FICHA TÉCNICA



Título obra Conozca a México. ¿Qué le cuesta?

Autoría Carlos M. Ortega y Francisco Benítez

Dirección Roberto Soto (El Panzón)

Elenco Josefina del Mar, Rosario Durcal, Dalia Iñiguez, Adelina Ramallo, Graciela Obregón, Eugenia de Llorca, Rebeca del Vivar, Alma Riva, Gloria Martí, Amada Ángeles, Diana del Moral, Bourdette Wilson, Irma Bonola, Eugenia de la Hera, Elvira Herrera, Fernando Soto (Mantequilla), Alfredo Pineda, Eduardo Solís, Pareja de baile Los Zea's, Óscar Ortiz de Pinedo, Rudy del Moral, Antonio Moreno Salazar, Gustavo Aponte, José Nava, Felipe del Castillo, y los conjuntos musicales Trío Janitzio, Los Cancioneros del Sur, grupo folklórico Nicolás Sosa, Orquesta de cuerda Ruvalcaba. Irma Vila y sus mariachis

Escenografía Magín Banda y Mario Sánchez

Música Federico Ruiz / recopilador; Agustín Lara, Manuel M. Ponce

Espacios teatrales Teatro Lírico

Referencia Armando de Maria y Campos, “Nueva salida por los campos de la revista del actor y director Roberto Soto”, en Novedades, 12 junio 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Nueva salida por los campos de la revista del actor y director mexicano Roberto Soto

Armando de Maria y Campos

Un bello espectáculo mexicano, bello pero incoherente, viene presentando en el teatro Lírico, de la ciudad de México, el actor cómico zacatecano Roberto Soto, uno de los más constantes animadores de este género revisteril. Periódicamente Roberto prepara un espectáculo de la índole y corte del que acaba de organizar para el Lírico, invirtiendo tiempo y dinero para montarlo y presentarlo con perfiles de novedad o de renovación, buscando material humano entre actores, autores, músicos, decoradores, figurinistas y sastres, y a la postre su nuevo espectáculo resulta como el anterior: un desfile de las figuras teatrales del momento, una exhibición de decorados vistosos, una repetición de temas sobados en lo que ambiciosamente se denomina libreto y una selección de los temas musicales más acreditados o de mayor popularidad en la época correspondiente al estreno del espectáculo en turno. No tiene la culpa Soto; su entusiasmo, su dinamismo, su afán de renovación de un género teatral en el que ha sido primera figura más de un cuarto de siglo se estrella, irremediablemente, contra la rutina, el mal gusto, la negligencia y la pereza de autores y compositores, y las dificultades, casi insuperables, con que tropieza todo empresario teatral en México. Esta vez, Soto se llevó para presentar su nuevo espectáculo, muy cerca de cuatro meses. Clausurado el teatro Lírico, que es el centro principal del género de revistas mexicanas, Soto decidió abrirlo con un espectáculo "de los suyos". Pero Soto, que es un hombre que ha ganado en el teatro varios millones de pesos, ha perdido en el teatro esos mismos millones que ha ganado y aun otros de socios ocasionales o de amigos generosos. No se toma a hipérbole esa danza de millones de los que Soto no pudo quedarse legítimamente con un peso de los de antes, o de los de ahora. El dinero del teatro, se lo lleva el teatro... Sin capital para montar el espectáculo en proyecto pero con el crédito que le abren su capacidad de animador teatral, su calidad como actor y su entusiasmo contagioso de hombre gordo y sano, empezó a buscar "ayudas" económicas de amigos y admiradores. Se le vio cerca de los gobernadores de San Luis Potosí y de Aguascalientes; se le vio aparecer en las últimas giras presidenciales, seguramente tratando de interesar para su espectáculo al presidente de la república, a sus ministros, a senadores y diputados, a altos funcionarios en general. De estas actividades regresaba Soto más optimista, anunciando que en su revista podrían figurar decorados de Diego Rivera, otros inspirados en cuadros de Saturnino Herrán, el malogrado pintor mexicano casi desconocido ahora; que se exhibirían telones fabricados con bastones de Apizaco, con deshilados de Aguascalientes, con rebozos potosinos de Santa María y con sarapes de Saltillo, de Oaxaca y de Santa Ana Chiautempan. Al regreso de su último encuentro con el presidente de la república en su natal Zacatecas, donde toreó para el primer magistrado y para el séquito presidencial, Soto anunció definitivamente que estaba dispuesto a secuestrar si era preciso a dos conocidos autores –Carlos M. Ortega y Francisco Benítez–, para que de una vez por todas le escribieran el libreto de su revista, que ya tenía título: Conozca a México. ¿Qué le cuesta?, porque sería su espectáculo una especie de viaje por el interior de la República para dar a conocer México a los mexicanos.

Sólo Talía sabe lo que habrá luchado Soto para dar cima a la organización de su espectáculo, que al fin pudo anunciar con la colaboración artística de la famosa cancionera mexicana Irma Vila y sus mariachis, inédita para el público de México, no obstante sus breves actuaciones en el club nocturno El Patio, y en el teatro Arbeu una noche cada vez, y de Josefina del Mar, Rosario Durcal, Dalia Iñiguez, Adelina Ramallo, Graciela Obregón, Eugenia de Llorca, Rebeca del Vivar, Alma Riva, Gloria Martí, Amada Ángeles, Diana del Moral, Bourdette Wilson, Irma Bonola, Eugenia de la Hera, Elvira Herrera, Fernando Soto "Mantequilla", Alfredo Pineda, Eduardo Solís, la pareja de baile Los Zea's, Óscar Ortiz de Pinedo, Rudy del Moral, Antonio Moreno Salazar, Gustavo Aponte, José Nava, Felipe del Castillo, y los conjuntos musicales Trío Janitzio, Los Cancioneros del Sur, grupo folklórico Nicolás Sosa, orquesta de cuerda Ruvalcaba. No se logró que Diego Rivera pintara algún decorado; éstos los organizaron Magín Banda y Mario Sánchez, quienes para algún telón utilizaron un bello cuadro de Herrán, el llamado La muchacha de la manzana. La partitura, "organizada" por el hábil maestro Federico Ruiz, revista musical mexicana de muchos y distintos tiempos y de diversos autores, apuntalados por el prestigio popular de Manuel M. Ponce y Agustín Lara. El libreto, para cuya composición hubo que secuestrar a los autores Ortega y Benítez, no existe; dos o tres tiradas de versos afortunados, tal cual sketch y las oportunidades que tiene Soto para improvisar no forman, en justicia, un libreto de revista, que empieza con ambiciones de novedad y que concluye como cualquiera de las mil y una de este género que se viene representando en México sin más novedad que el cambio de título, que, distinto siempre, ampara por costumbre y por inercia, idénticos motivos en los cuadros o para los desfiles de figuras que actúan delante de cortinas, que esta vez fueron sustituidas por telones construidos con bastones de Apizaco, sarapes o rebozos.

Roberto Soto, en la plenitud de su dinamismo y de su entusiasmo por este género, es, con su hijo Fernando "Mantequilla", el alma del espectáculo, el que animan con sus constantes intervenciones, y aun sin aparecer en escena, pero no logran evitar que una mala dirección escénica impida el lucimiento aislado de los muchos y algunos magníficos elementos que integran el numerosísimo elenco de este espectáculo, que sirve a maravilla de marco mexicanísimo al arte popular y muy personal de Irma Vila, la gran cancionera, orgullo de México y de la que todavía no se ha empezado a comentar lo mucho que vale, luce y brilla,