FICHA TÉCNICA



Título obra Réquiem por un imperio

Autoría Roberto D´Amico

Notas de autoría Adaptación de la novela Noticias del Imperio, de Fernando del Paso

Dirección Roberto D´Amico

Elenco Susana Alexander, Roberto D´Amico

Notas de escenografía Manuel Lara / adaptación de espacio

Música Bernardo Ezeta

Espacios teatrales Alcázar del Castillo de Chapultepec

Referencia Bruno Bert, “Teatro por un imperio”, en Tiempo Libre, 23 abril 1992, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Teatro por un imperio

Bruno Bert

La novela de Fernando del Paso Noticias del Imperio ha generado ya dos o tres versiones teatrales que no pretenden agotar lo que el libro significa, pero se nutren de él tanto en elementos temáticos como en los textos que utilizan, a veces en forma libre. Uno de los más conocidos es el que montara Roberto D'Amico en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, donde justamente vivieran los emperadores, y que acaba de ser repuesto por una breve temporada. Me refiero, claro, a Réquiem por un Imperio.

Resulta interesante la atracción que se siente por la desgraciada figura de esa pareja entre soberbia y patética que constituyeron Carlota y Maximiliano, porque paradójicamente reafirma el carácter independiente y combativo del mexicano, pero también el aura de esplendores ambiguos netamente más sugestivos que las figuras un tanto pedestres del primer imperio encarnado por Agustín I. Aquí el fusilado es nada menos que un Habsburgo, es decir de la misma casa de los que colonizaron México, que de esta forma se libró no sólo de los Borbones terminales en su independencia, sino también de aquellos que cometieron el primer ultraje en la figura de sus debilitados y evidentemente menos lúcidos descendientes.

El Imperio corre pero también halaga a México en el espacio del recuerdo y la evocación por más de un motivo, a los que se puede sumar la dignidad un tanto inútil y contradictoria pero sin duda existente en Maximiliano. Extensible a un cierto sentido de martirio con que cierra su vida; y el aura especialísima de Carlota, como una "loca de amor", sobreviviendo sesenta años a los hechos y a la historia misma, encarnada en su castillo de Miramar.

Todo esto se encuentra en el espectáculo de Roberto D'A-mico, planeado casi esencialmente como la línea de dos monólogos compartidos por momentos entre la figura de los dos protagonistas, asumiendo Susana Alexander el papel de Carlota. Los acompaña un coro de tres hombres y tres mujeres que alternan algunas intervenciones cuyas letras hacen a las circunstancias narradas y pertenecen al mismo D'Amico.

El espacio, adaptado por Manuel Lara, está acotado al fondo por algunos toques que sugieren las salas de la corte, y se implanta simple pero efectivamente con tarimas y desniveles que soportan como elementos de mayor peso los dos tornos, sencillos a pesar de su factura barroca, simetrizando el espacio. Así todo puede ser cambiado imaginariamente según lo llamen las circunstancias, llegando incluso a representar el mismo espacio real donde nos hallamos sentados, es decir el propio Alcázar del Castillo Imperial de Chapultepec. La puesta es en tono de espectáculo y los vestuarios no pretenden una ilustración de la época, sino más bien una reminiscencia a partir de elementos sugerentes, como la misma música —a cargo de Bernardo Ezeta— claramente contemporáneas para apoyar la visión tanto del autor como del director.

Tal vez, viéndolo críticamente, algunos cuadros adolecen de alguna reiteración en lo informativo, con un carácter esencialmente didáctico, que hace decaer un tanto el ritmo que por lo general se mantiene ágil. También los coros por momentos quedan contagiados del mismo efecto, escolorizándonos un poco los resultados. Sin embargo, los elementos fundamentales de la propuesta están logrados: el trasmitirnos la temperatura política de esos momentos, tanto em Europa como en México; el pintar con colores cálidos y vivaces a cada uno de los protagonistas, sin caer en caricaturas ni lecturas excesivamente complacientes (aunque sí, claro, de un tono sobre todo romántico, en el sentido de un cierto contenido regodeo por la desgracia) y sobre todo el incentivar el sentido de mexicanidad, que subyace a toda la narración como constante referente. El desempeño actora) está dentro de las líneas habituales que estos conocidos actores manejan en casi todos sus trabajos, con ese medio de ampulosidad y compromiso emocional que suelen utilizar, matizándolo según las exigencias de cada papel. Pero indudablemente dan los perfiles necesarios como para que Maximiliano y Carlota queden complementados por su fuerte personalidad sin necesidad de ilustraciones particulares (como podrían haber sido las famosas barbas rubias) y equilibre emoción, sátira y reflexión crítica.

Una obra-espectáculo correctamente montada y actuada sin pretensiones de vanguardia o trascendencia. Una excusa escénica para pasar dos horas agradables en compañía.