FICHA TÉCNICA



Título obra Ubú Rey

Autoría Alfred Jarry

Dirección Gábor Zsambéki

Elenco Laszló Sinkó, Juli Básti

Escenografía Csorsz Khell

Grupos y compañías El Teatro Katona Jozsef

Referencia Bruno Bert, “Pan y circo. Escenas llenas, plateas vacías”, en Tiempo Libre, 1 agosto 1991, p. 28.




Título obra María Estuardo

Autoría Denise Stoklos

Dirección Denise Stoklos

Elenco Denise Stoklos

Referencia Bruno Bert, “Pan y circo. Escenas llenas, plateas vacías”, en Tiempo Libre, 1 agosto 1991, p. 28.




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Referencia Electrónica


Teatro

Pan y circo
Escenas llenas, plateas vacías

Bruno Bert

Uno de los elementos que llaman la atención en el desarrollo de este Festival es la poca concurrencia de público, a pesar que las entradas no superan los precios habituales. Hasta ahora (aclaro que no he asistido a los estrenos) el promedio es de media sala, sea esta una grande como la Julio Castillo, o pequeña al estilo de la Benito Juárez. ¿A qué se deberá el fenómeno? Mientras lo meditamos pasemos a los comentarios sobre los espectáculos vistos esta semana.

UBU REY

Estamos cerca ya de celebrar el centenario del nacimiento del Padre Ubu, puesto que Jarry lo dio a la luz en 1896, con gran escándalo de sus contemporáneos y regocijo de la posteridad que ha transformado a toda la serie (Ubu en el disparadero, Ubu encadenado, Ubu cornudo y Ubu rey) en el caballito de batalla de todas las vanguardias y en material apetecible para cualquier director y país. De hecho en los últimos años pudimos ver el montaje realizado por Peter Brook y también el del grupo brasileño Ornitorrinco, sumándosele ahora esta versión húngara del Teatro Katona Jozsei de Budapest, bajo la dirección de Gaboir Zsambeki. No es una puesta nueva, ya que cuenta con siete años de existencia, prueba y experiencia, y al parecer uno de los factores que influyen en su calidad es la aportación colectiva que en ella hicieron sus participantes, amén lógicamente la que corresponde al director.

La compleja escenografía de Csorsz Khell, que supone en tono realista el interior de una gran sala en las entrañas de un sistema de cloacas, resulta muy atractiva y, por supuesto, cargada de obvios significados ideológicos en relación a la política manejada por la real pareja de los Ubu. Es una pena que, en el transcurso de las escenas no haya posibilidad de resignificarla y se recurra entonces lisa y llanamente a la negación, con simples cartelitos que indican como si estuviéramos en un espacio vacío— el lugar en donde supuestamente transcurre la acción, sea bosque, ruta o palacio. De todas maneras, el aparato escénico es suficientemente importante y pertinente como para que aún en los momentos que se transforma casi en un decorado no llegue a molestarnos. En esto influye, naturalmente, el corte muy dinámico de la dirección y el excelente desempeño de los actores, que no sólo funcionan como tales, sino que también asumen la tarea de músicos muy poco convencionales, construyendo una trampa sonora que contrapuntea textos y acciones con verdadera creatividad.

Naturalmente no faltan las alusiones a la realidad contemporánea húngara y su tradicional y conflictiva relación con los rusos, por ejemplo. La multiplicación de imágenes, la cantidad de gags, el sentido del humor sostenido sin recurrir a la simpleza y la calidad histriónica de los principales actores —Laszló Sinkó y Juli Básti en la pareja protagónica, sobre todo hacen, junto con la creatividad Zsambéki, de este Ubu Rey un ejemplo digno de tantos antecesores ilustres, indicándonos que Jarry parece conservar juventud más allá de su primer siglo de travesuras escénicas.

MARIA ESTUARDO

Se trata de un solo encarnado por una actriz brasileña a la que supongo también autora del texto y directora de su propio espectáculo. Digamos, una versión femenina del show. Me refiero a Denise Stoklos, con un trabajo que recibe por nombre María Estuardo, pero que en definitiva resulta un pretexto para el lucimiento de la intérprete y para desarrollar una visión crítica sobre la actual realidad de su país y de nuestro continente.

Su capacidad de atraer la mirada del espectador y además de sostenerla durante todo el trabajo es innegable, y para ello echa mano no sólo a su talento sino a toda una serie de técnicas que aplica al uso de la voz y al manejo del cuerpo que pueden reconocer muy distintas procedencias y que ella amalgama hasta lograr un estilo personal no exento de un cierto divismo, bastante natural en un solista, y sobre todo en un solista con talento, como es su caso. Y la llamábamos show-woman porque en realidad el espectáculo es ella misma, y tanto texto, acciones como narración están especialmente al servicio de esa personalidad que puede manejar en el escenario lo tierno o lo humorístico, pero también lo arbitrario, el lugar común y hasta el panfleto, según el caso y el humor, sabiendo que en definitiva le será perdonado en aras de sus cualidades y su capacidad para poner al público de su parte jugando incluso al peligro, teatralmente hablando, claro.

Por supuesto que no carece de habilidades como autora y directora, ya que de lo contrario echaría a perder lo mejor que tiene como actriz, pero hay una evidente complacencia de los dos primeros roles hacia el tercero y, al menos en lo personal, me gustaría verla contenida por otra dirección y otro autor para eliminar las impurezas de esa especie de vanidad enmarcando su capacidad expresiva con más rigor. Un espectáculo válido con una gran actriz de por medio.

El Teatro Katona Jozsef de Budapest en Ubu Rey, de Alfred Jarry, dirección Gábor Zsambéki (Fotografía Luis Fernando Moguel).