FICHA TÉCNICA



Título obra Mare Nostrum

Autoría Maribel Carrasco

Dirección Luis Martín Solís

Elenco Maribel Carrasco, Luis Martín Solís, Alain Kerriou, Claudia Landavazo, Isabel Romero

Escenografía Alain Kerriou, Claudia Landavazo, Isabel Romero

Vestuario Alain Kerriou, Claudia Landavazo, Isabel Romero

Grupos y compañías Teatro Mito

Espacios teatrales Teatro Casa del Lago

Referencia Bruno Bert, “Brújula con rumbo”, en Tiempo Libre, 31 octubre 1991, p. 35.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Brújula con rumbo

Bruno Bert

En la sala Rosario Castellanos de la Casa del Lago, acaba de estrenarse un trabajo de tipo experimental que recibe por nombre Mare tenebrosum. Está a cargo de un grupo, Teatro Mito, que se encontraba en receso en los últimos tiempos, trabajando sus dos integrantes en algunas propuestas de Jesusa; pero del que viéramos hace unos años varias propuestas interesantes de teatro callejero y de sala, con una fuerte incorporación de los elementos del mundo indígena mexicano

Vueltos ahora a la palestra, uno de ellos, Maribel Carrasco, asume la dramaturgia y uno de los papeles como actriz y el otro, Luis Martín Solís, se hace cargo de la dirección del montaje, mientras secunda a su compañera también como actor. Acompañándolos trabajan asimismo en la escena, Alain Kerriou, Claudia Landavazo e Isabel Romero. Todos los elementos complementarios, como la escenografía, el vestuario, etcétera están repartidos entre los mismos intérpretes, duplicando de esta forma sus intervenciones, de igual manera que la pareja fundadora.

Resulta interesante el camino que, artísticamente hablando, recorre el grupo durante este trabajo. El tenebroso, es decir oscuro y misterioso y no sólo espantable, mar al que hacen referencia es obviamente interior, en los espacios donde el deseo, el miedo o las culpas hacen nacer monstruos de mil nombres, que luego se confrontan con un exterior incierto. Hay entonces una componente subjetiva transformada en imágenes posiblemente mayor a la media habitual en un montaje que naturalmente se dirige hacia los espectadores. Aquí los creadores del trabajo intentan confrontar con nosotros, por supuesto, pero al parecer sus principales interlocutores son ellos mismos, tratando de verse espectacularmente transformados en personajes y circunstancias teatralmente elaboradas. Siendo así, el desplazarse a través de un itinerario lleno de claves personales y de referencias crípticas para todo aquel que no haga parte de la historia de los viajeros, vuelve el espectáculo una aventura que deja vagar nuestra imaginación que se va conectando aquí y allá según se enlacen los estímulos con los propios referenciales y sensibilidad.

El comienzo y final recuerda cierta forma de encarar a Becket que viéramos no hace mucho tiempo en nuestro medio. Esto tanto por el sistema de lenguaje como por las formas trabajadas, vestuarios y utilización del espacio y los objetos con el juego comunicación- incomunicación, así como la cotidianidad enlazada a un habla con reflejos entre poéticos y metafísicos, en donde se busca una "línea", una forma de comunicación, una identidad, una relación con los otros e incluso una posibilidad de encuentro con la divinidad si ésta no hubiera muerto, como al parecer sugiere la obra.

Claro que lo grave no está en la posible muerte de Dios, sino más bien la extensión de las esperanzas, depositadas durante el viaje por ese mar tenebroso en determinados referentes que una y otra vez resultan insuficientes o insatisfactorios, sin que la aridez del camino disminuya sólo por momentos que más parecen un juego de ilusiones, con la persistencia de una sensación apocalíptica en la que no hay remisión ni siquiera para aquellos que se lanzan de pleno al abismo. Formalmente, ese gran espacio intermedio contiene una unidad constructiva, aunque va recorriendo distintos antecedentes que a veces se vuelven un tanto abruptos en su enlace.

Se reconoce en ellos la habilidad en el manejo de los cuerpos, la imaginación en la aportación de objetos y el uso que de ellos se hace, e incluso un sentido lúdico aunque aquí en algunas pinceladas se vuelve un tanto macabro o al menos muy desesperanzado. Es decir que se reconocen los buenos antecedentes, las virtudes del grupo, aunque también sea visible una real dificultad para dar vida y sentido a los textos, problema que por otra parte comparten con los referentes teatrales que mencionan en escena, también ellos con el hábito de privilegiar todo lo que sea imagen, cuerpo y energía por sobre el valor textual. Elementos a reconocer y a superar si se deciden por sentirse con una identidad de lenguaje y de búsqueda, única brújula válida para ese cruce terrible y fascinante por los muchos mares tenebrosos que ojalá les queden todavía por cruzar y descubrir.

Vale la pena y éste es un buen intento de partida, si suponen no dejar fuera de bodega la confianza y una pizca de ingenuidad.

Escena de Mare Nostrum, de Maribel Carrasco, dirección Luis Martín Solís, Casa del Lago (Antiguo Bosque de Chapultepec, 553-6318); jueves y viernes (20:30); sábado y domingo (19:00 horas).