la escenografía, de una correcta proposición de espacio con un cierto barroquismo que hace juego al espíritu voluble del padre Farley, mientras que la iluminación de Benjamín Alayón no pasa de alumbrar discretamente la escena con algunos "efectos" que serían interesantes sí no fueran tomados seriamente con su halo de estampida mística.

En definitiva: un producto comercial sin mayor importancia ni trascendencia.