FICHA TÉCNICA



Título obra Madre Coraje

Autoría Bertolt Brecht

Dirección Gerard Huillier

Elenco Lucía Guilmáin, Germán Robles

Escenografía Arturo Nava

Espacios teatrales Teatro Julio Prieto

Referencia Bruno Bert, “¡Más coraje, Ofelia!”, en Tiempo Libre, 26 septiembre 1991, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¡Más coraje, Ofelia!

Bruno Bert

A pesar de no tener elementos estadísticos a la mano, creo que no resulta demasiado arriesgado suponer que dentro de la notable producción de Bertolt Brecht Madre Coraje es una de sus obras más conocidas y repuestas a niveles mundiales. Y de hecho genera un personaje que se vuelve de las dimensiones de aquellos otros grandes papeles femeninos que la historia de la literatura dramática nos ha ido dando a través de los siglos y de la que sin embargo es escasa nuestra contemporaneidad.

Para una actriz es tan seductora esta Madre Coraje como puede serlo una Medea o una Lady Macbeth, y es natural que a Ofelia Guilmáin le haya atraído 'la idea de encarnarla en esta etapa de su carrera, cercana ya a los cincuenta años de trabajo en nuestros escenarios. Para ésto ha elegido una versión debida nada menos que a Buero Vallejo, y ha optado por Gerard Huillier como director, seguramente debido entre otros motivos a la larga experiencia internacional con que éste cuenta; rodeándose además por un nutrido elenco que incluye a Lucía Guilmáin que encarna justamente el papel de su hija, la célebre y muda Catalina.

En el programa de mano se hace mención a una cierta libertad interpretativa en relación con los postulados estéticos de Brecht, pienso que tal vez un poco en prevención a las miradas un tanto ortodoxas, en un tiempo donde las "líneas duras" parecen caducar históricamente. De todas maneras, en cuanto a estructura escenográfica (que junto con la iluminación pertenece a Arturo Nava) se hace perfectamente eco de los deseos de Brecht, ya que lo que forma a un claro espacio teatral en donde el juego de ilusiones queda enmarcado visiblemente por los recursos del teatro, con las famosas cortinas que se corren (recurrencia al teatro de juglares y a la comedia del arte que mantuvo el Berliner Ensamble en muchas de sus puestas) a la vista de público y su sentido de la circularidad que se aúna al concepto de puesta y se emparenta a ciertos elementos que por un lado se hallan implícitos en el libro y por otro me remiten a un montaje bastante recordado de los sesenta que en Buenos Aires hiciera Alejandro Boero cuando asumiera el mismo papel y que posiblemente Gerard Huiller haya tenido oportunidad de ver y compartir ya que trabajaba allí en aquellos tiempos.

Entonces, a nivel de proposición espacial y distribución escenográfica se muestra atractivo en cuanto imágenes y pertinente en relación con las intenciones originales del autor. Es tal vez en el manejo de los actores donde podemos alejarnos un poco de las ortodoxias que antes mencionábamos. Sin embargo, creo que aquí y sobre todo en lo que hace al papel de Ofelia Guilmáin es posible que se ganara con una "traición" aún más acentuada. Quiero decir que su trabajo se haya "enfriado" en relación con el natural temperamento de esta actriz, tal vez acercado a una cotidianidad que permite relacionarla directamente con el público y manejar más moderadamente la empatía que podría producirse en una situación de manejo estrictamente naturalista. Pero esto produce una caída general de ritmo en casi todo el espectáculo y de fibra y energía en lo que hace específicamente al rol principal. Siento que hay como una media agua en este sentido, ya que los benditos puntos de distanciamiento debieran equilibrarse a partir de lo lúdico: lo que supuestamente perdemos de emoción debiéramos ganarlo en distracción como soporte a la transmisión ideológica de conceptos que generalmente se realiza en esos momentos.

Así, los protagónicos adquieren un carácter de corifeo y a su vez los restantes asumen un primer plano escénico muy acorde con los postulados de Brecht. Pero el hecho es que también la obra, construida como está para estos fines, impide un profundo trabajo de interiorización constante porque el mismo autor desestructura esa posibilidad. Esto significa que podemos lanzarnos a una mayor encarnación sin grandes peligros de entorpecer la lectura ideológica del trabajo. Siento que si la señora Guilmáin lanzara sin preocuparse demasiado su "temperamento", para usar terminologías prebrechtianas, seguramente el trabajo resultaría ganancioso a pesar de las críticas que pudieran hacerle algunos aferrados a las normas y las tradiciones. No creo que eso nos impidiera ver el carácter necio de algunos de los actos de Ana y esa incapacidad para aprender de los errores que marca el director en el programa de mano. Ella cree utilizar la guerra y, naturalmente, es esta última la que determina los actos individuales, dejando, sin embargo, un resquicio para las decisiones personales a partir de la consciencia que se encuentra cuestionada en Madre Coraje. Pienso que se trata de una figura teatral tan fuerte, que merece un tratamiento de choque por parte de la dirección, mientras que en este caso ha prevalecido como un cuidado, una deferencia, seguramente dirigida hacia Ofelia Guilmáin que termina por rebajar un poco la intensidad de la figura.

De todas maneras, esto está lejos de invalidar el trabajo de la dirección, que contiene variados aciertos, y tampoco el de la actriz cuya talla conocemos de sobra. Simplemente son acotaciones a lo que tal vez podría haber aumentado el interés del espectador por esta reposición de Madre Coraje. Es interesante, asimismo, destacar lo homogéneo del grupo de actores elegidos y especialmente los trabajos de Lucía Guilmáin y Germán Robles. En definitiva, un digno retorno de Brecht, algo tímido tal vez, pero muy gustable para los espectadores.

Germán Robles y Ofelia Guilmáin en Madre Coraje, de Bertolt Brecht, dirección Gerard Huillier, Teatro Julio Prieto (Rola y Nicolás San Juan, Del Valle, 5433478; martes a viernes (230), sábado (18:00y 20.45), domingo (18:00 horas) Fotografías de Luis Fernando Moguel