FICHA TÉCNICA



Título obra Don Juan

Autoría Óscar Venceslas de Lubicz Milosz

Dirección Sergio Cataño y Mariana Elizondo

Elenco Carlos Lizárraga, Alejandro Reyes, Jacobo Atri, Carlos Torrestorija, Mariana Elizondo, Alejandro Reyes

Espacios teatrales Teatro Rosario Castellanos

Referencia Bruno Bert, “¡... Por dios, don Juan!”, en Tiempo Libre, 12 septiembre 1991, p. 27.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¡... Por dios, don Juan!

Bruno Bert

Se trata de una obra de un autor lituano, país que ahora vuelve a resonar en los oídos del mundo como uno de los territorios bálticos que quieren independizarse de la Unión Soviética, que justamente la anexara a su territorio poco después de la muerte del autor de este trabajo, acaecida en 1939.

Oscar Venceslas de Lubicz Milosz fue todo un personaje, descendiente de grandes señores feudales con raíces en la realeza lituana, elementos y clima a los que hace referencia en este Don Juan suyo que acabamos de ver en la sala Rosario Castellanos de la Casa del Lago. El autor vivió casi toda su vida en Francia, en la que fue representante diplomático y cuya lengua adoptó para la producción literaria, que comprende variados géneros incluyendo incursiones en el teatro en donde la figura de Don Juan es reiteradamente convocada, aunque con adecuaciones por demás personales. No sé el año de redacción de este trabajo, pero calculando que es posterior a su obra más importante, Miguel Mañara, que data de 1913, podemos suponerla vinculada con las experiencias de Apollinaire (son variados los posibles contactos con este autor en relación al erotismo, la crueldad, los sentidos de la culpa e incluso ciertos recursos estilísticos) o relacionada con las escuelas de vanguardia de la inmediata posguerra.

A juzgar por el montaje, los textos tienen un sentido del humor sumamente intelectual y elaborado, predomina un sesgo trágico de corte casi expresionista, lo que provoca que cada personaje sea más bien como las máscaras de sus pasiones jugando encuentros imposibles con sus oponentes. De hecho, este Don Juan es un lisiado, cuyos actos más lo acercan a Sade (pero a un Sade evocado por Apollinaire) que a sus homólogos anteriores.

Históricamente la obra aparece ubicada en el siglo XVII, pero el clima de etapas finales, de dinastías decadentes, de tiempos concentrados en un poder incapaz de realizarse más, nos hablan de la segunda década de este siglo y en los vientos de tormenta que se corporizaron en la primera Guerra Mundial.

No estoy muy seguro de la sensación que produciría la lectura directa de este texto, al que supongo un tanto cargado de hojas muertas y hedores poéticos que hoy podrían sonarnos un poco añejos y autocomplacientes con la fría caricatura del dolor y la impotencia: pero es indudable que los directores del espectáculo: Sergio Cataño y Mariana Elizondo prisman con habilidad ese material, tejiendo imágenes y sombras, concentrando este destilado y agregándole una pizca de morbo suplementario. Un buen trabajo de montaje con un creativo uso del espacio: pocos elementos e ingenio por parte de la dirección y los actos multiplican los ecos de ese pequeño escenario.

La escalera de caracol sólo sugerida por el giro de los personajes; lo enrarecido y abigarrado de la taberna, dado por apenas cinco figuras estrechadas entre dos barandales, son, entre otros, segmentos que nos dicen de un simple y efectivo uso de los recursos del teatro.

Tal vez por ahí anden algunas influencias del maestro Oceranski, dado que aparece en programa como responsable de la iluminación y, por otra parte, algunos actores que participan en este Don Juan ya trabajaron con él en interesantes propuestas anteriores. Pero de todas maneras la mano de la dirección parece segura y aportadora en sus planteos, con un criterio definido y personal de puesta, y un manejo acertado y cómplice con los actores.

Estos son apenas cinco: Carlos Lizárraga, Alejandro Reyes, Jacobo Atri, Carlos Torrestorija y Mariana Elizondo pero, independientemente de Alejandro Reyes que compone únicamente la figura de Don Juan, los demás se suman a diversos personajes en los distintos momentos del espectáculo. Todos tienen un interesante desempeño: Jacobo Atri sobre todo en la composición del moribundo Don Luis (muy efectivo en el trazo haber ubicado a ese personaje en una rampa - cama tan pequeña); Carlos Lizárraga con un Sganarello que posiblemente podría crecer un poco, afinarse en sus rencores y tensar más los músculos bajo la apariencia de la calma, pero que de todas maneras presenta a un sirviente de los que uno quisiera estar lejos: Alejandro Reyes tiene la responsabilidad del personaje protagónico, con su mano verde y enjoyada que presupone no sólo la incapacidad de la caricia sino el anticipo de la muerte que va rigidizando cada uno de sus actos. Su trabajo es sólido y forma unidad dentro del contexto de sus compañeros. Es Don Juan, pero quizás un tono medio más gris, más de sombra, sin especial destaque del conjunto, aunque que declara su importancia.

En relación con Mariana Elizondo y Carlos Torrestorija, sus personajes, tal vez por manejar mucho menos lo textual, forman como un segundo plano, muy válido pero opaco, sobre las que se dibujan las acciones, con una escena erótica de conjunto que la habilidad de la dirección invalida en cuanto a un posible "efectismo", contraponiéndola a la mirada crítica y aparentemente fría de Don Juan y su criado.

En definitiva, estamos frente a un trabajo serio, creativo, con un grupo de buenos teatristas.

Un Don Juan distinto de un autor no demasiado difundido.

Escena de Don Juan, de L. Milosz, dirección Sergio Cataño y Mariana Elizondo, Teatro Rosario Castellanos (Antiguo Bosque de Chapultepec, 553-6318); viernes (20:30), sábado y domingo (19:00 horas). Fotografía de Luis Fernando Moguel.