FICHA TÉCNICA



Título obra Carne de cañón

Autoría Flavio González Mello

Notas de autoría Composición libre de Hombre por hombre de Bertol Brecht

Dirección Rodrigo Johnson

Elenco María Luisa Vázquez

Espacios teatrales Teatro Carlos Lazo

Referencia Bruno Bert, “Ni carne, ni cañón”, en Tiempo Libre, 27 febrero 1992, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ni carne, ni cañon

Bruno Bert

El teatro Carlos Lazo, de la Facultad de Arquitectura, alberga periódicamente ejemplos muy disímiles de teatro, de calidades extremadamente fluctuantes y con un público que —hay que admitirlo generalmente es bastante reducido: seguramente consecuencia de las dificultades para llegar a esa sala y la incertidumbre en relación a lo que se nos presentará. Siendo un espacio universitario halla en esta condición su justificante para una programación tan dispareja. Sin embargo, no debiera ser así, ya que otros teatros de la misma Universidad han encontrado un consenso de público en los últimos años, justamente a través de una selección más rigurosa de los materiales... que permite también una atención más adecuada de los artistas invitados, que con frecuencia se ven en circunstancias bastante absurdas para cubrir sus necesidades técnicas.

Ahora, en ese espacio que en sí mismo resulta atractivo por las posibilidades potenciales que ofrece, acaba de estrenarse un espectáculo que recibe por nombre Carne de cañón, paráfrasis de un material de Bertolt Brecht bajo la dirección de Rodrigo Johnson.

Hubiera sido interesante que en el programa de mano se hubiese intentado explicar el origen de la obra, los responsables de la adaptación, las intenciones generales del trabajo y la manera en que se formó la compañía, que cuenta además con un cuarteto que ejecuta algunos temas en vivo durante la representación. Digo que hubiera sido interesante porque descontándonos el material así como lo hacen, uno se encuentra un poco contundido. No tanto por la posible novedad de las resoluciones escénicas, sino por la desorientación que reina al parecer tanto en los conceptos de montaje como en el tratamiento de los actores.

El especificar al menos si se trata de una experiencia estudiantil (todo parece indicarlo así) hubiera ayudado a la hora de los juicios, ya que no se considera igual a un trabajo profesional que a una valiente intentona de un grupo de muchachos procedentes o no de la facultad donde se dictan algunas materias para la carrera teatral.

En fin, el hecho es que Carne de cañón es una versión libre de una obra que Bertolt Brecht compusiera por allá del 24, pocos años antes de entrar en contacto con la corriente marxista que marcara toda su producción posterior, pero ya anticipando una preocupación social que le es propia desde sus primeras construcciones para el teatro. Se trata de Un hombre es un hombre, nombre con que suele conocerse un material que en realidad se llama Hombre por hombre, dado que en tu temática incluye la sustitución de nombres y hombres hasta la consecuente despersonalización.

La idea que se maneja es la intercambiabilidad que los individuos de nuestra sociedad (y mucho más aquellos de los que Brecht habla, ubicados en la década de los veinte) deben tener para poder ser útiles a su sistema social, un hombre que necesita cambiar permanentemente para poder satisfacer los deseos mutantes del medio, hasta perderse completamente como individualidad en ese proceso de funcionalización. Aquí, el proceso pasa por un obrero simplote (aunque vanidoso y con ambición) que "no sabe decir que no"; primero se deja incluir en el papel y nombre de un soldado, hasta finalmente negar las que llegaron a ser sus dos identidades (porque a través de ambas puede llegar a ser condenado a muerte por pillajes y estafas) para quedar como un individuo anónimo, leyendo la oración fúnebre de sí mismo que ha sido "ultimado" en un simulacro de fusilamiento. Ahora ya no es más que un desconocido y sanguinario soldado que hará sólo aquello que el sistema le indique.

Naturalmente la trama es interesante y también la forma en que Brecht intenta llevarla adelante. Sin embargo, nos encontramos en una etapa aun de maduración por parte del escritor alemán, no solamente en relación con lo ideológico, sino también a las herramientas básicas de estilo que justamente está afinando estos años y que habrán de tener su primera culminación (aún llena de incertidumbre y confusiones, pero ya más potente en estilo e intenciones, con La ópera de los tres peniques). Aquí hay un Brecht temprano, y tal vez haya sido esto lo que animó a los componentes del grupo a este tipo de adaptaciones con sugerencias muy libres e interpolaciones que en ocasiones producen confusión en lugar de aclarar lo que en el original podía haber de inmaduro.

Se trata de un juego altamente complejo que al director se le escapa completamente de las manos. Por un lado el ritmo se vuelve como un corazón enfermo que acelera o alienta sin medida ni concierto. Por el otro, confunde las proposiciones brechtianas con el intercalar bromas, parodias, chistes, acrobacias, canciones en órdenes y tiempos que en lugar de servir al fin último de la claridad narrativa, se vuelven como bumerang que golpean el espectáculo en lugar de aligerarlo como supongo será la intención.

Lo mismo sucede con el manejo de los actores: muchas veces no se les escucha hablar, y mucho menos cantar.

Las coreografías son un caos y las caracterizaciones se vuelven como complicidades de revista que uno se pregunta a dónde conducen. No son tan personales como para poder realmente prescindir de Brecht, pero tampoco tan conocedores como para usarlo correctamente. Son "libres" (¿Qué querrá decir esto?) y parecen divertirse bastante, como en esas fiestas en las que entramos y vemos a los de la casa pasarla fantástico aunque se nos escape el por qué. Tal vez el punto a favor está en esa energía que usan, pero así como la entregan, claramente no es suficiente... ni aun para una propuesta universitaria en el Carlos Lazo.