FICHA TÉCNICA



Título obra Contrabando

Autoría Víctor Hugo Rascón Banda

Dirección Enrique Pineda

Elenco Lourdes Villarreal, Angélica Aragón, Angelina Peláez

Escenografía Gabriel Pascal

Espacios teatrales Teatro Benito Juárez

Referencia Bruno Bert, “¡Ajúa!”, en Tiempo Libre, 15 agosto 1991, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¡Ajúa!

Bruno Bert

En el teatro Benito Juárez y dentro de la programación del Tercer Gran Festival de la Ciudad, se estrenó una obra de Víctor Hugo Rascón Banda bajo la dirección de Enrique Pineda. Es la tercera dirección de este artista veracruzano para él mismo autor, pero la distancia entre aquellos espectáculos que se llamaron Máscara contra cabellera y ¡Cierren las puertas! es considerable.

Allí el espacio quebraba la convención teatral, a pesar que las puestas que vi se realizaron en el interior de una sala. Correspondía en realidad a un ring de lucha y a un palenque de gallos la convocatoria escénica, y el público podría rodear casi totalmente a los actores. Se incitaba el espacio a la teatralidad y había mil recursos visuales, dramáticos y analógicos tejiéndose conjuntamente el hilo de los textos. Aquí, en Contrabando el escenario es a la italiana, es decir estrictamente frontal y de caja. No hay prácticamente acciones por parte de los personajes ni recursos paralelos (salvo algún que otro efecto como las canciones, por ejemplo) que distraigan el valor de la palabra; y ni siquiera de la palabra hecha diálogo sino como soporte de largos monólogos, de estructuras claramente narradas. Incluso las canciones de las que hablo no "suceden" a la vista del público a pesar que están interpretadas en vivo, sino que sólo se escuchan, intuyéndose a los intérpretes tras unos sucios cristales. Planteado así pareciera que aquellos primeros trabajos de Rascón Banda-Pineda eran más interesantes, más estimulantes teatralmente hablando que el actual.

Pero no es así. Ni aquellos estaban totalmente logrados, ni esta obra significa una caída en lo convencional como también podría entenderse por las consideraciones que recién hacía. Trataré de explicarme. Se recurre sí a un escenario tradicional pero la disposición escénica que plantea la puesta da una inusual importancia a la verosimilitud de la famosa "cuarta pared" con una insistencia de las "espaldas"—sean humanas o de los muebles— que permite destacar a cada protagonista en su intención dentro del juego de monólogos al que se recurren casi como un trabajo de teatro dentro del teatro. En realidad esto es una sugerencia, ya que el montaje y el sistema de actuación es absolutamente naturalista; pero es suficientemente importante como para generar un vago quiebre de las regias tradicionales, no tanto a niveles perceptivos escénicos como en cuanto sensación en el espectador. En este sentido hay un excelente manejo de las reglas y un atisbo sobre posibilidades que pueden ser exploradas tal vez en otro proyecto conjunto. Podría resultar extraño ver que un dramaturgo que comenzó con un teatro muy abierto esté en estos momentos en un repliegue cada vez más perfecto en cuanto construcción pero también cada vez más excluyente en cuanto a la intervención creativa del director. Aquí pareciera como aclararse ese aparente encerramiento hacia estructuras inmutables con un desafío más sutil que Pineda —constructor generalmente de espectáculos— acepta y desarrolla con un grado de pericia muy interesante y sin descartar sugerencias para un teatro abierto en otro sentido al llevado por él hasta el presente.

Contrabando puede manejarse como una novela policial en donde van integrándose diversas historias confluyentes y se nos van dando pistas con policías y asesinos, perseguidos y perseguidores con su clímax y desenlace. Pero, como diría Umberto Eco (por cierto, ¿qué lee el hombre durante la espera? Un relato policial, como sería de esperar, ¿o la última obra del autor recién mencionado?) para su primer novela, esa es sólo una sensación aparente que abarca al espectador, porque si se analiza a fondo esto queda parcialmente desmentido. Pero Contrabando también podría leerse como una suma de monólogos, juegos selectivos del realismo sicológico, donde se construye toda la acción que nos es negada es la escena (bueno, hasta el final, al menos) por la sola sugestión de la palabra al mejor estilo de las tragedias griegas donde todo se narra, nada se ve y los personajes siempre están a las puertas del lugar clave, como en este caso, en donde también existe el coro que va comentando los hechos y las incidencias en forma cantada. Sólo que esta fuera de nuestra vista, detrás de los cristales que antes mencionábamos.

Quiero decir con todo esto que el juego planteado por el autor y el director es mucho más fino que aquel que se venían contrapunteando en los espectáculos antes mencionados. Y para esto contaron con un excelente trabajo de escenografía por parte de Gabriel Pascal y por supuesto de actuación, sobre todo con la tercia de mujeres: Lourdes Villarreal, Angélica Aragón y Angelina Peláez sin cuya calidad interpretativa sería imposible pensar en el buen éxito del experimento. Contrabando se acerca más a un trabajo como Playa Azul, al que está unido por variadas similitudes y un nivel muy respetable de compromiso social en una denuncia que nunca es panfletaria pero que refleja el permanente interés de Rascón Banda por su realidad histórica inmediata; pero supera a este antecedente planteándose tal vez como un parteaguas: después de esto puede que el autor recupere, desde un nivel superior, un teatro de experimentación y apertura en el sentido que anteriormente manejaba, incluso con los elementos de espectacularidad que contenía, o tal vez se cierre hacia estructuras cada vez más ajustadas y perfectas. No es que uno sea mejor que el otro, pero son claramente dos opciones distintas. Por el momento vale por calidad actual. Lo demás es espera.

Angélica Aragón en Contrabando, de Víctor Hugo Rascón Banda, dirección, Enrique Pineda. Teatro Benito Juárez (Villalongín 15, Cuauhtémoc, 546-0820); jueves y viernes (19:00 y 20:30); sábado (19:00) y domingos (18:00 horas).