FICHA TÉCNICA



Título obra Ha llegado un inspector

Autoría John Boynton Priestley

Grupos y compañías Actores del Instituto Cinematográfico de México

Espacios teatrales Teatro Latino

Notas Semblanza de John Boynton Priestley con motivo de las escenificaciones de sus obras en el Instituto Cinematográfico de México y en la Facultad de Filosofía y Letras

Referencia Armando de Maria y Campos, “Priestley, novelista y dramaturgo”, en Novedades, 26 junio 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Priestley, novelista y dramaturgo

Armando de Maria y Campos

Una de las más recientes piezas de teatro de John Boynton Priestley, novelista y dramaturgo inglés de los más importantes, fue elegida para inaugurar una temporada de teatro organizada por el Instituto Cinematográfico de México y presentar actores del propio Instituto y de la llamada "nueva generación de actores". Esta obra fue Llega un inspector, estrenada en Nueva York, en el Booth Theatre, el 21 de octubre de 1947, con éxito creciente que alcanza hasta estos días.

Esta es la segunda obra de Priestley que se representa en México. La primera fue Esquina peligrosa, también en representaciones destinadas a público reducido, y también por aficionados a representar y por algunos de otra nueva generación de actores. Y se anuncia para en breve, esta vez en el aún más reducido local de la Facultad de Filosofía y Letras, la representación de una tercera obra de Priestley: Música en la noche. Priestley está en el candelero de la actualidad teatral: sus obras se representan en casi todo el mundo cultural que ha organizado la Unesco, de cuyo Instituto Internacional de Teatro John B. Priestley es su presidente electo desde junio del año pasado. Estuvo en México, como delegado de la Unesco, en 1946, y gracias a su interés por nuestro raquítico medio teatral, contamos ya con una delegación o sección mexicana en el mencionado Instituto Internacional.

Decía que obras de Priestley se representan actualmente en varias grandes ciudades de Europa y de América. Podría señalarlas, pero me basta para llevar al lector al terreno de la categoría que ha alcanzado este autor, citar aquí su más reciente éxito, obtenido este mismo año en Londres, con la representación de su drama Home of tomorrowEl hogar de mañana–, que ha provocado los más diversos comentarios de la crítica inglesa. El tema de la obra es como sigue: El director inglés de la organización de U.N. para los "territorios inexplotados" en una imaginaria isla antillana, intenta mejorar las condiciones sanitarias y el nivel cultural de la población indígena. Sus esfuerzos se ven amenazados por una política organizada por Vezabar, que con el apoyo de un monopolio industrial quisiera expulsar de la isla a los miembros de la organización internacional. Tras muchos episodios truculentos, Vezabar asesina al delegado inglés, y éste al morir dice que es inútil retrasar el progreso por una violencia y que el ideal de la U.N. terminará por triunfar. Durante el desarrollo de El hogar de mañana, un liberal –un inglés–, un comunista –un checo–, y un existencialista –un francés–, exponen sus puntos de vista. Como digo, la crítica ha emitido los juicios más diversos. Algunos están convencidos que se han lanzado a una empresa loca. El mundo ha de desaparecer si no se le reconstruye inmediatamente desde la raíz". En Theatre Newsletter, leo: "La obra estimula extraordinariamente, inclusive a quienes resisten su mensaje". Otra opinión más, la del crítico de Telegraph, pone un nuevo punto sobre la "i" de Priestley: "Las intenciones del autor se reparten entre el deseo de contar una historia y la de hacer una sátira del mundo actual."

John B. Priestley –nació en Nueva York el año de 1894– es un autor evidentemente para los muchos y no para los pocos. Es una personalidad muy sólida, más parecida a la de un campesino vigoroso que a la de un hombre de letras; fuerte como un púgil, habla con marcado acento campirano; nunca abre la boca sino para hacer observaciones directas que o bien ofenden a sus oyentes para toda la vida o los hacen amigos suyos para la eternidad, y se las arregla al mismo tiempo para escribir copiosamente y para lanzarse a empresas tan poco literarias como la dirección de un teatro o para viajar por todo el mundo en compañía de una inmensa familia de niños. Obtuvo su fama con libros como The good companions (1929), adaptación al teatro de su novela del mismo título, "rica en humrosimos propios del condado de York, tierra natal de Priestley, y en espíritu dickensiano de aventuras", afirma el historiador inglés George Sampson. La popularidad de esta adaptación dejó al autor abiertas las puertas del teatro; escribió y escribe mucho –como ya lo veremos– preocupado por desconcertar, y a veces decepcionar a su público, con misterios de la vida y de la duración del hombre.

Intentaré una bibliografía teatral de J.B. Priestley. Después del éxito de Los buenos compañeros, rápidamente fueron sucediéndose Dangerous corner (1932); The round about (1933); Laburnum Grove (1933); Duet in Floodlight (1935); Cornelius (1935); Bees on the boat deck (1936); Time and the here before (1937); People at sea (1937); Music at night (1938); When we are married (1938); Johnson over Jordan (1939); The long mirror (1940); Good night children (1942). Durante los años 1941 y 1942 Priestley cubría una información diaria sobre la guerra al través de los micrófonos de la BBC de Londres. En 1946, atraído por la televisión escribió, también para la BBC londinense, una obra titulada La rosa y la corona, que fue televisada en los estudios del Alexandra Palace de Londres; La rosa y la corona consta de un solo acto y se desarrolla en una hospedería situada en el norte de la capital británica. La acción tiene sugestivos momentos; el hecho de que se desarrolle en nuestros tiempos, no impide que Priestley aborde una técnica semejante a la de Dangerous corner, en la que el concepto tiempo se encuentra inteligentemente deformado. Conviene recordar aquí que la primera obra televisada por la BBC fue una de G.B. Shaw. Que un escritor como Priestley haga tan diversas especulaciones y que su público siga aplaudiéndole, es característico de la Nueva Inglaterra. Ah, sus novelas son punto menos que innumerables...

Claro está que no conozco toda la obra teatral de Priestley, pero con las que he leído y las dos que he visto representar me basta para reconocer una gran originalidad y asegurar que poseen casi siempre un tema novedoso y un clima que las hace sugestivas. Entre sus más originales producciones creo están: He estado aquí antes, en la que un sabio sostiene la teoría de la repetición indefinida de los sucesos de la vida, y en Llegaron a una ciudad, en la que expresa de manera casi indiscutible su fe y su esperanza en el advenimiento de una nueva vida, de un mundo verdaderamente civilizado. La presencia de Priestley en el teatro contemporáneo significa un original mensaje de inquietud, rico de caudal humano.

Estoy al final de esta crónica sin referirme a Llega un inspector, estrenada el viernes 17 en el teatro Latino, que por primera vez abrió sus puertas al público metropolitano, que llegó a su sala reducida, elegante, acogedora, salvando montañas de barro, tablones con clavos y alambres, producto de las obras de pavimentación del Paseo de la Reforma –el nuevo gran cine, con su pariente pobre, el teatrito, se halla en el suntuoso edificio marcado con el número 296. Esta omisión está calculada. Ahora quise hablar de J.B. Priestley; mañana comentaré [La llegada un inspector priestleyiano a nuestra cada vez más raquítico medio teatral, que no logró llenar –ni con el señuelo de la] asistencia a la función inaugural de nuestras luminarias cinematográficas– sus mal contadas 300 lunetas; entre los espectadores se hallaban todos los cronistas cinematográficos. Lo que ya es un triunfo del teatro sobre el cine. Nunca vimos tantos "columnistas" cinematográficos juntos, tal vez descubriendo un arte que es tan viejo como el mundo...