FICHA TÉCNICA



Título obra El último Pedro

Autoría Max Aub

Notas de autoría Adaptación de El monólogo del Papa, de Max Aub

Dirección Carlos Mancisidor

Elenco Óscar Yoldi

Espacios teatrales Teatro del Museo del Carmen

Referencia Bruno Bert, “El último grandilocuente”, en Tiempo Libre, 9 abril 1992, p. 6.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El último grandilocuente

Bruno Bert

El Museo de El Carmen, además de una serie de recovecos y salas utilizadas con fines teatrales, dispone de un relativamente bien adaptado foro para espectáculos de cámara, en lo que posiblemente fuera el antiguo refectorio del convento. Allí vimos hace un par de años una reposición de A puertas cerradas, y ahora se está presentando un cuasi-monólogo bajo la dirección de Carlos Mancisidor. Me refiero a El último Pedro, que tiene por protagonista a Oscar Yoldi. El texto, según nos informa el programa de mano, procede de las visiones de San Malaquías, de los oráculos de Nostradamus y de El monólogo del Papa, uno de los escritos de Max Aub. Un escritor, este último, bastante particular, con su origen franco-alemán, su nacimiento en París (1902), su radicación en España (1914) y la consecuente adopción de nuestra lengua para su producción literaria. Su salida de la península a raíz de la guerra civil y su exilio en México, donde muere en 1972.

Compuso cuento, novela, teatro... y no poco de este último, ya que creo que pasan de cincuenta las obras que tiene, aunque la verdad que con escaso éxito en relación con posibles montajes. Generalmente todo su trabajo está relacionado con lo testimonial, con lo político, con lo que adquiere un compromiso social en forma casi siempre abierta. No he leído el texto que da pie a este trabajo, por lo que no puedo diferenciar lo que proviene de Aub de los agregados de tipo profético y apocalíptico que suponen las otras dos fuentes, pero de todas maneras la intención social resulta visible en el trabajo, aunque al parecer en forma extrañamente anacrónica.

Quiero decir el texto es un largo párrafo de comunicación entre el Papa y Cristo, en un futuro impreciso, donde el pontífice se halla refugiado en Sudamérica a raíz de la persecución de que es objeto. El cristianismo está en franca retirada, carente casi ya de seguidores e incluso de argumentos frente a un embate social de los que quieren acabar con los pobres y pretenden que el trabajo no es un castigo divino sino la condición misma de la dignidad humana. El último Papa pide al Apocalipsis la consumación de los tiempos como postrera posibilidad, de manifestación divina, o de lo contrario la fe habrá caducado, definitivamente vencida por la suma de los tibios y los transformadores sociales triunfadores.

Claro que nunca se habla de socialismo ni de revolucionarios, pero de alguna manera me recuerda otro cuento de Max Aub La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco donde también se fantasea sobre un deseo social que en la práctica estaba lejos de realizarse. Sueños de refugiado diría yo, que hoy más que nunca se ven muy desmentidos por la realidad.

No son precisamente las derechas las que están en franco retroceso, ni la Iglesia la que se halla a punto de perder a sus seguidores, a juzgar por cualquier video de los constantes viajes papales. Más bien se diría que la profecía de Nostradamus en relación con el último Papa que habría de llamarse Pedro y estaría ya por arribar al solio pontificio en estos tiempos... pues, que está siendo francamente desmentido, a placer de los fervorosos y a disgusto de los nostálgicos. Pero el hecho es que el discurso de El último Pedro resulta particularmente confortante con lo que la historia nos está indicando.

De todas maneras, y a niveles de trabajo y de puesta, el monólogo está acompañado por algunos acólitos e incluso una figura alegórica femenina que por momentos cubren una importante función de sostén, ya que generalmente cantan, y sus voces son 'sólidas y pertinentes, aunque su actuación propiamente dicha tenga algo de grandilocuente y "operístico". La marcación es simple, correcta, sin excesivas pretensiones innovadoras y la interpretación de Oscar Yoldi es de una fuerte entrega, aunque con una clara tendencia mono-tonal. Quiero decir que organiza un personaje de fuerte raigambre y alcanza picos de intensas situaciones emocionales que interesan y convencen, pero mantiene casi toda la puesta sobre el exceso, el grito y esa amplitud de registro que prácticamente anula la posibilidad de los matices, lo que en definitiva se resuelve en contra del espectáculo, a pesar de la honestidad que impone en su tarea el actor. En fin, un material con puntos débiles y algunos acentos de interés.