FICHA TÉCNICA



Título obra La tarea

Autoría Jaime Humberto Hermosillo

Dirección Jaime Humberto Hermosillo

Elenco María Rojo, Ari Telch

Escenografía Alejandro Luna

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Bruno Bert, “Un ocho para el aprendiz de pornógrafo”, en Tiempo Libre, 2 abril 1992, p. 40.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Un ocho para el aprendiz de pornógrafo

Bruno Bert

Al parecer el teatro El Galeón está tomando una vertiente relacionada con los productos estilo "conejitos", quiero decir: calidad de factura, ambientación clase media, abundante exposición sobre el erotismo, los necesarios desnudos en un equilibrado balance de masculinos y femeninos; sentido del humor con una cierta altura y desenfado intelectual, con su necesario aunque no obvio reaseguro ideológico para los consumidores. Claro, esto puede ser una mera casualidad, dado que sólo me estoy refiriendo a los dos últimos estrenos en ese lugar. Pero en todo caso podría ser una fórmula con éxito asegurado.

Hablaba de Sexo, pudor y lágrimas en la temporada pasada y el reciente estreno de La Tarea a cargo del mismo Jaime Humberto Hermosillo que la manejara con notorio éxito en cine. Claro que en lo personal creo que hay diferencias entre aquella experiencia y ésta, entre la tarea cinematográfica y la teatral. Incluyendo por ejemplo los costos de producción, que allá prácticamente involucraron un cassette de video y significaron una experimentación interesante de lenguaje, con lo que esto implica, excediendo lo solamente formal; mientras que aquí resulta obvia una significativa inversión (no mayor a cualquier producción estándar, pero sí consistente si la comparamos con lo sucedido en cine), sumada a una propuesta escénica más que correcta y amena, pero en absoluto renovadora. En cine hubo aportación mientras que en teatro podría pensarse en una cierta complacencia a partir de los logros de la pantalla.

Pero aclaremos para que esto no parezca que estoy en contra del producto. En absoluto. Al contrario, lo pasé muy bien y creo que puede ser un buen "divertimento" para el público. Sucede simplemente que en el filme había amalgamada más riqueza que las de un simple esparcimiento bien hecho.

Aquí todo lo presentado tiene un excelente nivel profesional: el escenógrafo, Alejandro Luna, inventa —en sustitución del pequeño rincón de un departamento que nos mostrara la película— una alargada terraza de un minucioso naturalismo, revestida de auténticos ladrillos, con simulaciones a escala del alumbrado público... en fin, un prolijo ámbito para el aparentemente cotidiano acontecer de la narración; y además de un espacio sustitutivo más acorde con las exigencias del nuevo lenguaje, privado del valor de los frecuentes primeros planos que otorga la cámara. Objeto que no deja de estar presente, con media docena de pantallas, pero más como elemento referencia) relacionado con el recuerdo de un público claramente conocedor y al valor mismo del aparato de video, que realmente se usa en escena, por una necesidad funcional, ya que Hermosillo adopta desde el principio una transición inmediata al lenguaje propio del teatro. Efectivamente, el director se maneja con una lúcida inteligencia que le impide caer en la tentación de copiarse a sí mismo en un intento de traslación directa de la versión cinematográfica, y nos muestra una tranquila seguridad para la construcción de ritmos, efectos, manejo de planos y sobre todo la relación creativa con los mismos actores —María Rojo y Ari Telch— capaces, en esta segura complicidad con el director, de generar dos personajes lúdicos, atractivos, esencialmente empatizantes para el público espectador, al que se le lanzan frecuentes guiños asegurando su tácito acompañamiento en la narración y clima de obra.

Allí, María Rojo se muestra capaz de seguir la acción que Hermosillo propone para sí y, en lugar de copiarse, asume lo esencial para recrear aquello que el nuevo espacio y lenguaje artístico le propone como necesario. Ari Telch (del cual no recuerdo en este momento trabajos anteriores) se maneja sin dar ventajas a su pareja de rubro y logra un tipo perfectamente efectivo para las necesidades de obra.

Como vemos, no se trata de que haga una crítica formal; creo que es una tarea bien hecha, sólida artísticamente y que además casi seguramente tiene asegurado su éxito debido a las cualidades que como producto tiene y también a la habilidad para mostrarlo a su público por parte del director. Es simplemente la sensación, como espectador, que durante el traslado de medios, algo un tanto intangible pero tal vez importante, quedó por el camino.