FICHA TÉCNICA



Elenco Dora Vila

Notas Semblanza de la actriz Dora Vila y su presentación en Madrid

Referencia Armando de Maria y Campos, “Dora Vila llegó, triunfó y murió en Madrid”, en Novedades, 19 junio 1949.




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Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Dora Vila llegó, triunfó y murió en Madrid

Armando de Maria y Campos

Se puede asegurar con justicia y con tristeza, que Dora Vila fue una artista mexicana malograda. Pocos serán quienes la recuerden con precisión si sus aficiones al teatro son posteriores al año 1920, mismo en que murió en la plenitud de la rosa y cuando ante ella se abrían los innumerables caminos del éxito y de la consagración.

Dora Vila apareció en los escenarios de la metrópoli durante los más tormentosos días de la revolución constitucionalista. Casi niña, crisálida de bella mujer, pisó la escena mexicana cuando aún estaba caliente bajo la tierra el cuerpo de otra gran actriz mexicana malograda, María Luisa Villegas; hacía sus primeros papeles la que a su tiempo alcanzaría las más altas cimas del arte y oficio de representar dramas y comedias, María Tereza Montoya. Lucía entonces, en plena granazón, la ardiente belleza de la gran actriz compatriota de Mercedes Navarro, Prudencia Grifell, extraordinaria actriz española hecha en México, dictaba todas las noches desde algún escenario mexicano su lección de dramática. Apareció Dora Vila...

Al lado de Ricardo Mutio, Dora Vila se impuso como primera actriz durante una temporada de más de un año en el teatro Fábregas, que entonces –crímenes son del tiempo revolucionario y no de México– se llamaba "Mexicano"; interpretaba las protagonistas del teatro español en boga entonces y recuerdo que logró un triunfo excepcional representando La Marianela, escenificación de la novela de Pérez Galdós, por los hermanos Quintero. Después, al lado de Ricardo Mutio, y como primera actriz de la compañía que dirigió tan notable actor mexicano, hizo una gira de cerca o más de un año, desde Monterrey a Mérida. De regreso a México empezó a preparar un viaje a España con la ambición de presentarse en un escenario madrileño, auspiciada por el gobierno del presidente Carranza, que tanto prodigó pensiones en el extranjero en favor de jóvenes artistas mexicanos.

La última vez que la vi fue a mediados de 1919 –junio o julio, según mis apuntes que tomé para una entrevista que publiqué en El Heraldo de México, dirigido por el autor yucateco Antonio Mediz Bolio, admirador y protector de Dorita, estudiando la Ofelia de Hamlet –"por si algún día la llego a hacer", me dijo–, y la protagonista de un nuevo drama de Mediz Bolio, escrito a medida, titulado La esfinge. Preparaba su viaje a España.

Llegó a Madrid Dora Vila pocas semanas después de que Antonio Mediz Bolio presentara sus credenciales de ministro de México en España al rey Alfonso XIII. Mediz Bolio, gran amigo de empresarios, artistas y autores, logró de Gregorio Martínez Sierra, director del teatro Eslava, de Madrid, que Dorita Vila se presentara en aquel coliseo favorecido por el mejor público madrileño, ingresando con determinada categoría en el elenco que encabezaba Catalina Bárcena. Dora Vila había escogido para presentarse la protagonista de La pasión, comedia de Martínez Sierra, que había estrenado con éxito en México; pero a última hora y siguiendo los consejos de Martínez Sierra, se presentó el 26 de enero de 1920, con Canción de cuna, la popularísima comedia blanca de María y Gregorio Martínez Sierra.

Consejo las crónicas de La Tribuna, El Heraldo de Madrid, El Sol y ABC, alusivas a aquel debate, pero para que el lector de ahora tenga una idea precisa de cómo fue la presentación de Dora Vila en Madrid, ninguna mejor que la que publicó el diario La Tribuna. La reproduzco: "Anoche se presentó al público madrileño, en el teatro Eslava, la señorita Dora Vila, actriz americana, que, pensionada por el gobierno mexicano –aprendan los nuestros a proteger y ayudar a los artistas españoles–, ha llegado a España con el noble entusiasmo y rara modestia de perfeccionar su arte. Martínez Sierra, el empresario siempre ávido de acoger cuanto sea anhelo artístico, abrió las puertas de su teatro a Dora Vila, y anoche tuvimos ocasión de aplaudirla.

"Se trata efectivamente de una actriz facultada por interpretar primeros papeles. Tiene una suave elegancia, un encanto de amable ternura y pone en la expresión trémolos de delicado sentimiento. La señorita Dora Vila ha podido venir en calidad de actriz eminente, en vez de humilde comedianta, que nos llega temblando para aprender y perfeccionarse aquí. Condición es ésta que acredita a la admirable artista mexicana un indudable amor a España. Anoche interpretó el personaje sor Juana Inés de la Cruz, de Canción de cuna. Su ademán, su gesto, su emoción, tuvieron en todo momento un sentido puro, en alma viva, y fue la delicada flor del jardín monjil de la bella comedia de Martínez Sierra. Con la señorita Vila compartieron los aplausos, la señorita Morer, toda sentimiento emocional; Armancha y Amelia Guillot, encantadoras monjitas; Ana Siria y la Yllescas, muy bien. Manolo Collado hizo el tipo de doctor de manera magistral. Después se representó Eslava-Concert, con números nuevos. La "Argentinita", fue la artista de alegría comunicativa de siempre, toda vivacidad chispeante; Amelia Guillot estuvo admirable en sus dos números, poniendo en ambos toda su sensibilidad de artista finísima. Carmen Sanz, recitó los versos del entreacto de manera admirable, el notable escritor Jesús J. Gabaldón".

Después de Canción de cuna, Dora Vila representó La pasión de Martínez Sierra. A propósito de esta representación, dijo Dorita a un periodista madrileño.

–"Catalina Bárcena, la actriz de moda hoy en Madrid, se ha portado conmigo como una hermana, habiéndome cedido con gran gentileza su propio papel en La pasión. El mismo periodista madrileño –Pedro Giner– le preguntó a Dorita: –¿De manera que piensa usted quedarse en España?... Escuchó esta respuesta: –¡Oh, eso de ninguna forma! Yo he venido aquí a estudiar, y estoy encantada de haber venido, pero yo soy actriz mexicana y de mis paisanos quiero oír los mejores aplausos. España me entusiasma, comprendo que el arte del teatro se toma aquí en serio y que aquí se aprende mucho, pero por lo mismo que admiro el arte de aquí, quiero llevarlo allá para que lo saboreen, y a México iré quizá dentro de un año, para que mis paisanos juzguen si he aprovechado el viaje".

Dora Vila no representó más en el teatro Eslava, de Madrid, ni pudo volver a México. Se quedó dormida para siempre una noche octubreña de aquel mismo año 1920. Durante más de veinticinco [años] su cuerpo esperó en un rincón de un cementerio madrileño el ansiado retorno al seno de la tierra que abandonó sedienta de gloria y aventura. Desde hace tres o cuatro años sus restos descansan, al fin, cerca de nosotros, en la dulce paz de un olvido cariñoso, tal vez nutriendo las raíces de nuevas rosas mexicanas.