FICHA TÉCNICA



Autoría William Somerset Maugham

Notas Semblanza de William Somerset Maugham con motivo del estreno de su obra Teatro en el Instituto Cinematográfico de México

Referencia Armando de Maria y Campos, “Apuntes para un retrato de William Somerset Maugham, famoso dramaturgo inglés cuya obra Teatro estrena mañana el Instituto Cinematográfico de México I.”, en Novedades, 23 junio 1949.




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Novedades

Columna El Teatro

Apuntes para un retrato de William Somerset Maugham, famoso dramaturgo inglés, cuya obra Teatro estrena mañana el Instituto Cinematográfico de México. I.

Armando de Maria y Campos

Como novelista y dramaturgo William Somerset Maugham ocupa un puesto tal vez único entre la última generación inglesa y la presente. Tenía ya buena fama como novelista cuando se inició en el teatro con Hombre de honor (1903), desagradable drama de matrimonio desigual y de suicidio, representado privadamente por la Sociedad de la Escena, grupo de teatro marginal, como entonces se les llamaba a los experimentales. "Fofa era la obra en cuanto a la sustancia y no exenta por completo de pasajes grotescos –dijo un crítico de la época–; pero demostraba a las claras la habilidad de su autor para inventar argumentos de eficacia teatral, que pudiesen contarse ante el público en lenguaje natural de personas verosímiles. Si no era capaz el autor de hacer algo más, sí tenía aptitudes para iluminar la vida humana con luz nueva y memorable, pregunta era ésta a la cual no daba respuesta clara y que por su parte nunca quiso responder Maugham –continúa el severo crítico e historiador de la escena británica, Sampson–, pues, una vez que hubo descubierto sus cualidades para el teatro, las aplicó a fabricar diversas producciones dramáticas de éxito feliz". No se puede ser más exacto, ni más justo, para enjuiciar con serenidad responsable la obra diversa y fecunda de un gran dramaturgo contemporáneo, muchas veces representado en México.

Nacido en París, en 1874, hijo del productor de la embajada británica, a los 10 años, cuando sólo había asistido a las escuelas francesas, quedó huérfano, y de regreso a Inglaterra tuvo dificultades en los colegios porque su lenguaje era defectuoso. Más tarde fue a estudiar a la Universidad de Heidelberg, en Alemania, y otra vez en Londres entró en el St. Thomas Hospital para seguir la carrera de medicina. El mismo confiesa que era un estudiante mediocre, trabajando tan sólo lo necesario para ir pasando en los exámenes. El tiempo sobrante lo pasaba leyendo y escribiendo en la soledad y estudiando para sí mismo literatura, historia, ciencia y filosofía.

A medida que avanzaba en la carrera médica fue sintiéndose más interesado por ella; también le interesaron las visitas que tuvo que hacer a los barrios humildes de Lamberth, donde entró en contacto con la vida en su forma de mayor crudeza. Esta experiencia le inspiró su primera novela Liza of Lamberth, escrita por las noches después de haber trabajado todo el día en el hospital. El éxito de esta novela le decidió a abandonar la medicina para convertirse en escritor profesional. Como las ganancias literarias eran escasas, y le daban tan sólo para vivir con penuria, empezó también a escribir para el teatro, pero los empresarios se le mostraban difíciles. Algunos dijeron que sus comedias eran demasiado sombrías y otros que carecía de acción. Pero Maugham perseveró, hasta que al fin el éxito de Lady Frederick, que se presentó 422 veces seguidas, disipó para siempre el espectro de las dificultades financieras. Muy pronto tuvo tres piezas suyas representadas al mismo tiempo en los escenarios de Londres.

William Somerset Maugham se graduó de doctor en medicina en 1898 como miembro del Real Colegio de Cirujanos y licenciado del Real Colegio de Médicos. Publicó su primera novela Liza of Lamberth en 1897 y aunque su fortuna se la debe al teatro es muy probable que su nombre se inmortalice más bien como novelista. En 1915 publicó su magnum opus: Of human bondage, que en el fondo es una autobiografía de los primeros treinta años de su vida, incluso todo el periodo de sus estudios de medicina. Al salir a luz esta obra se recibió con muy poco entusiasmo, pero lentamente fue ganando en popularidad y hoy se le considera como clásico de la literatura moderna, a la par con las novelas más excelentes; esta obra sola bastaría para dar a su autor el calificativo de genio.

Más tarde volvió a dedicarse preferentemente a su novela The human bondage, publicada en 1915, es quizás la mejor de las suyas. The moon and six pennies (La luna y seis peniques) es una historia de los mares del sur. Las aventuras de Ashenden, un agente del Servicio Secreto, está basada en sus propias experiencias durante la primera Guerra Mundial. Cakes and Ale es una novela vigorosa que tiene como fondo la vida literaria inglesa. Después de la otra guerra, y a causa del trabajo realizado durante ella estuvo enfermo por más de dos años, pero restablecido por completo, desde entonces ha viajado constantemente por todas las partes del mundo recogiendo experiencia y sensaciones que le suministrasen material para sus novelas y comedias. Siempre tuvo más historias en su cabeza que tiempo para escribirlas.

Puede decirse que es contemporáneo de Wells, Bennett y Glasworthy sin que tenga ningún parecido con ellos, porque por su temperamento, Somerset Maugham combina la altivez de un Oscar Wilde con la mofa de los escritores jóvenes como Noel Coward y Aldous Huxley. Lo más curioso es que a pesar de esta posición casi única en la historia de la literatura inglesa moderna y que desde el principio sus libros siempre han sido de los que más se venden, los críticos no lo han considerado seriamente, después de muchas discusiones, sino hasta estos últimos tiempos.

Como artista, Somerset Maugham posee la agudeza de la simplicidad sin dudas ni vacilaciones de ninguna clase; su estilo es parco y escueto, lo que explica por qué, hasta cierto punto, algunos se han equivocado juzgándolo superficial. Pero esa ligereza o frivolidad, ese exterior un tanto duro, esa manera aparentemente casual y desdeñosa, si se examinan más detenidamente, revelan la enorme gama de la experiencia que este escritor tiene de la vida, lo sagaz y profundo de su juicio, lo prolífico de su escepticismo y lo que es más aún sorprendente, su dignidad y energía moral.

En su método de trabajo, y en la idiosincrasia de su técnica es donde casi siempre se encuentra la personalidad íntima de un artista, y en toda la obra de Somerset Maugham, desde sus puros comienzos hasta lo último que ha salido de su pluma, no puede uno menos de percibir un algo indefinible, algo severo, algo de la esencia fundamental del estoicismo romano que, por lo cruel de escepticismo, algunas veces llega a ser supremamente terrible. Así es que en sus dardos principalmente se dirigen a la falta de sobriedad, a la hipocresía que, disfrazando al interés propio, trata de hacerlo pasar por altruismo puro y legítimo. Su crítica severa fustiga todos esos desfallecimientos y molicies de la carne, orígenes de la indolencia y el engaño, y lo corrosivo de su censura no perdona a ciertos tipos de peste social –el haragán, el parásito, el que anda a caza de canonjías y el que se afana por atraer las miradas del público–. Es muy posible que con el tiempo la ironía mordaz de este escritor, lo corrosivo de su sátira, su exhibición de las flaquezas humanas –exhibición tan sensual como las mismas flaquezas que fustiga vengan a ocupar un lugar en la literatura semejante al que ocupan las sátiras de Swift; la vehemencia de ambos escritores quizás no sea sino una especie de armadura de visibilidad exquisita de sus sistemas nerviosos.

Lo que significa concretamente Somerset Maugham como hombre de teatro lo referiré al curioso y paciente lector en su próxima crónica.


Notas

* La segunda parte se publicó el 28 de junio de 1949.