FICHA TÉCNICA



Título obra Ante varias esfinges

Autoría Jorge lbargüengoitia

Dirección Ludwik Margules

Elenco Aurora Molina, Sonia Linar, Silvia Mariscal

Escenografía Teresa Uribe

Iluminación Teresa Uribe

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, “¿Esfinges? Hay varias”, en Tiempo Libre, 10 octubre 1991, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¿Esfinges? Hay varias

Bruno Bert

Con los materiales de Ibargüengoitia sucede como si la sociedad se sintiera culpable: no pudo hacerle los homenajes a tiempo y murió con una parte importante de su obra —su teatro, por ejemplo— subvalorada por sus contemporáneos, que por otra parte somos nosotros mismos, ya que su desaparición apenas si anda cerca de los diez años, sin ni siquiera cumplirlos. Y entonces se han sucedido a lo largo de este tiempo notas, publicaciones, actos y puestas en escena que rememoran y elogian su trayectoria. Hechos absolutamente merecidos, por otra parte, ya que Jorge Ibargüengoitia fue un buen escritor, pero que como casi todos en parecidas situaciones, acumulan epítetos y descascaran vida. Bah, que se le va levantando una bella y pesada estatua adjudicándosele incluso el rango de "clásico", como por ejemplo en el programa de mano del espectáculo que Margules acaba de estrenar como director en la Casa de la Paz.

Me refiero; claro, a Ante varias esfinges que pareciera ser la primera de sus obras que se transpone a un escenario con todas las de la ley. En lo personal confieso que he leído bastante de su narrativa (creo que alrededor de seis o siete títulos) pero nada de su teatro, aunque creo que recientemente se han publicado dos tomos que contienen supongo que toda o casi toda su producción dramatúrgica. Lo que sucede es que Ibargüengoitia me resulta un excelente compañero de "vacaciones" porque es ameno, risueño, ágil: con una visión crítica de su sociedad y momento sin caer en panfletos pedagógicos. Desprejuiciado y muy a la mano... pero olvido lo que escribe con la misma facilidad que los contenidos de una novela policial de buen nivel apenas me aboco a algo que me exija un cierto grado de concentración.

En fin, que lo considero un buen escritor, pero no un clásico, y francamente no creo que él haya luchado para entrar entre los mármoles.

Pero vayamos a la obra. La pintura es en los cincuenta, en la ciudad de México, de una familia donde el patriarca está por morir. El es el eje pero no hay un protagonista en el sentido convencional sino que se toma al colectivo familiar como tal, integrándole las diversas historias y desventuras para darles una fisonomía en la que predomina el gris del fracaso, la ausencia de valores y la muerte de los afectos y hasta del sentido mismo de la vida. La figura del viejo parece tomada (o al revés, no sé su ubicación cronológica) de su novela Dos crímenes, cambiando algunos detalles pero reproduciendo la situación de tensa es pera de toda la familia, que cuenta la herencia y finge afectos, mientras desata sexualidades un tanto fatalistas y frías, como también ocurre en Ante varias esfinges. Posiblemente ambas obras tuvieron en algún momento puntos de contacto que luego fueron diluyéndose en dos historias y circunstancias bien distintas aunque de raíces comunes.

Se ha hablado —a veces bien y a veces mal— del tono "chejoviano" que Margules ha impreso a la puesta. No es casual porque el sin sentido de algunas existencias que son arrastradas por la marea de las circunstancias; la incapacidad de verdaderamente comprender y cambiar; las pasiones desencontradas y a destiempo, un hondo arraigo en el fracaso y la procedencia burguesa-clasemediera de los personajes son, entre otras cosas, puntos que comparte esta obra con otras del autor ruso. Claro que los cincuenta no son los tiempos del splin (a pesar del desencanto existencialista) y el mexicano tiene un sentido de la vida muy distinto al que se adquiere en las nieves de la Santa Madre Rusia.

Sin embargo no es para nada impensable recurrir a un cierto tono reminiscente del impresionismo para el trabajo, y una mano afinada como la de Margules puede manejar con habilidad los climas propuestos dentro de este tipo de tónica con gratos resultados. Sólo que asordina un poco el humor de Ibargüengoitia, lima ciertas estridencias que le son muy propias e incluso tiende a pulir y homogenizar cierto manejo un tanto basto, áspero, que a veces el escritor deja escapar a media agua entre un recurso estilístico o una quizás torpeza del mismo origen. Pero todo ésto no habla mal de la puesta, sino que simplemente menciona la lucha creativa entre la proposición del autor y la concreción escénica del director que, naturalmente, ha puesto de lo suyo para decir su palabra. Y por supuesto aunque sobre un mismo material de origen, los pensamientos de Margules e Ibargüengoitia no necesariamente coinciden en todo. Qué es un Ibargüengoitia muy Margulizado? Posiblemente, pero eso no significa nada, ya que hasta a los "clásicos" les suelen pasar estas cosas. La dirección es sólida, la interpretación personal pero aportativa y en manera alguna desatinada; las actuaciones mantienen un interesante nivel y son las que más evidencian esta polaridad de la que hablamos, y la escenografía e iluminación (de Teresa Uribe) tienden un puente estético y de concepción entre autor y director. Tal vez no nos hallemos frente a obras maestras, pero estamos ante un buen teatro y éso es más que suficiente.

Molina, Sonia Linar y Silvia Mariscal en Ante varias esfinges, de Jorge lbargüengoitia, dirección Ludwik Margules, Casa de la Paz (Cozumel 33, Roma, 286-5315); miércoles a viernes (20:00), sábado (19.00) y domingo (18:00 horas). Fotografías de Jorge Claro León.