FICHA TÉCNICA



Título obra El huevo de Colón

Autoría Ausencio Cruz, Rafael Pimentel y Héctor Ortega

Dirección Héctor Ortega

Elenco Héctor Ortega, Alejandra Díaz de Cossío, Ramón Bazet

Escenografía Benjamín Villanueva

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, “El huevo está crudo”, en Tiempo Libre, 28 mayo 1992, p. 36.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El huevo está crudo

Bruno Bert

"Acabalgados a la carabela del oportunismo del quinto centenario" (como dice el autor en la presentación del trabajo), Héctor Ortega y su elenco nos presentan en el teatro Juan Ruiz de Alarcón una obra chusca, una "farsa trágica", al estilo que ya les es característico. Me refiero a El huevo de Colón de Ausencio Cruz, el mismo Ortega y Rafael Pimentel.

En ella los autores juegan alrededor del tema de la vida y obra del navegante genovés con la casi única finalidad de presentarnos un divertimento de los momentos más difundidos por la hagiografía escolar: su temprana vocación marina; la relación con la reina Isabel de Castilla; el papel de los frailes de la Rábida; el complot a bordo durante el viaje, etcétera. En cada caso se trata de explotar la relación entre el lugar común y la imagen histórica a partir tanto de los gags verbales como de acciones, en donde el hoy se filtra como la visión irónica y caricaturesca que destiñe el oropel y evidencia la hojalata, la trastienda imaginaria de los hechos. Se intenta en esto lo que el mismo Ortega hiciera ya con la Conquista de México en Cuauhtémoc, no te rajes hace algunos años.

Sin embargo la estructura en aquel trabajo notablemente más sólida que aquí, donde se alteraron algunas situaciones bien tejidas (algunos momentos con la reina o en el barco, por ejemplo), con otras bastante desvaídas y se empalma inesperadamente un final que no viene muy al caso, más allá de su veracidad histórica. Es que por debajo o bordeando el sistema de bromas, se intenta presentar al almirante de la Mar Océano como un utopista que busca imponer en el nuevo continente un régimen de igualdad que permitiera emular la condición primera del hombre, es decir la reimplantación del paraíso perdido.

Y cómo el vaivén de las circunstancias y apetencias, tanto del entorno como del mismo Colón terminan en el opuesto sangriento que significó realmente la colonización ("estrenando palabra", como comenta en un guiño el personaje, refiriéndose a este último término que tiene su apellido incorporado como raíz). Sin embargo, pasar tan abruptamente de dos horas de trabajo cómico a un final de tesis y tragedia con un Colón encadenado en medio de cadáveres de ahorcados, bajando información teórica... Suena como a temor de irreverencia, lo que no contribuye a definir un trabajo que de por sí ya venía débil.

Es interesante la proposición teórica sustentada y explicada en el programa de mano, pero ya en la línea del montaje escénico, el material sufre vaivenes serios de autoría y dirección no obstante el empeño actoral que ponen sus intérpretes. Ortega aquí ocupa el rol principal acompañado por siete actores que van asumiendo diversos papeles a lo largo de la representación. De su capacidad histórica tenemos sobradas muestras y naturalmente está en él, en las acciones referentes a su personaje, el atractivo fundamental de la puesta y prácticaqamente el ritmo mismo de toda la obra.

Y de su habilidad surge también la elección de un elenco dúctil, con algunas interesantes participaciones como las de Alejandra Díaz de Cossío o Ramón Bazet que se destacan de un conjunto homogéneo y de buen nivel. El espacio está manejado, escenográficamente por Benjamín Villanueva, que logra algunos hallazgos visuales con el manejo de telas, telones y distintas maquetas de la Santa María anclada o en alta mar.

Se trata entonces de un divertimento disparejo en su rendimiento final, por momentos disparado, por otros laxo; como necesitado de una revisión general que impusiera más rigor y tal vez más tiempo de elaboración